De una ‘sitcom’ noventera en euskera a coincidir en los Goya: el gran momento de los actores vascos que siempre estuvieron ahí
El quinteto de nominados José Ramón Soroiz, Kandido Uranga, Elena Irureta, Nagore Aranburu y Patricia López Arnaiz ponen cara al auge de la producción en Euskadi


José Ramón Soroiz, ganador del premio al mejor actor en San Sebastián, del Feroz, del Forqué y favorito al Goya, es para la mayoría de los españoles una cara fresca y semidesconocida que engrandece su papel en Maspalomas. Para los vascoparlantes crecidos en los noventa, sin embargo, su rostro ahora con 75 años no era nada anónimo: era el del mejor lehendakari (televisivo) de la historia, o el de Jose Lontxo, el amigo que todos querían tener. Quizás por eso chocaba todavía más verlo como un personaje desagradable, imperfecto y sin gota de humor que esconde su sexualidad en un entorno hostil. Durante años, el guipuzcoano fue el as de las producciones pioneras en euskera, donde también asomaban Elena Irureta, Ane Gabarain o Kandido Uranga, a quienes tres décadas después les llega el reconocimiento total, en grupo y tras una vida sin parar de trabajar.
Este año en los Goya, de hecho, podría darse la ecuación de tener cuatro actores vascos levantando el cabezón; cuatro que, además, han forjado su carrera en producciones en euskera. Irureta, a los 70, está nominada por primera vez como actriz de reparto por su papel de complicada madre de Sorda, y Uranga, también con 70, da la réplica a Soroiz en Maspalomas con una complicidad de hombres opuestos forjada en décadas coincidiendo en teatro y televisión. Además, Nagore Aranburu, cara omnipresente del cine vasco e hija en Maspalomas, opta al de reparto por su monja en Los domingos, que cuenta con la candidatura de Patricia López Arnaiz como protagonista. La actriz acumula ya cuatro nominaciones y comenzó a destacar en 2020 con Ane, que le dio su primera (y de momento única) estatuilla hablada en euskera. Esta vez se enfrenta además a otra vitoriana, Susana Abaitua, por Un fantasma en la batalla. Que preparen los eskerrik asko.
Si el antiguo algoritmo de los seis grados de Kevin Bacon dice que todos estamos vinculados por seis conexiones personales, los actores del cine vasco (especialmente los que aparecen en producciones vascoparlantes) seguramente no lleguen ni a dos, sobre todo con sus largos historiales en el teatro vasco. En 1991, Soroiz, Irureta y Ane Gabarain (ganadora del Goya en 2024 por 20.000 especies de abejas, junto a Arnaiz) se volvieron iconos del lanzamiento de ETB 1 (primer canal en euskera) con la ingenua sitcom Bi eta Bat, sobre tres amigos que, como en Apartamento para tres, compartían piso al llegar a San Sebastián desde el pueblo. Ahí trascendió como Jose Lontxo. Uranga también apareció como invitado en esta primera telecomedia en euskera tan famosa que incluso tuvo un relanzamiento en 2012.
“Nada es casualidad. Llevo 40 años trabajando, haces el camino. Me considero actriz de base, y en dos meses estaré en un frontón haciendo teatro. Sigues, sigues… y las cosas llegan”, recordaba Gabarain a Papallones cuando ganó su Goya. “Cuando abrió Euskal Telebista empezamos a colaborar con ellos, hasta escribíamos nuestros programas. Luego una cosa fue llevando a la otra”, aportaba Irureta en 2025. Nunca pararon. En esa misma década, ETB volvió a contar con el trío estrella en Jaun ta jabe, comedia sobre la lehendakaritza y con él como presidente vasco en la que casualmente Aranburu hizo sus pinitos como actriz, antes de escribir y aparecer en Maite, primera serie en castellano de la televisión pública vasca y donde también estaban Irureta y Soroiz, por supuesto. Los cuatro se reunieron en 2020 en Patria, serie que seguramente dio el pistoletazo de salida a su proyección más allá de Euskadi.
Allí, Irureta y Soroiz volvían a estar casados. El primero era Txato, un asesinado por ETA que al actor le recordaba indudablemente a quien había sido su cuñado en la vida real, el político socialista Juan Mari Jáuregui. Gabarain, además, fue nominada al Emmy internacional. La primera producción original de HBO España no estaba rodada en euskera, pero dio pie a una nueva generación de actores vascos muy presentes en cine: Eneko Sagargoy (actor revelación por Handia), Loreto Mauleón o la nominada Susana Abaitua.
Gorka Otxoa, que comenzó en la serie diaria Goenkale, por donde pasaron muchos de los actores euskaldunes en sus 22 años de emisión, recordaba en diciembre en una entrevista a Papallones lo importante que fueron estos pioneros de la televisión vasca: “Yo empecé con ellos en el late night Sorginen laratza y en teatro. Y flipé, eran los actores más míticos de la tele. Que ahora lo hayan petado, que ganen premios y estén reconocidísimos a su edad, es maravilloso. En comedia eran los putos amos, pero cuando les ha dado por hacer drama, han tenido un reconocimiento increíble”.

Soroiz y Uranga, de hecho, coincidieron en 1992 en Vacas, de Julio Medem, clave en la madurez del cine vasco y donde se dejaban ver otros como Ramón Barea, Txema Blasco o Karra Elejalde. Desde entonces hasta el reconocimiento, ninguno ha descansado como habituales secundarios y sin mudarse de su casa. Ni siquiera Soroiz, que, aunque asegura estar jubilado, ha aparecido en los últimos años como abuelo en la serie de fútbol femenino Irabazi arte, en El bus de la vida (junto a Irureta y Abaitua) y Cinco lobitos, de Alauda Ruiz de Azúa, que con Los domingos será protagonista este sábado.
El buen momento de la producción vasca, impulsada por la multiplicación de rodajes por los incentivos fiscales y el empuje público, los ha hecho todavía más omnipresentes. En Bizkaia se rodó, por ejemplo, uno de los éxitos de este 2026: Abuela tremenda, con Irureta y Uranga en este eterno cruce de caminos. También ha ayudado al cine en euskera el auge del cuarteto creativo Moriarti (nominados a dirección y guion), que pusieron el idioma en su lugar con 80 egunean (2010) y Loreak, donde ya daban trabajo a Zorion Eguileor, Gabarain, Arnaiz, Aranburu y, por supuesto, Itziar Aizpuru, esa eterna amama, monja en Los domingos y residente en su Maspalomas.

Siguiendo con estas conexiones eternas, otro ejemplo de la diversidad del cine euskaldun en los Goya es Gaua, donde Paul Urkijo reúne a Gabarain e Irureta como brujas que cuentan historias sobrenaturales. La película en euskera sobre mitología vasca tiene tres nominaciones: vestuario, maquillaje y peluquería y efectos especiales. Urkijo, por cierto, ya había fichado a Uranga en Errementari, donde se cruzó con otro imprescindible del audiovisual vasco desde los tiempos de Bi eta Bat: Ramón Agirre, protagonista con Irureta de uno de los hitos más exitosos (tras años de fracasos) del cine en euskera, Aupa Etxebeste! (2005), de Asier Altuna y Telmo Esnal, y de su secuela, Agur Etxebeste! (2019), coescrita por Aranburu y también con Martxelo Rubio. Nombres que se repiten una y otra vez.
Y, pese a no tener eco en los Goya, otras tres producciones en euskera llegaron a la cartelera en 2025: Aro Berria (con cameo de Oliver Laxe), Jone, batzuetan y Karmele. También se estrenó Zeru Ahoak, segundo caso del basque noir de Koldo Almandoz sobre la investigadora Nerea García, a la que da vida Nagore Aranburu. Un aluvión impensable para actores que en los noventa parecían los únicos que hablaban euskera en el audiovisual, y ahora son parte de una industria abierta a diversos rostros vascoparlantes como Jone Lazpiur, Itziar Ituño, Josean Bengoetxea, Miren Gatañaga (cautivadora en Azken erromantikoak) o Urko Olazabal, ganador del Goya por Maixabel. Todo un cambio de rumbo desde que el idioma solo se escuchaba en pantalla salpimentado en La fuga de Segovia (1981), de Imanol Uribe, y Erreporteroak (1984), de Iñaki Aizpuru, o abriendo camino en Kareletik (1987), de Anjel Lertxundi, y Ke Arteko Egunak (1989), de Antonio Eceiza, uno de los primeros créditos tanto de Irureta como de Soroiz. Ellos ya estaban ahí.
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