Taurus descarta que los historiadores Fusi y García Cárcel utilizaran la IA para escribir un libro y entona el ‘mea culpa’ por las erratas del texto
El crítico literario José Luis García Martín había acusado a los prestigiosos investigadores de engañar al lector con un libro que no habían escrito ellos, achacando una importante cantidad de errores a una falta de lectura y escritura humana


Los renombrados historiadores e investigadores Juan Pablo Fusi y Ricardo García Cárcel llevan un par de días envueltos en una polémica editorial después de que el crítico José Luis García Martín los acusara de escribir su último libro, Vidas españolas. Razón biográfica de España (S. XVI-XX), con la ayuda de la inteligencia artificial. En una reseña titulada Un mal ejemplo, el crítico enumeraba varios errores y erratas que achacaba no a fallos de edición, sino a la utilización de inteligencia artificial para su escritura.
Taurus, la editorial que publica el libro, lo niega ahora rotundamente: “La crítica mezcla acusaciones muy diversas, que van desde la concepción del volumen a discrepancias interpretativas y erratas puras y duras”, dice Miguel Aguilar, director literario de la editorial. ¿Pueden garantizar que no se ha utilizado Inteligencia Artificial? “Tenemos herramientas para detectarlo, pero en este caso no ha sido necesario”, responde. Son, concluye, simples erratas, “un hecho en el mundo de la edición, algo que intentamos minimizar con éxito variable”. Por eso, no encuentra razones para retirar los cerca de 2.000 ejemplares impresos y piensa corregir los errores para la segunda edición, si es que hace falta publicarla. En todo caso, según el director, los errores solo demuestran que los “correctores son humanos”.
El texto de los historiadores es una entrega más de un proyecto creado por Javier Gomá, director de la Fundación Juan March, titulado Españoles eminentes, que pretende crear biografías de personalidades relevantes del país. Este volumen, publicado hace menos de 15 días, hace un repaso global de 50 personajes relevantes: desde Juan de Austria hasta Feijoo, de Jovellanos a Goya. La polémica aumentó al tratarse de dos figuras capitales de la historiografía española. Los dos son miembros de la Real Academia de Historia y llevan décadas dedicados a la investigación. García Cárcel es, además, Premio Nacional de Historia en 2012.
Para el crítico asturiano, sin embargo, “este libro”, cuenta a Papallones, “no lo ha leído ni Fusi, ni Gomá [director de la Fundación Juan March], ni nadie en la editorial. Les han clavado un gol enorme”. Y los acusa al mismo tiempo de un entramado artificioso: “Es una estafa, un producto editorial hecho por gente anónima que a lo mejor cobra 1.000 euros al mes en la editorial Taurus. Y luego la Fundación paga mucho a los que dan el nombre”. ¿Por qué lo afirma con tanta seguridad? “Porque hay errores que proceden directamente de la Wikipedia, una de las fuentes de la IA, y copian errores que están directamente ahí”, contesta. Cualquier otra explicación, sigue, dejaría peor plantados a los involucrados: “Hablar de IA es lo más amable que puedo decir. Si ese libro lo escribió Fusi, es para retirarle el título. Ya no puede hacer nada, ya perdió la cabeza”, dice sin tapujos.
Fusi, que cumplirá 81 años este año, achaca las erratas a su manuscrito original, que, además, dice, escribió a mano antes de transcribirlo al ordenador. “No tengo relación alguna con la IA; no estoy suscrito a programa alguno y no la utilizo. Sí, en cambio, diccionarios, enciclopedias y libros de referencia —antiguos y modernos, en español, inglés y francés— en papel que son excelentes”, responde. No responsabiliza directamente a la editorial, que hizo una corrección “muy minuciosa”, y más bien habla de un problema de lectura suyo: “La leí muy mal porque la leí en el teléfono móvil por un problema de desincronización entre el correo electrónico de mi móvil y ese mismo correo en el ordenador, desincronización que me han dicho es irreversible”.
¿Qué tipo de errores se encuentran en el texto y por qué han levantado tanto revuelo? Pues son variados. Fechas erradas, nombres equivocados e imprecisiones biográficas que en un texto de rigor histórico cobran especial relevancia. García Martín identifica dos tipos. Los primeros son erratas tipográficas evidentes. Por ejemplo, se habla de cuadros de Velázquez que se conservan “en el Pardo” cuando en realidad se refieren al Museo del Prado. O de un libro publicado por Antonio Machado que se titula Páginas escondidas, y no Páginas escogidas. Según el crítico, son producto de un autocorrector. “Esos fallos un experto corrector los encuentra. Pero no un corrector automático que todos sabemos que te cambia unas palabras por otras que son un disparate. Sabemos que el corrector automático se equivoca y no puedes mandar un libro a la imprenta habiéndolo pasado solo por el corrector automático. Tiene que mirarlo alguien. Es una tontería”, argumenta.
El otro tipo de errores son más imperceptibles, pero quizá más serios. Por ejemplo, los autores escriben que Jovellanos escribió su comedia El delincuente honrado en 1773, aunque la estrenó en Madrid en 1767. Se contradicen con una frase de distancia. “Son errores que salen directamente de la biografía de Wikipedia”, afirma el crítico. El mismo error se encuentra, efectivamente, al consultar la entrada de Jovellanos en Wikipedia. “No lo digo yo. Son datos objetivos. Las fuentes son fuentes mecánicas, porque, además, hay una bibliografía al final, cada artículo lleva a unos textos, pero tú ves que en el artículo se citan textos que a veces no están en la bibliografía. Lo que quiero decir es que la bibliografía tampoco responde al material usado”, termina.
El director de la Fundación March, que encargó el trabajo, ha sido el más vehemente al criticar a García Martín, aunque no tiene ninguna relación directa con la corrección del texto. “Es una calumnia susceptible de ser resuelta en un tribunal penal o civil”, dice a este diario. “Que señale erratas se aplaude [aunque reconoce que hubiera preferido que se los informara de manera privada] porque te enseña a sacar una edición mejor hecha, pero decir que estos señores, que están en torno a los 80 años, dos historiadores ilustres, de una formación extraordinaria y que han hecho escuela ellos mismos, usan IA para engañar a los lectores, es una calumnia susceptible de relevancia penal”. Él mismo ha aconsejado a la editorial considerar acciones legales, y aunque desde Taurus no lo descartan por completo, tampoco lo ven factible.
Gomá pone la mano en el fuego por los que, además, son sus amigos y colaboradores habituales de la March. “He asistido a la gestación del libro, recibía avances del texto habitualmente. Se entregó, hicieron su trabajo. ¿Hay erratas? Sí. Quizá más de la cuenta y que la editorial no identificó, vale, pero nada más. Lo que tiene que pasar ahora es que la editorial corrija los errores y el autor de la crítica se retracte”. Lo segundo no parece cercano, y las correcciones llegarán cuando se agoten los 2.000 ejemplares.
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