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Los textos de José Guirao, exministro de Cultura y creador de La Casa Encendida, que nadie había leído

Se recupera la novela inédita ‘Las aguas de la noche’ de un escritor que permaneció oculto por el gran respeto que tenía a la literatura y por estar a la sombra de grandes como Valente y Goytisolo

José Guirao, exministro de Cultura, creador de La Casa Encendida, en 2014, cuando daba el testigo a la nueva directora Lucía Casani. Tras su muerte en 2022 ahora se recupera su novela inédita 'Las aguas de la noche' (Pre-Textos).La Casa Encendida

Poco antes de morir José Guirao —Pepe para los amigos— reunió a su círculo más cercano y le contó dónde guardaba todo aquello que había escrito durante su vida y que nunca había publicado. Las letras dormían en diferentes pendrives y ordenadores, también en todos los cuadernos que le gustaba comprar, en la casa de Madrid, en su pueblo Pulpí, Almería, en La Vera, Cáceres, un refugio donde cuidaba su jardín japonés, paseaba con los perros y escribía para que nadie le leyera. Por ahí se encontraba desperdigada una obra dispersa e inconclusa consistente en poemas de juventud, apuntes, notas, alguna obra teatral, algún intento de novela. “Haced con ello lo que creáis conveniente”, les dijo.

Guirao (Pulpí, 1959 – Madrid, 2022), uno de los más sólidos gestores culturales que ha dado España, director del museo Reina Sofía, creador de La Casa Encendida, director de la Fundación Montemadrid, finalmente ministro de Cultura y Deportes, falleció en 2022 —maldito cáncer— a los 63 años. Se dedicó, fundamentalmente, a hacer brillar a otros, a hacer la cultura accesible al público, a permanecer en un segundo plano. Ahora quizás se sintiera incómodo siendo él mismo el creador al que apuntan los focos y las letras: se publica por primera vez un texto suyo, la novela Las aguas de la noche (Pre-Textos). Es curioso que el libro comience con la frase: “Nunca supo escribir historias”. Resulta que Guirao sí sabía.

“Pepe había sido amigo de grandes escritores, como Juan Goytisolo, José Miguel Ullán o José Ángel Valente, así que creo que le daría pudor que utilizaran esa misma palabra, ‘escritor’, para referirse a él”, dice David Calzado, amigo y estrecho colaborador de Guirao en varios de sus proyectos. “Era filólogo y adoraba tanto la literatura que probablemente habría sentido el síndrome del impostor”, añade Calzado. Esa adoración por la literatura, ese contacto con algunos de sus grandes nombres, se hace evidente en la novela, con una prosa muy consciente y gran densidad poética. Trata sobre las relaciones familiares y sus tragedias asociadas, contiene muchos aspectos autobiográficos, trata también sobre el desarrollo de la minería en su pueblo, Pulpí, donde tradicionalmente se extrajeron metales y se encontró una famosa geoda gigante. Dice el escritor Eduardo Lago en uno de los prólogos que la manera de relacionarse con el mundo de Guirao era propia de un escritor: “Su sensibilidad le delataba, aunque siempre mantuvo su vocación oculta entre los pliegues más profundos de su ser. Su temperamento, inequívocamente artístico, tenía como referencia secreta el milagro de la palabra escrita, la literatura”.

Fueron Lago, junto con otro amigo y estrecho colaborador de Guirao, el también gestor cultural Carlos Alberdi, los encargados de poner a punto el texto. “Pepe me había hablado de la novela algunas veces, pero no mucho porque era un hombre muy reservado”, cuenta Alberdi, “este texto es el que tenía más cuerpo de los que encontramos y aún así hubo que hacer una labor de edición, quitando algunas partes inconclusas que dificultaban la lectura”. Manolo Borrás, editor de Pre-Textos, mostró interés inmediato en sacarlo a la luz: tenía admiración por Guirao y quería publicar algún texto suyo, siempre que ese texto fuera bueno —y este, según dictaminaron el editor y sus cercanos, lo es—. Este jueves se presenta en La Casa Encendida de Madrid, el centro cultural que puede considerarse su gran creación y legado.

Del ecologismo al ministerio

José Guirao comenzó militando en el ecologismo, en el Grupo Ecologista Mediterráneo, luchando contra la destrucción del litoral por el turismo y la especulación inmobiliaria y tratando de parar la construcción de una central nuclear proyectada en el cabo Cope. Fue concejal de Pulpí, pasó a la diputación de Almería en las listas del PSOE, y destacó en la dinamización de la cultura y en el impulso para la creación del Parque Natural del Cabo de Gata. Su solvencia le llevó a ocupar varios cargos en la Junta de Andalucía, hasta que la ministra Carmen Alborch le llevó al ministerio de Cultura y acabó dirigiendo, con solo 35 años, el museo Reina Sofía, entre 1994 y 2001, un cargo que mantuvo con gobiernos del PSOE y del PP. “Era un hombre de consensos, no pegado a una ideología: podía entenderse con todo el mundo”, dice Calzado.

Muchos de sus intereses, la cultura, la ecología, lo social, se juntaron en La Casa Encendida, que, dentro de la obra social Caja Madrid, y luego en la Fundación Montemadrid, es un centro sin precedente que Guirao creó con gran éxito en la frontera del madrileño barrio de Lavapiés. Era curioso verle, siempre tan pulcro, delgado, encorbatado, en aquel ambiente de artistas de vanguardia, músicos electrónicos, activistas solidarios y militantes de los cercanos centros sociales okupados (el Laboratorio, que era vecino de pared de La Casa, compartía en muchos aspectos el mismo espíritu aunque, claro, sin financiación bancaria). Un ambiente que él mismo había creado: se llegó a decir que era un centro “de autor”.

“Se decía entonces que los jóvenes no iban a eventos culturales, pero Pepe supo rodearse de unos programadores veinteañeros en las diferentes áreas que lograron hacer algo distinto y atraer a también a esos creadores y a ese público”, recuerda Alberdi, que fue coordinador de Cultura de La Casa en sus inicios, cuando empezó a abordar todo tipo de problemáticas contemporáneas. David Calzado recuerda también uno de los lemas de Guirao: “Para ser moderno hay que saber latín”, solía decir, en referencia a la necesidad de conocer la tradición, no solo para continuarla, sino también para enfrentarla, superarla o, directamente, reventarla.

La llegada al ministerio de Cultura y Deporte en 2018 fue accidental y accidentada. El primer elegido para el cargo fue el escritor y periodista Máximo Huerta, elección que causó no poco revuelo, y que terminó con la renuncia del elegido a los pocos días, al salir a la luz unas irregularidades fiscales. Cuando Guirao aceptó la propuesta del presidente Pedro Sánchez, el mundo de la cultura celebró la llegada, no muy habitual, de alguien con un currículum impecable para el puesto: ¿Cómo es que nadie se había dado cuenta antes de que Guirao tenía que ser ministro de Cultura?

Guirao impulsó el Estatuto del Artista y bajó el IVA a los servicios prestados por intérpretes, artistas y técnicos, pero el ministerio, con gran disgusto para Guirao, le duró poco. Solo 19 meses: a comienzos de 2020 fue destituido para dejar paso a José Manuel Rodríguez Uribes (se dijo que el gobierno buscaba a alguien más implicado con la cosa deportiva). “Con el cese hubo algo de estupor”, recuerda Alberdi, “la gente consideraba a Pepe un buen ministro, con una notable capacidad de interlocución”.

Después del ministerio, Guirao regresó a la Fundación Montemadrid, hasta que la enfermedad se lo llevó demasiado pronto. “Era una persona discreta y reservada, pero brillante; no creo que haya habido otro gestor cultural como él”, concluye Calzado. Ahora, además de gestor, ya es escritor, aunque le sonase grande la palabra.

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