La campeona olímpica Lindsey Vonn se rompe en plena final de descenso en los Juegos de Milán-Cortina en los que brilla su compatriota Johnson
La estadounidense aspiraba a medalla pese a que se lesionó la rodilla durante la última Copa del Mundo, pero una caída la deja en el hospital


La campeona olímpica Lindsey Vonn, estrella de los Juegos de Invierno que se celebran estos días entre Milán y Cortina d’Ampezzo, se ha roto en la final de descenso cuando aspiraba a una medalla pese a que se lesionó la rodilla izquierda durante la última prueba de la Copa del Mundo. La deportista ha dejado en silencio las pistas cuando todos esperaban su gran regreso. Se marcha lesionada de los Alpes, evacuada en helicóptero desde las alturas en una maniobra de película, tras una bajada accidentada.
Se asomaba Lindsey Vonn a la vertiginosa pista de Tofane, summum de peligrosidad y belleza alpina donde los esquís surcan pendientes de hasta el 65% y se disparan, incontrolables, hasta los 140 kilómetros por hora, y la estación de Cortina d’Ampezzo contenía su aliento. No es un lugar cualquiera para la estadounidense, que a sus 41 años, una rodilla de titanio y la otra con los ligamentos recién destrozados, ha ganado doce pruebas de la Copa del Mundo allí, más que ningún otro deportista en la historia, hombre o mujer.
🚨¡¡CAÍDA DE LINDSEY VONN!!🚨
— Teledeporte (@teledeporte) February 8, 2026
La imagen que nadie quería ver ha sucedido. La gran estrella estadounidense se ha caído en el descenso #MilanoCortinaOlympic2026
La competición se detiene mientras es atendida. Silencio helador en Cortina
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Sonrió allí por vez primera en 2004, cuando algunas de sus rivales aún no habían nacido, tras lograr con 19 años su primer podio mundialista. Allí testó sus piernas, y sobre todo su cabeza, el pasado viernes, donde, cauta tras la abrupta caída en Cras Montana (Suiza), su primer gran revés tras volver a la élite en 2024, terminó a algo más de segundo y medio del mejor tiempo en la primera sesión de entrenamientos. El sábado, ya con las sensaciones a tono y su carta medalla olímpica en el punto de mira, la de Minnesota marcó el tercer mejor tiempo, a solo tres décimas de su compatriota Breezy Johnson.
Un día después, ya en la mañana de este domingo, todos animaban y jaleaban a la leyenda del descenso, que se lanzaba montaña abajo y flexionaba las rodillas lastimadas para embalarse y perseguir un sueño al que ni lesionada quiso renunciar. Llegó, sin embargo, el jarro de agua fría en la segunda curva, justo antes del temido Schuss, cuando el brazo derecho de la estadounidense se enganchó en la puerta de entrada a la diagonal Pomedes, tramo técnico al que da nombre uno de los más transitados refugios de los Dolomitas, y la física se encargó de hacer el resto.
Clavada sobre la nieve que había dominado como ningún otro ser humano, inmóvil hasta la llegada de los servicios médicos, Vonn rompió en llanto desconsolado. “¡No puedo, no puedo!”, gritaba tras el violentísimo revolcón en la soledad de un valle ya enmudecido. Todos miraban a las cámaras y cruzaban los dedos a los pies de la estación, también Johnson, poseedora del mejor tiempo en la final olímpica, por entonces interrumpida. Solo los aplausos rompían un silencio en el que nadie se atrevía a verbalizar el temor común: Tofane acababa de firmar el doloroso punto y final de su mayor mito, la esquiadora que, retirada en 2019, harta ya del dolor en sus rodillas, decidió volver en 2024 para desafiar a la ciencia y abordar lo improbable.



No pudo ser esta vez. Con la final olímpica reanudada, la triple medallista olímpica, esquiadora más longeva en ganar nunca una prueba de la Copa del Mundo —lo hizo el pasado diciembre en St. Moritz (Suiza), con 41 años y 55 días— y premio Princesa de Asturias de los Deportes en 2019, se somete a esta hora a pruebas médicas en un hospital del norte de Lombardía. Triste final para una carrera inolvidable.
Breezy Johnson, oro olímpico, inalcanzable en Tofane
En Tofane, su balcón anhelado, allí donde las aspirantes resumen 2.500 metros de distancia en apenas minuto y medio, nadie logra mejorar el tiempo de la norteamericana Breezy Johnson (1m36s10), capaz de atacar las velocísimas curvas y cambios de nivel de la pista sin regalar una centésima, ni en la nieve ni en el aire. “Este descenso impone muchísimo”, coinciden las competidoras, sabedoras del reto que supone acortar los virajes, sin abrirse ni perder ritmo por el camino, para ganar metros y rebajar el tiempo en meta.
Recae el oro en la esquiadora de Wyoming, que, doble campeona del mundo el pasado año en Saalbach (Austria), estrena su palmarés olímpico ante el puño alzado del rapero Snopp Dogg, inseparable sombra del equipo estadounidense en los Juegos Olímpicos de invierno.
A cuatro centésimas de la gloria se queda la alemana —aunque nacida en Suecia— Emma Aicher, de solo 22 años y virtuosa como pocas: parece más lenta y menos ágil que sus rivales, nada brillante, pero roza el oro con la yema de los dedos. Completa el podio la bergamasca Sofia Goggia, 33 años, referente local y cuatro veces ganadora en Tofane, solo Vonn por encima en los registros. La transalpina, campeona olímpica en Pyeongchang 2018 y plata en Pekín 2022, trazó el primer sector mejor que nadie, apuntando al oro, pero se fue larga en un salto cerca del ecuador y perdió unas décimas, apenas medio segundo, imposibles de recuperar en meta.
Así de brutal es el descenso, una prueba en la que la montaña engulle a sus leyendas y donde nadie se salva de la tensa exigencia, tampoco la campeona vigente, la helvética Corinne Suter, que, falta de confianza tras una lesión, otra más, cae a la decimocuarta posición, a casi dos segundos del triunfo, cuatro años después de tocar el cielo.
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