El olivo entra en el ‘arca de Noé’ de las semillas para garantizar su conservación frente a catástrofes
La Bóveda Global de Semillas, ubicada en el archipiélago noruego de Svalbard, almacenará muestras de este cultivo recolectadas por universidades españolas

El olivo figura desde este viernes en lo que se conoce como el arca de Noé de las semillas, una especie de almacén a gran escala situado en la isla noruega de Svalbard para garantizar la producción de alimentos en caso de catástrofe. La Bóveda Global de Semillas, el mayor emplazamiento de conservación de material genético de cultivos, acoge 1.000 muestras de olivo recolectadas por la Universidad de Córdoba y de Granada. Esta instalación, hecha de paredes de hormigón de un metro de grosor y enterrada a 120 metros en el interior de una montaña helada en el archipiélago noruego de Svalbard (en el ámbito del Ártico, a unos 2.000 kilómetros de Oslo), está preparada para resistir desastres naturales, conflictos bélicos y los efectos del cambio climático. En su interior, la temperatura es de -18ºC y puede seguir funcionando si sus sistemas eléctricos fallan, gracias al permafrost natural del Ártico. Actualmente, alberga 1,37 millones de granos de más de 6.500 plantas de todo el mundo para alimentar a la humanidad en un hipotético futuro inhóspito.
Este proyecto, según el director ejecutivo adjunto del Consejo Oleícola Internacional (COI), Abderraouf Laajimi, tiene como objetivo “garantizar que la humanidad pueda seguir alimentándose en el futuro con la mejor grasa vegetal, que es el aceite de oliva”. Este responsable, doctor en Economía Aplicada por la Universidad de Zaragoza, valora que esa aportación “permitirá la conservación de la diversidad genética del olivo”. Concepción Muñoz, profesora titular del departamento de Agronomía de la Universidad de Córdoba y que ha participado en el proyecto, argumenta: “Sin variabilidad genética no es posible desarrollar nuevas variedades capaces de adaptarse a los desafíos actuales”, como el cambio climático.
Además de las dos universidades españolas y el COI, en la iniciativa han participado el Ministerio de Agricultura, el Instituto Nacional de Investigación y Tecnología Agraria y Alimentaria (INIA-CSIC), el Centro de Recursos Fitogenéticos (CRF) y la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO). Para el ministerio que dirige Luis Planas, el ingreso del olivo constituye “la salvaguarda de este patrimonio fitogenético en favor de las generaciones venideras”. En eso mismo coincide Laajimi y añade que este proyecto permitirá “cumplir con los o bjetivos de desarrollo sostenible” de la ONU, ya que “apuesta por la resiliencia de los sistemas agrícolas y es una contribución para la seguridad alimentaria en el futuro.”
La delegación española encargada de realizar la entrega oficial de las semillas no ha podido llegar al completo a Svalbard debido a una tormenta de nieve. Aun así, este viernes las semillas serán sido depositadas en la Bóveda, donde dentro de 10 años serán revisadas para determinar si mantienen su capacidad de germinación. En caso contrario, tendrán que ser reemplazadas.
“Minucioso” procedimiento
Hasta llegar a Svalbard, se ha seguido un “minucioso procedimiento científico”, relata Laajimi. Primero, se ha tenido que realizar una selección de las semillas para poder garantizar la biodiversidad del material depositado y para que mantenga su capacidad de germinación. Así, señala Pablo Morello, responsable del Banco de Germoplasma de la UCO en Córdoba —de donde se han extraído casi la mitad de los ejemplares que se van a depositar en Svalbard—, “han sido escogidas por ser las más producidas y distribuidas en el mundo”. Los frutos recogidos en la colección de Córdoba provienen en su origen de variedades autóctonas de diferentes países miembros del COI, como Albania, Argelia, España, Francia, Grecia, Italia, Marruecos, Siria, Túnez o Turquía. La otra mitad pertenecen a cuatro linajes españoles de ejemplares silvestres y fueron recolectados por la Universidad de Granada. Esta primera parte del proceso se hizo entre octubre y noviembre de 2024.

Tras esta recolección, los frutos fueron procesados durante varios meses en un laboratorio siguiendo unas pautas diseñadas por un grupo de investigadores de la Universidad de Granada. Tras extraer el hueso de cada aceituna , se liberó la semilla que se encuentra en su interior. Posteriormente, se conservaron en recipientes herméticos a -18ºC, en las mismas condiciones que tendrán en Svalbard y se conservaron en instalaciones seguras. Finalmente, fueron enviadas en cajas especiales mediante transporte terrestre y aéreo.
Todo este proceso, destaca Morello, sirve para que “exista un conjunto genético con buenas propiedades para recuperar en el futuro si es necesario”. En el caso concreto de las especies silvestres de olivo, “es importante que si en algún momento un bosque de ese estilo desaparece se pueda recurrir a sus semillas y repoblar una zona que ha sido devastada lo antes posible”. El director ejecutivo adjunto del COI señala que la consecución de este proyecto “es fruto de una colaboración multilateral positiva con diversas instituciones españolas” que va a permitir “conservar este cultivo tanto en sus variedades tradicionales como silvestres”.
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