Estados Unidos dispara el déficit comercial de bienes a su nivel máximo a pesar de los aranceles
El saldo comercial apenas mejora un 0,2% pese al cambio del paradigma impulsado por Trump


Donald Trump no es bueno con los números pese a que el sobrenombre de hombre de negocios le acompaña desde bien joven. Acostumbra a presumir de que el precio de algunos productos se ha reducido más de un 100% bajo su mandato, algo que es matemáticamente imposible. Este miércoles por la noche aseguró que el déficit comercial de Estados Unidos se redujo un 78% gracias a los aranceles. Aunque no especificó fecha y no se sabe exactamente a qué periodo se refiere, parece haberse tropezado otra vez con los cálculos.
Los datos oficiales de la Oficina de Análisis Económico publicados este jueves a primera hora revelan que el saldo comercial solo mejoró un 0,2% durante el año pasado, hasta los 901.469 millones de dólares, el equivalente a unos 766.500 millones de euros, uno de los mayores desde los años sesenta del siglo pasado.
La propaganda arancelaria de Trump no parece haber solucionado aún el problema que buscaba subsanar, aunque es cierto que desde que se aprobaron en abril se percibe una ligera moderación del saldo comercial en comparación con 2024, pero muy lejos aún de las cifras de hace tres años.
El saldo comercial está formado por el déficit del comercio de bienes, que el año pasado alcanzó un máximo de 1,241 billones, un 2,1% más —el mayor de la historia para Estados Unidos—; y un superávit de servicios, 339.472 millones, lo que supone un incremento de casi el 9%.
El aumento de las exportaciones se produjo sobre todo por el tirón de las ventas de bienes de capital a otros países como computadoras, microprocesadores, aviones civiles y sus motores, así como suministros y materiales industriales. También aumentaron las ventas al exterior de preparados farmacéuticos. Por su parte, las ventas de coches, sus partes y motores disminuyeron pese a los aranceles.
Respecto a las compras de bienes al exterior destacaron el auge de las computadoras y sus accesorios, lo que evidencia las relaciones cruzadas entre fabricantes y vendedores en Estados Unidos. La estadística refleja que también se adquirieron más equipos de telecomunicaciones, así como suministros y materiales industriales.
El comercio internacional de Estados Unidos estuvo muy marcado el año pasado por la guerra arancelaria desatada por Donald Trump. En abril anunció, con cierta teatralidad, mostrando un cartel al mundo, gravámenes comerciales indiscriminados a todo el planeta. Desde entonces, su política arancelaria ha sido errática y repleta de vaivenes. Ha modulado las tasas comerciales en función de intereses políticos, amenazas de otras potencias como China, y, en general los ha reducido, desde el anuncio inicial.
Antes de los anuncios arancelarios de 2025, la tasa arancelaria efectiva promedio en Estados Unidos era del 2,7%. Después de los sucesivos anuncios del mandatario republicano la tasa comercial se elevó hasta cerca del 14,5%, la más alta desde los años treinta del siglo pasado.
De momento no hay forma de saber de dónde se sacó Trump la caída del 78% ni cuál fue el impacto real de los aranceles en el comercio. “El déficit comercial de Estados Unidos se ha reducido en un 78% debido a los aranceles impuestos a otras empresas y países. Llegará a territorio positivo durante este año, por primera vez en muchas décadas”, escribió a través de redes sociales.
Lo que dicen los datos oficiales es que “las exportaciones aumentaron en 199.800 millones, lo que supone un alza del 6,2%. Y las importaciones aumentaron en 197.800 millones, o un incremento del 4,8%”, según la oficina estadística dependiente del Departamento de Comercio. En resumen, el año de los aranceles, los empresarios estadounidenses volvieron a aumentar las compras en el exterior en una cuantía similar a la de las ventas al extranjero.
La tesis no cambia ni escogiendo los meses más favorables para sus intereses. El saldo comercial entre abril y diciembre del año pasado es un 26% inferior al del mismo periodo de 2024. Son los meses en los que los aranceles ya entraron en vigor. Y es cierto que se nota una paulatina mejora del saldo comercial desde entonces, pero muy lejana de lo difundido por el presidente estadounidense.
La estadística comercial refleja una tremenda volatilidad mensual como consecuencia de la cambiante política del inquilino de la Casa Blanca. Las empresas estadounidenses reaccionaron a los sucesivos anuncios de subidas y bajadas de gravámenes aumentando o reduciendo sus stocks de mercancías para tratar de adaptarse a la nueva situación.
En diciembre, por ejemplo, el déficit comercial aumentó un 33% respecto al mes anterior hasta alcanzar los 70.311 millones de dólares. Sin embargo, supone una reducción del 27% respecto al mismo mes del año precedente.
El déficit de diciembre reflejó un aumento del 3,6% en el valor de las importaciones. Las exportaciones de bienes y servicios disminuyeron un 1,7%.
Los datos de comercio exterior afectados por los aranceles se publican cuando el Tribunal Supremo de Estados Unidos está a un paso de dictaminar su opinión sobre la legalidad de estos gravámenes comerciales. Se espera que en los próximos días se pronuncie sobre si la vía escogida por Trump para aprobarlos, la ley de emergencias de 1978, es adecuada para sacar adelante los llamados aranceles recíprocos, para evitar el control del Congreso.
La estadística se conoce una semana después de que la Reserva Federal de Nueva York difundiera un estudio sobre el impacto de los aranceles. En su informe concluye que casi el 90% de la carga económica de esos gravámenes en 2025 fue soportada por las empresas y los consumidores estadounidenses.
Los investigadores calculan que alrededor del 94% de los costes arancelarios se trasladaron a las empresas y consumidores estadounidenses durante los primeros ocho meses del año. “Nuestros resultados muestran que la mayor parte de la incidencia arancelaria sigue recayendo sobre las empresas y los consumidores estadounidenses”, escribieron los autores, Mary Amiti, Chris Flanagan, Sebastian Heise y David E. Weinstein.
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