“Antes éramos los raritos”: 48 horas de ‘techno’ por España para explicar el subidón de la música electrónica
Studio Club recibe a Jeff Mills en Torremolinos y Fabrik trae a Amelie Lens a Humanes. Dos proyectos y dos artistas de diferentes generaciones que muestran el auge de un estilo que ya no se esconde y que vive un auténtico ‘boom’


Jeff Mills convirtió el techno en un movimiento cultural a finales de los ochenta, se trataba de la música del mañana. Y hoy, a sus 62 años y muy lejos de Detroit, lugar de nacimiento del dj y de este estilo musical que él mismo encumbró y que está en absoluto auge, sigue haciendo girar sus vinilos con una coreografía de manos hipnótica. Hace una semana, The Wizard (El mago) —así le llaman— logró marcar un antes y un después en Studio Club, el nuevo espacio de referencia de la música electrónica en el sur de España. En su pista principal y ante 1.800 personas el artista proyectó y luego hizo sonar la icónica sesión que ofreció en Tokio hace 30 años, haciendo realidad el sueño de dos amigos que, hace dos veranos, construyeron un trocito de la cultura de clubes de Berlín en la localidad malagueña de Torremolinos.
Entre el público, dos jóvenes que venían desde Granada sin intención de dormir y que no habían nacido cuando tuvo lugar este mítico set; un matrimonio de Leeds que estuvo presente la primera vez que Mills visitó Reino Unido, o una mujer suiza que está empezando a pinchar y que visitaba Studio sola. En el aire, dos paralelismos que no hacen caso al paso del tiempo: el primero, una luz blanca e intermitente en el centro de la pista, muy habitual en las oscuras salas de Detroit. Y el segundo, la esencia de este club, un ejemplo a seguir como modelo de negocio con personalidad, como Underground Resistance, el colectivo que cofundó Mills y que puso en valor el poder del techno.

Con una fachada colorida inspirada en la Bauhaus y cubierta por un llamativo mural de Richard Santana, Studio parece más un museo que una discoteca. Así que no es casualidad que la segunda de sus salas se llame Gallery (Galería) y que parte de su diseño, obra de la artista local Conxi Sane, tenga tintes picassianos. Por dentro, casi mil metros cuadrados en los que la oscuridad berlinesa se mezcla con la luz y la frescura de la Costa del Sol. Inspirado en clubes alemanes como Berghain o Robert Johnson, en el antiguo De School y en el The Loft de Ámsterdam, y también en Space Miami, la noche del viernes 13 de febrero fue un antes y un después para sus dueños.

Mehdi F. Y Antoni C. Son dos apasionados de la electrónica nacidos en Barcelona y Málaga en los ochenta y afincados en Ibiza. “Al principio fue complicado empezar, los camareros lloraban cuando veían que no llenábamos”, explica Antoni, que confirma el riesgo de un proyecto así, pero también su seguridad en cómo están saliendo las cosas: “Queremos ser un referente europeo”. En Studio se consideran una familia que, por encima de todo, ama la electrónica y que si puede busca poder coincidir con su artista favorito: “Hoy venimos de fiesta, es un día grande”. En menos de dos años ya han pasado por sus platos artistas clave como Adam Beyer, Ben Sims, Dixon, Richie Hawtin o Sara Landry; otros como Âme DJ y Trikk pidieron directamente tocar ahí, y nacionales como Paco Osuna no querían abandonar la cabina. “Solo nos falta que venga Laurent Garnier”, rematan.
Con Studio Club, Andalucía aumenta su mapa electrónico con un proyecto que quiere ser referencia europea, que cuenta con un 80% de público local y que está ubicado en el epicentro de la costa malagueña. Una de sus últimas acciones ha sido prohibir el uso de los móviles en la pista de baile, siguiendo el espíritu más clandestino de los clubes berlineses y de las raves. La mítica Industrial Copera, el reciente y exitoso evento Sophie Festival o el renombrado Dreambeach Costa del Sol son otros buenos puntos de referencia en la región. Está claro: lo que ocurre en Torremolinos no es una anomalía, es un síntoma.
De la oscuridad a las masas
A 500 kilómetros de allí, en un polígono de Humanes, ubicado al sur de Madrid, y menos de 12 horas después de que cerrase Studio, comenzaba el día de San Valentín la popular fiesta de techno CODE, en Fabrik. La macrodiscoteca española abierta desde 2003 contaba en la edición número 173 de su mítica celebración con un cartel liderado por una mujer, Amelie Lens. La belga, uno de los referentes internacionales actuales del género más enérgico, cabeza de cartel allí donde va, apareció a las 02.30 de la madrugada para abarrotar durante dos horas la sala principal de un recinto que cuenta con siete áreas, hotel propio y unos cuantos autobuses que llegan cargados desde diferentes puntos de España. “¿Qué pensaremos dentro de diez años cuando recordemos esta noche?“, se preguntaban dos jóvenes vestidos íntegramente de negro antes de entrar.
Fabrik es masiva, son luces, es megatrón, es parkineo y es épica, y ha sido el reflejo de cómo ha evolucionado la electrónica en España en este siglo: desde la imagen más oscura heredada de la Ruta del Bakalao a la apertura comercial y la cultura de masas de Ibiza o Tomorrowland. Fue la número uno de las salas grandes nacionales en los Vicious Music Awards y actualmente ocupa el puesto catorce de mejores clubs del mundo según la revista DJ Mag. Eso sí, en el podio de los mejores está la isla balear, que lidera el sector con marcas como Hï Ibiza, Ushuaïa o UNVRS. “Ibiza es un mundo aparte, un ecosistema muy particular que funciona en un espacio de tiempo muy concentrado y con mucho público internacional”, aclara Rodrigo Bermejo, dj y programador de Fabrik, que insiste en el buen momento de Madrid.
El CEO de la sala, Luis Román López, se quejó de la falta de apoyo en comparación con otras artes: “Las autoridades solo ven ruido”. Y asegura que ahora buscan “abrir el abanico” y ampliar su público con nuevas fiestas y diferentes estilos como el house, yendo más allá del “estereotipo habitual” y de su clientela “cañera”, e imitando el modelo de Ibiza, Marbella o Miami.
Álex Montoya y David Nus, del club madrileño The Bassement, coinciden en que la capital es ya un referente en el mundo y que tras haber ido muchos años a la cola, ahora “domina la electrónica” y vive su mejor momento. A su local, acudió recientemente la actual reina del techno mundial, Charlotte de Witte, que lo incluyó en su gira por petición propia. Insisten en que cada evento en esta ciudad se agota, sobre todo desde la pandemia y por el auge del turismo: “La venta de tickets es una locura, no hay crisis en el sector, hacen récord año tras año”. Buena muestra de ello es la consolidación de fiestas internacionales como Time Warp y Outworld, de los famosos eventos de Elrow y de planes vespertinos y al aire libre como Brunch Electronik, que ha logrado conquistar también a un público menos fiel a este tipo de música.
Pero la fiebre electrónica también tiene tentáculos muy sólidos en el circuito de festivales, con marcas míticas como Aquasella, Monegros y Sónar, que llevan décadas defendiendo el fuerte, y con eventos clave para las nuevas generaciones como Medusa Sunbeach, que reúne a 50.000 personas diarias. Su fundador, Andreu Piqueras, insiste en que la gente joven vuelve a demandar música electrónica y están creando comunidad: “Con el hard techno ha vuelto la cultura electrónica".

A todo este furor se suma una escena de djs nacionales que lideran los mejores carteles y clubes, como es el caso de Indira Paganotto, Fátima Hajji o el dúo Mëstiza, buenos ejemplos del nuevo liderazgo de las mujeres en la electrónica. “Es nuestro mejor momento, ya no nos escondemos. Antes éramos los malos y los raritos. En Holanda a los niños de hace 30 años les ponían techno, no se escondían, aquí por fin hemos salido del armario”, explicaba Hajji. Es evidente que la electrónica está viviendo un momento histórico y expansivo, lo demuestran los millones de reproducciones que logran en redes, donde muchos desarrollan su carrera, más allá de los medios tradicionales. Se podría decir que España está en ‘modo rave’, porque aunque sabemos que las raves son otra cosa, también pueden ser un estado de ánimo, un sentimiento festivo que ya no vive al margen y que simplemente puede pasar al lado de tu casa.
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