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La AIE acuerda liberar 400 millones de barriles en la mayor intervención de reservas de petróleo de la historia

El objetivo es frenar la subida de los precios del crudo ante la guerra en Oriente Próximo

Vista aérea de un depósito de almacenamiento de petróleo a lo largo del río Támesis en Londres (Reino Unido), el martes.Dan Kitwood (Getty Images)

El conflicto en Oriente Próximo ha convertido al petróleo en una pieza central de la geopolítica mundial y las economías avanzadas han activado su red de seguridad energética. La Agencia Internacional de la Energía (AIE), el organismo que coordina las reservas estratégicas de petróleo de 32 países industrializados, ha acordado de manera unánime liberar 400 millones de barriles para evitar que una crisis energética se traslade a la economía global. Este movimiento supone la mayor liberación coordinada de reservas en su historia.

El cierre del estrecho de Ormuz ha provocado que cada día se pierda una quinta parte del crudo que consume el mundo, lo que ha disparado el precio del barril ante la previsión de un contexto de escasez y ha llevado a los países miembros de la AIE a echar mano de una medida de urgencia. “Los desafíos a los que nos enfrentamos en el mercado petrolero son de una escala sin precedentes por lo que me alegra mucho que los países miembros hayan respondido con una acción colectiva de emergencia ”, ha declarado el miércoles el director ejecutivo de la AIE, Fatih Birol, para justificar la decisión.

España y Japón ya han anunciado la decisión de sumarse a la liberación de una parte de sus reservas estratégicas. La vicepresidenta tercera del Gobierno y ministra para la Transición Ecológica y para el Reto Demográfico, Sara Aagesen, ha explicado que España aportará el equivalente a 12 días. Por su parte, la primera ministra japonesa Sanae Takaichi ha mostrado su disposición a liberar reservas en manos privadas equivalentes a 15 días y hasta un mes de las reservas estatales, unos 80 millones de barriles. Alemania ha declarado tener listos 19,5 millones de barriles para liberar, y el Reino Unido otros 13,5 millones. Estados Unidos no ha dado una cifra, pero el secretario de Interior, Doug Burgum, ha expresado que en momentos como este es para los que se acumulan las reservas.

El plan de la AIE, adelantado por el diario The Wall Street Journal, contempla inyectar petróleo en el mercado durante al menos dos meses con el objetivo de compensar parte de la interrupción del suministro y frenar la volatilidad de los precios. Por dar una idea de lo que supone, la cifra supera ampliamente el precedente más reciente: los 182 millones de barriles que los países integrantes de la agencia liberaron en dos fases en 2022 tras la invasión rusa de Ucrania.

“Se trata de una medida importante, diseñada para aliviar los efectos inmediatos en los mercados. Sin embargo, lo más importante sigue siendo restablecer los flujos normales de petróleo mediante la reapertura segura del estrecho de Ormuz. En este contexto, la AIE continuará monitoreando activamente la situación de los mercados y, si es necesario, emitirá recomendaciones adicionales para garantizar la estabilidad energética global”, ha continuado Birol.

En cualquier caso, la AIE aún debe concretar cómo y a qué ritmo se pondrán las reservas en el mercado. Algunos analistas advierten de que más importante que el volumen total anunciado es la velocidad a la que se liberen los barriles. Un primer cálculo apunta a que, si se sacaran 100 millones de barriles durante el próximo mes, el flujo sería de unos 3,3 millones diarios. Es una cantidad relativamente limitada si se compara con el impacto del cierre del estrecho de Ormuz, que bloquea alrededor de 20 millones de barriles al día.

Las liberaciones coordinadas de reservas estratégicas son un instrumento utilizado con poca frecuencia. Desde la creación de la AIE en 1974, solo se ha recurrido a una iniciativa similar en cinco ocasiones: durante la primera Guerra del Golfo en 1991, tras los huracanes Katrina y Rita en 2005, durante la crisis libia de 2011 y en dos momentos distintos en 2022 tras el inicio de la guerra en Ucrania.

En el momento actual, los mercados energéticos afrontan una de las mayores perturbaciones de las últimas décadas. El estrecho de Ormuz, una angosta vía marítima que conecta el Golfo Pérsico con los mercados internacionales, es una arteria clave del comercio energético mundial. Por ese paso transitan habitualmente unos 20 millones de barriles diarios de petróleo y derivados. Los ataques a petroleros, el aumento del riesgo para la navegación y la retirada de coberturas por parte de las aseguradoras han paralizado en gran medida el tráfico marítimo en la zona. Como consecuencia, millones de barriles permanecen bloqueados en buques que no pueden cruzar el estrecho.

El repunte de la tensión ha tenido un impacto inmediato en los mercados. El precio del barril ha llegado a rozar los 120 dólares para moderarse en las últimas sesiones. Este miércoles, el petróleo brent, de referencia en Europa, se negocia a un precio cercano a 92 dólares el barril. Aun así, los combustibles refinados siguen registrando fuertes subidas, lo que aumenta el riesgo de que la crisis energética termine trasladándose a la inflación y a la actividad económica. El cierre del estrecho de Ormuz no solo afecta al petróleo, sino también a los combustibles derivados que utilizan el transporte, la industria y la aviación y a todo tipo de mercancías que circulan por esta ruta.

“Las operaciones de las refinerías se han visto interrumpidas, con importantes consecuencias para el suministro de combustibles para aviación e industria”, ha alertado Fatih Birol.

La AIE fue creada en 1974, tras el embargo petrolero impuesto por varios países árabes a las economías occidentales. El organismo se diseñó precisamente para coordinar la respuesta de los países industrializados ante crisis de suministro como la actual. Una de sus principales herramientas es el sistema de reservas estratégicas de petróleo. Los países miembros están obligados a mantener existencias equivalentes al menos a 90 días de sus importaciones netas de crudo. Estas reservas pueden estar almacenadas en depósitos públicos o en instalaciones de la industria petrolera, pero deben poder ponerse en el mercado con rapidez en caso de emergencia.

En conjunto, los miembros de la AIE cuentan con alrededor de 1.200 millones de barriles en reservas públicas de emergencia. Esta capacidad de almacenamiento permite compensar temporalmente una interrupción importante del suministro mientras se reorganizan las rutas comerciales y se restablece el flujo normal de petróleo.

El acuerdo implica la liberación de petróleo de forma coordinada desde los almacenes estratégicos de los distintos países miembros. El volumen total, los citados 400 millones de barriles, se distribuiría entre las economías participantes en función de sus reservas y su peso en el sistema energético internacional. Según los datos actualizados a febrero por la propia AIE, España cuenta con existencias de petróleo que le permitirán contar con 105 días de autonomía; Estados Unidos aglutina un abastecimiento para resistir 125 días; Japón tiene almacenado petróleo para 195 días y Corea para aguantar 206 días sin recibir nuevos suministros.

En cualquier caso, hay que tener en cuenta que la función de la liberación de reservas estratégicas no es sustituir el suministro global de petróleo a largo plazo, algo imposible con las reservas existentes, sino estabilizar el mercado en momentos de elevada tensión. Al elevar temporalmente la oferta disponible, los gobiernos intentan frenar las subidas bruscas de precios y ganar tiempo para que el sistema energético mundial se adapte a la nueva situación.

Además, las liberaciones anteriores de reservas estratégicas no siempre han tenido el impacto deseado. Las dos liberaciones de 2022 provocaron inicialmente un aumento de los precios del petróleo, ya que los mercados las interpretaron como una señal de que la crisis era peor de lo previsto, antes de finalmente contribuir a la baja de los precios.

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