Tamar Novas se enorgulle
El intérprete gallego, candidato en la reciente ceremonia de los Goya, inicia la difusión de una producción televisiva y un largometraje.


La entrevista a Tamar Novas (Santiago de Compostela, 39 años) tuvo dos etapas. La primera fue en la cafetería Brunetti de Madrid donde llegó, compró un paquete de harina para hacer pizzas y, tras un abrazo, dijo: “Bueno, tú me dirás de qué quieres que te hable”. Porque llevaba semanas hablando de un papel que ahora se antoja algo lejano, el de Xoel, su personaje en la película Rondallas, por el que fue nominado a actor de reparto en los Goya. La segunda, esta vez en forma de conversación telefónica, fue para hablar de lo que le toca ahora, una vez celebrada la gala: el rodaje de la serie Ardora (Movistar+), la promoción de Miguel, su personaje en Caminando con el diablo, que estrena pasado mañana, y acudir al festival de Málaga. “Tengo la sensación de vivir en una simulación”, cuenta.
Pregunta. ¿Por qué lo dice?
Respuesta. Uno ve cómo está el mundo, las noticias de los últimos días y todo parece como una especie de entretenimiento. Es algo extraño donde me siento absolutamente un privilegiado. En los Goya he sido muy feliz, me lo he pasado muy bien y he estado contento de vivirlo con mis padres, mi hermano y con Daniel Sánchez Arévalo [director de Rondallas]. Ha sido emocionante y me siento orgulloso de formar parte de un gremio que decide no callarse y no cerrar los ojos ante lo que sucede, aunque lo único que hacemos es películas, ni más ni menos. No se trata de anotarse un mérito, sino de darnos cuenta de que todo esto nos puede venir de vuelta.
P. Dicen de Rondallas que es una feelgood movie, para que nos sintamos mejor. A lo mejor es el bálsamo que nos hace falta.
R. En la época actual, por supuesto. Se trata de un filme riquiña, de esos que te reconfortan. Al leer el libreto me conmoví bastante, pues noté el matiz humorístico de la trama, y el tránsito de lo absurdo a lo trascendental en un mismo momento… Trata cuestiones difíciles también, como el luto, que constituye un periodo donde suceden variadas experiencias, incluso instantes de risa.
No admití mi condición de intérprete hasta que me hallé en un escenario profesional. Me generaba timidez constantemente.
P. Cuando está usted de bajón, ¿tira de humor o se mete para dentro?
R. Bueno, soy gallego, así que depende [sonríe]. Cada vez tiro más de cinismo para no sufrir, busco la parte más ligera de las cosas. Como soy una persona que tiende a la introspección, me ayuda pensar que la vida está fuera, y que la gente que puede ayudarte, también. He vivido momentos de pena a los que he sobrevivido gracias a la terapia.
P. Tenía 11 años cuando hizo La lengua de las mariposas. Luego, Mar adentro con 17 ¿Se llegó a flipar?
R. Potencialmente podría haber pasado. Con La lengua de las mariposas fue más como una anécdota, porque duró un verano y luego volví al colegio. Con Mar adentro estaba a punto de llegar a la universidad, porque yo quería ser director de cine, periodista o publicista, tipo los de Mad Men, los encargados de hacer chistes. En la película ya tuve a un capitán como Bardem, que es lo contrario a fliparse a la hora de currar, que te lo deja bien claro. Tanto él como Celso Bugallo me dieron charlas, no porque viesen nada, sino porque querían anticiparse. También mi familia ha sido mi toma de tierra. Recuerdo cuando me nominaron para Mar adentro que se lo conté a mi madre y su respuesta fue: “Bueno, ¿y la selectividad?”. Yo no dije que era actor hasta que no me vi en un escenario profesional. Siempre me había dado mucho pudor.
P. ¿Es usted de los que está pendiente de las noticias?
R. Soy bastante voraz con la información. Lo vivo no tanto como parte de mi oficio, sino porque creo que hay que estar conectado con el mundo. Soy muy consciente de que lo que está pasando no me gusta, pero para sentir eso hace falta informarse. Luego hay cosas que me reconfortan, y estoy muy orgulloso de mi tierra, de que gracias a la presión de nuestra comunidad se va a cerrar un proyecto [una planta de celulosa en Lugo] que atentaba contra nuestros ríos, nuestros bosques, y son esas cosas las que a uno le dan un poco de esperanza.
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