Los peruanos ganan presencia en el mercado laboral español: “Vayas donde vayas hay un restaurante”
El colectivo es uno de los que más crecen en los últimos años. Suma ya 100.000 afiliados a la Seguridad Social, con especial peso en la hostelería y mayor concentración en Madrid

La comunidad laboral latinoamericana es la que más crece en España en los últimos años, hasta superar el millón de afiliados a la Seguridad Social en 2025. Al desagregar por países, los que más titulares copan son Colombia, el país con más volumen de trabajadores, y Venezuela, el que más empleos nuevos aportó el año pasado. La tercera comunidad con más presencia capta menos atención, pero mes a mes gana importancia en el mercado laboral español. Son los peruanos, que rondan las 100.000 afiliaciones a la Seguridad Social desde finales del año pasado. Es el nivel más alto desde que hay registros.
El embajador de Perú en España, Luis Iberico, cree que esa cifra “refleja la consolidación de la comunidad peruana como parte activa del mercado laboral español”. Opina que España “ofrece una combinación particularmente atractiva” a los trabajadores peruanos. Entre esos elementos menciona: “Una afinidad cultural y lingüística fruto de siglos de historia compartida; un marco normativo que facilita en mayor medida la regularización y la inserción laboral en comparación con otros países europeos; redes comunitarias ya consolidadas; y una demanda sostenida de trabajadores en diversos sectores”.
En el último año, la comunidad laboral peruana ha crecido un 15,6%, el segundo mayor impulso entre los 10 países con más trabajadores en España. Solo le supera Venezuela, con un 19,7%. El crecimiento se produce en un contexto de crisis política prolongada en Perú (el país ha tenido ocho presidentes desde 2016) y que se ha agravado en las últimas semanas. El nuevo presidente, José María Balcázar, reemplazó hace pocos días al recién destituido José Jerí.
Mónica Monguí, doctora en Sociología e investigadora de la Universidad Complutense de Madrid especialista en migraciones, apunta a otros motivos. “Desde Perú, la migración se ha consolidado como una estrategia familiar de movilidad social ante un mercado laboral que, a pesar de registrar etapas de crecimiento macroeconómico en las últimas décadas, mantiene elevados niveles de informalidad, salarios insuficientes y fuertes brechas territoriales”, indica esta académica. Aunque el país creció un 3,4% el año pasado, el 27,6% de la población peruana es pobre.
“Todo ello”, continúa Monguí, “configura una sensación extendida de bloqueo de expectativas que no garantiza mejoras reales en las condiciones de vida. Ese bloqueo se ve reforzado por el desgaste de servicios públicos esenciales como la salud y la educación, sumado por una prolongada inestabilidad política”. Esta especialista también alude a “la percepción creciente de inseguridad y deterioro del clima social, especialmente entre sectores urbanos y jóvenes, lo cual ha intensificado la sensación de vulnerabilidad cotidiana”.
“Se nota que somos más”
Max Álvarez, trabajador peruano de 62 años, llegó a España en 1989. Vive en Guadalajara, donde gestiona una empresa de transporte. También es el presidente de la asociación de peruanos de la ciudad. “Cuando llegué, la comunidad peruana era insignificante, pero ahora se nota que somos muchos más. Solo tienes que ver la gastronomía. Vayas donde vayas das con un restaurante peruano”. Antes vivía en la limítrofe Comunidad de Madrid, el territorio que reúne al 37% de los afiliados peruanos, según datos provistos por la Seguridad Social a este periódico.
La mayoría de latinos se agrupan principalmente en Madrid, pero no con tanta intensidad como los peruanos. “Madrid concentra un mayor número de oportunidades de empleo, una economía diversificada, mejores conexiones de transporte y una amplia red de apoyo comunitario”, opina el embajador peruano. Monguí añade que “la población peruana se ha concentrado mayoritariamente en grandes ciudades como Madrid y no tanto en sectores agrarios o de construcción como ocurrió con otras comunidades latinoamericanas durante los años 2000″.
Por sectores, el más importante para los peruanos es la hostelería. Un 17% de los afiliados se dedican a esta actividad, aunque es un peso bastante inferior al de las otras dos principales comunidades latinas: el 21% de los colombianos trabaja en bares y restaurantes, como el 24% de los venezolanos. Por contra, los peruanos son más en el empleo doméstico (9%) y en sanidad y servicios sociales (8%), las dos áreas que reúnen a los trabajadores que se dedican a los cuidados.
Ese es el oficio de Omar Enrique, peruano de 35 años y residente en Bilbao. “Llegué en 2022 con mi esposa y mis tres hijos. Me gustaba mi trabajo allí (estudio de mecánica de suelo), pero el futuro educativo para mis hijos era pésimo. Como padre, quería darles las mejores oportunidades”. Ha trabajado en supermercados, en residencias y ahora cuida, como su mujer, a mayores dependientes en sus casas. “Los hijos de esas personas tienen que trabajar también y nosotros nos encargamos de cuidarlos”. Asegura que es un trabajo “complicado”, pero que a la vez le resulta muy gratificante “ayudar”.
Enrique trabaja en b, sin permiso de trabajo, tras sufrir varias trabas burocráticas. Ahora está pendiente de la regularización masiva anunciada por el Gobierno, a la que espera acceder tras cuatro años viviendo en España. “Emigrar siempre es más duro de lo que parece. Sabía que iba a ser difícil, pero no tanto. Hubo una semana que la pasamos en la calle”, relata.
En línea con la situación de Enrique y su esposa, Monguí sostiene que “el mercado español mantiene una demanda sostenida de mano de obra en actividades esenciales para el sostenimiento cotidiano, principalmente en el trabajo del hogar y los cuidados, la hostelería, el comercio y otros servicios urbanos, ámbitos con condiciones poco atractivas para buena parte de la población local”. Indica que son empleos “marcados por la precariedad y baja protección social”, pero que permiten “ingresos continuos y procesos de regularización que muchas familias consideran alcanzables en España”.
Monguí subraya el peso específico de los cuidados, “organizados en torno a la contratación privada de los hogares para atender a personas mayores, un modelo que se ha apoyado durante años en trabajadoras migrantes y que explica por qué buena parte del crecimiento peruano tiene un componente femenino visible”. Ellas son el 47% de la mano de obra peruana en España, con especial presencia en los cuidados (93% en empleo doméstico y 84% en actividades sanitarias y de servicios sociales), pero también en algunos sectores de alto valor añadido, como las actividades financieras (70%) o la educación (67%).
Actividades cualificadas
Otros peruanos trabajan en esas actividades de mayor cualificación, como Pamela Fabiola Menéndez. Es investigadora en la Facultad de Trabajo Social de la Universidad Complutense de Madrid y autora de la tesis doctoral Transición escuela-trabajo del alumnado de estudios postobligatorios de origen peruano en Madrid. Asegura que su experiencia como empleada en España ha sido “de mucho sacrificio”. Y añade: “Sin embargo, considero que ha sido amable a diferencia de muchos de mis colegas peruanos”.
Cree que para los peruanos es “sumamente complicado” acceder a los empleos mejor remunerados. “A menudo, la experiencia laboral en nuestro país de origen no se valora y te ves obligado a empezar de cero. A esto se suma la barrera administrativa: el tránsito de la autorización de estancia por estudios a la de residencia y trabajo es un proceso largo y burocrático que genera un desgaste emocional muy profundo”, critica Menéndez.
Monguí dice que la población peruana en España “muestra niveles educativos medios y altos dentro del conjunto latinoamericano, lo que explica la presencia de titulaciones técnicas y universitarias, incluso en empleos que no requieren esa cualificación”. Añade que la sobrecualificación no es única en migrantes de América Latina, “pero sí es más marcada en el caso peruano, y ha favorecido una movilidad laboral interna progresiva desde el sector del trabajo del hogar y cuidados hacia comercio, administración, logística o servicios empresariales”. Iberico precisa que en el perfil del trabajador peruano “predominan personas jóvenes o de mediana edad, en plena etapa laboral activa y con niveles educativos medios o medio-altos”.
El problema de las homologaciones y de la sobrecualificación también es denunciado por Riquelme Román (46 años), presidente de la Asociación de Peruanos Residentes en Extremadura. “Llegué a Madrid muy joven, como tantos otros, porque tenía familia allí. Trabajé de todo, aunque soy periodista”. Se abrió camino como carpintero, oficio que le llevó hasta Cáceres. “Quería irme de Madrid porque lo veía saturado. En cuanto tuve la oportunidad la aproveché y aquí llevo muchos años”. Ha trabajado en medios regionales y ahora combina su empleo como carpintero con la comunicación audiovisual.
“Es muy difícil que te den la oportunidad. Hay muchas limitaciones cuando vienes de fuera”, añade, antes de precisar que, en su opinión, “merece la pena intentarlo”. “Conozco peruanos que trabajan en pueblos de Extremadura, con mucho esfuerzo y aportando mucho a esas poblaciones. Nuestra mentalidad es lanzarnos. No pensamos me quedo aquí, esto está muy lejos, es muy difícil. Vamos a por ello”, finaliza Román.
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