La salida del Barcelona deja a la Superliga al borde de la disolución
Los clubes que desertaron aseguran que la European Superleague Company está abocada a su extinción por quedar sin su objeto social al permanecer solo el Real Madrid
El FC Barcelona se ha bajado del carro y ha dejado a la Superliga herida de muerte. La renuncia al proyecto impulsado por Florentino Pérez y su socio y homólogo Joan Laporta, anunciada por el club azulgrana mediante un escueto comunicado el pasado sábado, aboca a la disolución de la European Super League Company SL (ESL). Una sociedad creada el 4 de marzo de 2021 por 12 clubes que respaldaron la exclusiva y cerrada competición europea al margen de la UEFA. Posteriormente, ante el rechazo de la opinión pública y muy especialmente de los aficionados, generado por la ausencia del mérito deportivo para formar parte del rupturista proyecto, la Superliga viró hacia un formato más abierto que tampoco ha cuajado. Y el Madrid se ha quedado solo.
Los seis equipos ingleses (Manchester City, United, Liverpool, Chelsea, Tottenham y Arsenal), los tres italianos (Inter, Milan y Juventus), el Atlético de Madrid y ahora el Barcelona han expresado públicamente que ya no desean formar parte de la Superliga. Solo queda el Real Madrid, símbolo de la resistencia entre la docena de clubes fundadores. El club blanco, de momento, guarda silencio. Fuentes de las entidades que han renunciado a esa idea impulsada por el presidente Florentino Pérez aseguran a Papallones que al descolgarse 11 de los 12 miembros de la sociedad, esta pierde el objeto social para el que fue creada. Y debería disolverse.
Salvo acuerdo de última hora, todo apunta a otra encarnizada batalla legal, pues la renuncia de los clubes debe formalizarse más allá de su mero anuncio público.
Durante estos años, varios clubes han tratado de salir de manera efectiva de la sociedad constituida para organizar la Superliga, ESL. Los ingleses lo han intentado en varias ocasiones, pero las condiciones del contrato fundacional lo han impedido. El pacto firmado el 17 de abril de 2021 es confidencial, pero la Juventus, que es una sociedad cotizada y pese a querer dejarlo sigue como accionista de ESL, ha ido aportando detalles en documentos destinados al mercado.
En el folleto de la ampliación de capital que publicó en marzo de 2024, en el que describió la primera gran tentativa de fuga, entre el 20 de abril y el 5 de mayo de 2021, de los seis clubes ingleses, el Atlético y el Inter, relata que emprendieron “iniciativas formales” para intentar “retirarse” o “declarar extinguido el acuerdo”. No lo consiguieron: “La Juventus, el Real Madrid y el FC Barcelona cuestionaron la validez y eficacia de los argumentos y las iniciativas emprendidas por esos clubes”.
La propia Juventus se topó con las restricciones del contrato cuando cambió de postura dos años después. El 6 de junio de 2023 anunció que había empezado a negociar con el Madrid y con el Barça para abandonar el proyecto. El 13 de julio inició el proceso formal de salida, después de reconocer que para que tuviera efecto necesitaba el “consentimiento previo de los demás clubes implicados en el proyecto de la Superliga”. Y aporta otro detalle sobre el contrato: “El acuerdo no establece sanciones específicas ni indemnizaciones en caso de retirada sin el consentimiento de las otras partes, pero se entiende que sin el consentimiento de las otras partes, la retirada carece de efectos”. De hecho, la Juventus reconoce en sus últimas cuentas, presentadas en noviembre del año pasado, que sigue formando parte de la compañía ESL, de la que tiene acciones por valor de dos millones de euros, que suponen el 10% de la empresa. Se trata de la misma cifra que recogió el Barça en sus cuentas de la temporada 2023-24. En ese mismo informe, la Juve recuerda que en 2023 pidió salir a todos los clubes fundadores, pero que “hasta la fecha, el Barcelona y el Real Madrid no han dado su consentimiento a la retirada”.
Tanto en el Real Madrid como en A22, la empresa promotora encargada de diseñar y lanzar la Superliga, ha sorprendido el anuncio de salida del Barcelona al considerar que el club renuncia a posibles indemnizaciones multimillonarias de la UEFA. El ya candidato a la presidencia del Barça, Joan Laporta, ordenó el anuncio de abandono del proyecto solo dos días antes de comenzar el proceso electoral en el Barça. Laporta se ha ido acercando paulatinamente a la UEFA y a la European Football Clubes (EFC), antes denominada European Clubes Association (ECA), a la vez que el Real Madrid sacaba los tanques por el caso Negreira.
El fallo de la Audiencia Provincial de Madrid que desestimaba los recursos de apelación de la UEFA, LaLiga y la Real Federación Española de Fútbol contra la sentencia del Juzgado de la Mercantil número 17 dio pie al anuncio de la demanda por parte del Real Madrid y A22. Este falló que la FIFA y la UEFA habían “abusado de su posición de dominio” al impedir la creación de la Superliga. En su fundamento de derecho 33 se lee: “El daño que da pie al litigio se deriva de los obstáculos con que ESL [Superliga] se ha encontrado para dar inicio a la actividad para la que, según se hace ver en la demanda, se constituyó”.
Fuentes próximas al proceso aseguran que la UEFA ha presentado recurso de casación ante el Tribunal Supremo, lo que impide que la demanda sea efectiva hasta que no haya una sentencia firme. Estas mismas fuentes estiman que el Supremo puede tardar entre dos y tres años en decidir si admite o no el recurso. En el peor de los casos para la UEFA, si su recurso no prosperara, se iniciaría el proceso de la demanda de A22 y el Madrid por daños y perjuicios, que también se prolongaría unos cuantos años si pasa por todas las instancias.
La disputa se encuentra en estos momentos en el proceso MASC (medios adecuados de solución de controversias), un procedimiento obligatorio previo para tratar de resolver los conflictos sin necesidad de acudir a un tribunal. En caso de no obtener una compensación satisfactoria a través de este cauce, fuentes de A22 y del Real Madrid aseguran que interpondrán sendas demandas para reclamar más de 4.500 millones en total. Los clubes desertores aseguran que si el Real Madrid ejecuta la demanda cuando le sea posible, lo que busca, como mínimo, es recuperar los 50 millones que estiman que la Superliga ha gastado ya en tratar de poner en marcha el proyecto.
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