La renovada imagen del Real Madrid
No fue titular Trent Alexander-Arnold por una impuntualidad en un entrenamiento. Está cuajando esta servidumbre al populismo


En el momento en que Federico Santiago Valverde Dipetta sacó partido de un despeje que le dejó el balón franco en el área del Atlético, se aprecia en la grabación a Vinicius, a su costado, retrocediendo con cautela para esfumarse, efectuando un ademán de “tú, tú”. Teniendo la opción de postularse para anotar a arco libre, Vinicius notó tal prodigio en el vigor y la firmeza de Valverde que asimiló que la opción ideal era retirarse de la trayectoria. Es probable que incluso le provocara pavor. En este tramo de la campaña, si el uruguayo despega como un convoy de suministros, conviene que se oculten incluso sus aliados. Persiguió por su cuenta la segunda diana y se hizo con una pelota perralleiro que estampó en las mallas. Y en medio de aquello, cuajando una actuación soberbia, cuando corría el 76 el juez lo envió al vestuario con una de esas expulsiones que se dictan cuando no se sabe qué se porta en el pantalón. Si llega a enseñarle el cobro de la energía, le exige que se lo sufrague.
El Atleti se había adelantado con un golazo que tuvo de protagonista a Giuliano Simeone. Siempre hay un jugador hosco, resistente, de tremendos pulmones y lucha y cancherismo, no hecho para jugadas dulces, que de repente en medio de un partido se destapa con una sutileza fuera de lo común. Como ese amigo avaro que de golpe, una tarde, se pone espléndido y después de pagar la cuenta, compra el restaurante. Así el taconazo acolchado de Simeone, que prolongó un balón de espaldas en medio del área para que Lookman matase a Lunin. Fue un gesto casi de coquetería de Simeone, un jugador al que no esperabas verlo con el violín. Y le partió el violín al Madrid en el marcador.
El inicio de la recuperación madridista fue obra de un antiguo integrante del Atlético, Brahim Díaz. Nuevamente su agilidad creativa, un futbolista inclasificable, uno de esos talentos singulares que cualquier equipo de élite requiere, si no para el once inicial, al menos como recurso brillante. Comenzó a caerse en la zona de castigo Brahim tal como sucedió cuando se lastimó brevemente el tobillo en Champions durante el derby de hace un par de temporadas, provocando una pena máxima que transformó Vinicius.
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— Movistar Plus+ Deportes (@MPlusDeportes) March 22, 2026
El golazo de la noche lo hizo Nahuel Molina: da hasta gusto ver cómo controla la pelota adelantándola para disparar, y la cara que pone cuando golpea. Millones de niños crecen soñando marcar un gol así.
No fue titular Trent Alexander-Arnold por una impuntualidad en un entrenamiento. Está cuajando esta servidumbre al populismo que al parecer ya funciona con éxito en el Barcelona con Flick. Allí se ha quedado sin jugar en algún momento de esta temporada Koundé (nunca Lamal o Pedri, por puntuales y por lo que sea también) y en Madrid, de la mano de Arbeloa, ha jugado Carvajal por saber Dios qué impuntualidad de Arnold, igual era hora punta en el metro. Se supone que cuantos menos minutos haya tardado, más imagen de severidad y exigencia da el entrenador que toma la medida. Severidad y exigencia con cuestiones personales que acarrea que no haya tanta con cuestiones de táctica y juego, sometidas a un atasco, un despiste o cualquier tontería que puede provocar un retraso.
Salió Trent Alexander Arnold en la segunda parte y abrió el tercer gol con una pequeña cabalgada rompelíneas que encendió a los dos delanteros. Mbappé arrastró a la defensa (por fin) y se abrió hueco para Vinicius, que bailó la pelota hasta la portería. Seguro que pudo hacer más el defensa y el portero; seguro que, haciendo más, Vinicius hubiera hecho lo mismo y conseguido el gol. Está dotado el brasileño de la punta de velocidad que descomprime la imaginación. Da igual que sepas lo que va a hacer: no puedes evitarlo.
Por cierto: el novato Arbeloa, tan sospechoso para los que lo están esperando con la guadaña, ya se ha levantado, y no quedándose quieto precisamente sino innovando y metiendo mano, a Mourinho, Guardiola y Simeone. Ha reinventado al Madrid en un momento delicado y finísimo que, a falta de saber cómo acaba, al menos ha puesto a la afición inquieta, agitada, expectante.
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