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Crítica de cine
Crítica

‘Historias del buen valle’: una flor entre las vías

La prodigiosa nueva película de José Luis Guerin, Premio Especial del Jurado en San Sebastián, es un canto a la vida y la resistencia en los márgenes

02:10
Tráiler de 'Historias del buen valle'
Imagen de 'Historias del buen valle', de José Luis Guerin.

En su prólogo, filmado en blanco y negro con una cámara de súper-8, Historias del buen valle, Premio Especial del Jurado en el último festival de San Sebastián, presenta un territorio de aspecto anacrónico, entre lo rural y lo urbano, delimitado por las vías de un tren. Vemos unas casas de vieja construcción, un río y su vegetación desordenada mecida por “el bello espíritu del viento”, como decía Jean-Marie Straub parafraseando a D. W. Griffith, que tanto apreciaba el cine que se detenía en la belleza del viento que mece los árboles. En esos primeros fotogramas, sin diálogos, acompasados por los sonidos ambientales y un jazz melancólico, asoman algunos apuntes de esta película-río, o película-mosaico, sobre el barrio de Vallbona, enclave del suburbio de Barcelona atravesado por el cauce del Besós. Un lugar en la periferia que, después de contemplar esta prodigiosa nueva obra de José Luis Guerin, es la tierra de Fátima y Sonia Dosantos o de Antonio López, el carbonero.

Desde su inicios, Guerin se ha preguntado por la esencia del lenguaje cinematográfico, insistiendo tozudamente en recordarnos que las fronteras entre documental y ficción no existen y que, además, es la mirada documental la que permite no perder el contacto con la vida y la realidad de este mundo. Nutrido de las experiencias de sus personajes, Guerin —que firma su largometraje con el anglicismo work in progress, obra en curso— se embarca en un proceso de investigación etnográfica que le devuelve a los orígenes y a la captura del tiempo, el de Vallbona y el del propio cine.

La película, cuyo embrión está en una colaboración para la exposición de 2023 Una ciudad desconocida, comisariada para el Macba por Jorge Ribalta, guarda bajo ese work in progress paralelismos con En construcción (2001), en la que la obra de un nuevo bloque de viviendas en el barrio chino de Barcelona dio pie a una búsqueda que revelaba la transformación de toda una sociedad. Del Raval a Vallbona, la mirada de Guerin —rigurosa en su ética de trabajo, moral en sus decisiones, ajena a las leyes de la industria— se alimenta de la diversidad cultural de sus personajes, un paisaje humano rico y a la vez precario, amenazado por los ruidos y escombros de un progreso que no cuenta con ellos.

Unos meses antes de morir, en una entrevista para este periódico, el gran documentalista brasileño Eduardo Coutinho defendía su lugar en los márgenes: “Hago cine sobre la gente que no sale en Google… Me interesa algo tan difuso como la sabiduría popular”, decía el director de obras tan impresionantes como Edificio Master (2002). Como Coutinho en el laberinto de aquella mole de Copacabana, Guerin se detiene a observar y escuchar a los vecinos de Vallbona para construir con sus gestos y voces un mapa emocional que viaja por el tiempo y la tierra sin pasaporte ni fronteras. Sus relatos llegan del pasado y de medio mundo: conforman el coro de un territorio limítrofe, refugio de antiguos huertos y ahora de inmigrantes. Un lugar en el que las plantas, recuerda un personaje, “tienen ojos”. A la pregunta de qué género cinematográfico se adaptaría mejor a la historia de Vallbona, un vecino anciano sugiere al director: “Un wéstern”.

Pero Historias del buen valle no es un wéstern, aunque toda exploración de un territorio silvestre y su cruel tránsito a algo nuevo lo sea. Los lazos comunales y el mimo a cada personaje tienen ecos fordianos —hay un guiño emocionante a Las uvas de la ira y en otro momento, en un televisor, resuena el viejo y Salvaje Oeste, con sus sonidos del caballo de hierro—, pero lo que importa es otra cosa. Guerin nunca es ajeno a la memoria del cine (del legado de Robert Flaherty al de Jean Rouch, de Jean Renoir a Roberto Rossellini, de todos ellos al más importante, Chaplin) aunque la vida, azarosa y extraña, es el verdadero arte.

Por eso, cuando esa maravillosa mujer portuguesa que ha perdido a su hijo siembra su pobre rincón en el mundo con las semillas de margaritas y lilas muertas para que revivan en el camino, el silvestre y frágil vergel de Vallbona se abre paso de forma conmovedora pese al cerco de trenes, coches y edificios. Como en esa canción de Christina Rosenvinge cuyo título (La flor entre la vía) toma prestado este texto, las flores de esa mujer, su corona hecha de pétalos y ramas, crece entre las vías. Son pura poesía y resistencia, igual que esta película.

Historias del buen valle

Dirección: José Luis Guerin.

Género: documental. España, 2025.

Duración: 122 minutos.

Estreno: 13 de febrero.

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