| 1 | 2 | 3 | 4 | T | |
|---|---|---|---|---|---|
| VAL | 34 | 20 | 25 | 27 | 106 |
| RMA | 16 | 34 | 27 | 31 | 108 |
El Madrid le da la vuelta al Valencia
El conjunto de Scariolo alcanza la final de la Copa gracias a dos triples finales de Hezonja que culminan un partido espectacular en el Roig Arena


Esta historia hay que empezar a contarla por el final. Restaban 20 segundos por jugarse en la semifinal de la Copa entre el Valencia Basket y el Real Madrid y el conjunto de Pedro Martínez mandaba por 106-101 después de un triple estratosférico de Jean Montero, autor de 19 puntos él solito en ese último cuarto. Mario Hezonja, otro extraterrestre, mantuvo a su equipo atado a la vida con un nuevo acierto de tres puntos. Ocho segundos en el marcador de un Roig Arena a rebosar con 15.221 espectadores y saque de fondo para el Valencia. Y Jean Montero, el héroe, que rifa un balón largo al centro del campo, lo recupera Abalde y Hezonja se levanta de nuevo para enchufar su cuarto triple del último periodo y consumar una remontada épica que culmina una oda al baloncesto: 106-108, la mayor anotación conjunta en un partido sin prórroga en la historia de la Copa. Y el Madrid en una nueva final, este domingo (19.00, Dazn) contra el Barcelona o el Baskonia, después de remontar hasta 18 puntos de desventaja con otro desenlace para su legendaria enciclopedia.
El éxito y el infortunio en un solo tiro, en un instante. Al tiempo que el Madrid entero festejaba con Hezonja, el Valencia al completo arropaba a Montero. Ambos bandos eran dignos del máximo elogio a pesar de la diferencia en el marcador. Incluso el propietario del Valencia, Juan Roig, el impulsor del majestuoso Roig Arena, descendió a la cancha para reconfortar a sus jugadores y proponerles un desafío: luchar por el título de la Liga.
Fue un partido descomunal, un espectáculo de principio a final. El Madrid le sirvió al Valencia su propia medicina para abrir boca. A los 11 segundos, triple de Deck en una acción cocinada a toda mecha. Y claro, el conjunto naranja respondió como mejor sabe, multiplicando la apuesta. ¿Un triple? Pues ahí van cuatro, de Taylor, Pradilla, Reuvers y Montero. La jugada estaba clara, sacar al gigante Tavares de su zona de seguridad bajo el aro y amenazar desde cualquier esquina al conjunto de Scariolo, principalmente desde un perímetro que es campo de minas para todo rival de los muchachos de Pedro Martínez. La fórmula precisaba piernas y corazón, y el técnico catalán ya había rotado por completo a su quinteto inicial apenas consumidos cuatro minutos de semifinal. En ese pelotón de reservas había surgido del banquillo Jean Montero con ganas de marcha. La velocidad del Valencia para anticiparse y correr les propulsó en el juego y en el marcador. Qué difícil de contener es este equipo cuando entra en combustión al calor de su orgullosa hinchada del Roig Arena. Al Madrid le costaba sacudirse el vendaval naranja por mucho que Scariolo diera pista a los hombres de refresco. La tropa de Pedro Martínez no concedía tregua en un cuarto jugado a un ritmo casi imposible de mantener: 34-16, siete triples locales y el primer cuarto más anotador para un equipo en la historia de la Copa.
El conjunto blanco había encajado la bofetada como buenamente pudo y a la espera de un descenso de revoluciones en los anfitriones que parecía inevitable. Dos triples de Campazzo y otro de Hezonja viraron de pronto la dinámica hasta un 0-11 con el Valencia seco en ataque durante más de tres minutos. Garuba, más ágil que Tavares, acabó de inyectar esa dosis de energía para anotar y rebotear que metió al equipo blanco en el partido. La película era otra muy distinta. El Valencia arrollador sufría ahora para sumar cada puntito porque debía alargar los ataques, contenido ya por la defensa madridista, y en el cinco contra cinco estático pierde la ventaja que le concede su estilo desenfrenado. En el cuerpo a cuerpo, Badio recuperó sensaciones con un triple oxigenador y Tavares, de vuelta, regalaba segundas oportunidades gracias a su imán en el rebote ofensivo. En una de esas capturas entre sus enormes manos Costello cargó con una falta antideportiva a la torre de Cabo Verde. Los dos tiros libres y el mate en la jugada siguiente acercaron aún más al Madrid, y una técnica a Scariolo por protestar cerró una primera mitad superlativa: 54-50 y los blancos que devolvían exactamente los 34 puntos encajados en el arranque. Hasta los aficionados necesitaban un respiro.
Deck, Campazzo y ahora Llull. El Madrid abrió el tercer cuarto igual que los dos anteriores, con una canasta de tres puntos. El Facu y Darius Thompson dejaron dos acciones para el resumen de las mejores jugadas justo antes de que el base argentino cometiera su tercera falta. Hezonja culminó la remontada blanca con cinco puntos del tirón. El grupo de Scariolo había conectado ya esa quinta marcha que le convierte en un enemigo temible por su capacidad de sincronizar a muchos buenos solistas en una orquesta afinada. “Pero nosotros somos el Valencia Basket”, dejó dicho en la víspera Pedro Martínez, y el joven De Larrea espantó cualquier miedo con un vuelo sin motor para machacar el aro blanco. Después de la tormenta naranja del amanecer y de la réplica visitante, el encuentro era un monumento al baloncesto por la lucha de poder a poder entre dos de los mejores equipos de Europa (79-77 al final del tercer cuarto con un triple terminal de Costello).
Scariolo apuraba los últimos trazos en la pizarra mientras los cinco jugadores del Valencia esperaban en la pista listos para la batalla final. La misión de Pedro Martínez ya estaba dictada y sus chicos mordieron en cada acción. El Madrid partía con dos bases, Campazzo y Feliz, frente a una batería exterior liderada otra vez por Montero. El dominicano puso patas arriba al pabellón con 12 puntos seguidos sin fallo, canastas de todos los colores, en el perímetro y a la carrera, mientras en el Roig Arena la afición del Barça se unía en los cánticos a la valenciana. La tensión se había disparado y en cada movimiento se decidía un trocito de final. Los blancos, una decena de puntos por debajo, se levantaron con los triples de un colosal Hezonja y el poderío de Tavares en los dos tableros. Fue entonces cuando Jean Montero decidió que era su momento y estiró su exhibición hasta dejar el partido visto para sentencia con ese 106-101 a falta de 20 segundos. O eso parecía porque Hezonja no había dicho la última palabra y el dominicano perdió un balón que concedió al Madrid la última bala. Mal negocio para cualquier rival porque el conjunto blanco no perdona cuando le perdonan. Súper Mario se elevó al cielo del Roig Arena para coronar una remontada para la historia, rendir a un enorme Valencia y alcanzar la final de la Copa. En tiempos en los que la Euroliga y la NBA se pelean por el control del baloncesto, la Copa regaló un espectáculo inolvidable.
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