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Perla Wahnón, presidenta de los científicos: “Al no protegerse, el conocimiento español acaba explotado por potencias extranjeras”

La física cuántica le pide a la ministra de Ciencia, Diana Morant, duplicar el presupuesto de proyectos de investigación. “Estamos a la cola de Europa”, recuerda

La presidenta de las sociedades científicas, Perla Wahnón, en el Centro de Ciencias Sociales y Humanas del CSIC, en Madrid.Pablo Monge

A la física Perla Wahnón Benarroch le ha tocado ser la primera en varias ocasiones. Fue la primera de ocho hermanos nacidos en el seno de una familia de judíos sefardíes de Melilla, descendientes lejanos de los expulsados de España por los Reyes Católicos en 1492. A finales de los años 70, se convirtió en la primera persona doctorada en ciencias de la Universidad Autónoma de Madrid, y después en la primera catedrática no ingeniera en la Facultad de Ingeniería de Telecomunicaciones de la Politécnica de Madrid, donde ha desarrollado gran parte de su carrera. Wahnón dice que la empujaron a la ciencia desde muy pequeña. “Entre los judíos es muy típico fomentar el estudio porque había una mentalidad de pueblo errante. Las posesiones materiales no importan, porque las puedes perder, pero con lo que tengas en la cabeza te puedes ganar la vida en cualquier sitio”, recuerda la científica, de 77 años. En 2019 se convirtió en catedrática emérita, y aceptó el cargo de presidenta de la Confederación de Sociedades Científicas de España (Cosce), que agrupa a 91 entidades y da voz a más de 45.000 científicos de todo el país. Fue la primera mujer en el cargo.

En entrevista con Papallones, Wahnón alerta de que, a pesar de que España vive un récord histórico de inversión en investigación, desarrollo e innovación, la situación real de los científicos españoles, sobre todo los más jóvenes, deja mucho que desear. No tienen suficiente financiación pública ni perspectivas para emprender una carrera en ciencia. Y esto repercute en todo el país a muchos niveles, pues la ciencia y la investigación son “el sostén” de la prosperidad de un país.

La presidenta de los científicos exige al Gobierno de Pedro Sánchez que duplique los fondos para proyectos de investigación. También alerta de un posible colapso de la actividad en algunos centros y universidades, donde se sigue trabajando de espaldas a las empresas, lo contrario que en los países más avanzados de Europa. Su especialidad durante su vida académica fue el desarrollo de nuevos materiales cuánticos para placas solares, un campo en el que España pudo ser líder, y que ahora acapara China.

Pregunta. ¿Qué análisis hace su organización de la investigación en España?

Respuesta. Desde las sociedades científicas queremos expresar la desazón y el cansancio de los científicos por la escasa financiación de proyectos, que son la base de la investigación. Se trata de los Proyectos de Generación de Conocimiento. Es la financiación fundamental que nos permite trabajar y tener investigadores doctorandos para seguir avanzando.

P. ¿Ha bajado el presupuesto?

R. En los últimos tres años ha descendido muchísimo el número de proyectos concedidos. Después de la pandemia aumentó muchísimo el número de científicos que se quedó en España a hacer investigación, sobre todo en el área de ciencias de la salud, pero no solo. Se generaron muchos grupos que comenzaron a pedir proyectos. El problema es que el Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades [que encabeza Diana Morant] no subió prácticamente la financiación. El tanto por ciento de proyectos financiados ha caído en picado, y ahora solo obtiene dinero el 45% de las peticiones.

Hace unas semanas tuvimos una reunión con el director de la Agencia Estatal de Investigación (AEI), José Manuel Fernández de Labastida, que es quien gestiona estos fondos. No nos dicen en qué áreas se ha financiado más o menos. Nos llega que no quieren bajar de ese 45%, así que lo que han hecho es reducir la financiación de cada proyecto. Antes se cubría casi el 100% del coste total, pero ahora solo llega al 67%, aproximadamente.

P. ¿Eso hace al menos que algunos puedan continuar?

R. El corte hace que se quede gente fuera con un nivel muy alto. Y es por falta de dinero. Y además este año se acaban los fondos europeos de resiliencia. No vale decir que no hay dinero; hay que sacarlo. Necesitamos que doblen la financiación de proyectos. Le doy unos datos. Según la AEI, en 2020 se financiaron casi 3.200 proyectos, y otros 3.500 se quedaron fuera. Cuatro años después, se financiaron 3.252, apenas 50 más que en 2020, pero se quedaron fuera 3.840. Y en este tiempo la cuantía total del programa pasó de 337 millones de euros a 410.

P. ¿Qué le pediría a la ministra?

R. Que doble la financiación de proyectos. Se lo he pedido muchas veces. Y ella es consciente. Pero tiene que luchar más para solicitar al Gobierno una financiación mayor.

P. ¿La situación es solo responsabilidad del Gobierno?

R. No. El problema es que la sociedad, y por supuesto los políticos, no son conscientes de la necesidad del desarrollo de la ciencia, sobre todo la ciencia básica. España carece de un tejido que conecte la ciencia básica con la aplicada. Es un problema que no existe en Reino Unido, Alemania, Francia, Países Bajos, donde se desarrolla perfectamente la conexión entre universidades y centros de investigación y las empresas.

P. ¿Esa desconexión no atañe también a los científicos?

R. De ninguna manera. El científico no vive de espaldas a la empresa, sino asfixiado por la gestión. El modelo de éxito, como el de Israel, donde yo trabajé, tiene profesionales que detectan el potencial comercial en los laboratorios y gestionan patentes y administración. Si el investigador abandona su puesto para ser administrativo, la ciencia se detiene; necesitamos estructuras que protejan su tiempo para lo que realmente están formados.

Perla Wahnón, presidenta de los científicos

P. ¿Los centros de investigación no han estado también de espaldas a este problema?

R. Sí, los centros han vivido de espaldas al mercado, pero el mayor lastre es la desconexión temporal. Te pongo un ejemplo personal: yo desarrollé nuevos materiales cuánticos de alta eficiencia para placas fotovoltaicas. Aquí no tuvo ninguna incidencia, pero sí fuera del país. España solo apuesta por el corto plazo. Las patentes disruptivas caducan por falta de financiación tras los proyectos. Al no protegerse el desarrollo a largo plazo, el conocimiento español acaba siendo explotado y copiado gratis por potencias extranjeras, como China. En España hay muy buenos investigadores. Con una formación increíble. Pero los investigadores se vienen abajo ante tantas dificultades y si se van fuera, no vuelven.

P. ¿Qué está pasando con ellos?

R. La gente que está en la universidad tira la toalla y se dedica a dar clase. Vamos a convertir las universidades en academias, y eso es un horror. Recordemos además que el tener un proyecto nacional es la condición para obtener después otras ayudas autonómicas o de cada universidad. Además de la financiación, el número de becarios está bajando. Si no hay becarios, gente para hacer su tesis, que son los que tienen las ideas, los que son capaces de tirar del carro, no se puede hacer investigación. Otro problema es la burocracia tan extrema que hay a la hora de desarrollar los proyectos, de justificarlos. Las medidas que se aprobaron desde el Ministerio son insuficientes. Porque además está la burocracia de las universidades y de los centros, que por miedo de que Hacienda pida cuentas, ponen medidas adicionales.

P. Se está invirtiendo una cantidad récord en investigación.

R. Estamos en un nivel del 1,5% del PIB. Ya habían prometido que para 2027 sería el 2%. Y el 3% en 2030. Es imposible llegar. Estamos a la cola de Europa.

P. La fuga de cerebros suena a un problema de hace mucho tiempo.

R. En España es estructural: formamos investigadores brillantes que, tras el doctorado, huyen al extranjero. Al intentar volver, se topan con el muro de la ANECA (Agencia Nacional de Evaluación), que no homologa automáticamente la experiencia docente e investigadora internacional. Un científico con trayectoria en universidades de élite como Múnich o Berlín compite en desventaja frente a perfiles locales mediocres que sí cumplen la rígida burocracia española. Sin meritocracia real ni sueldos dignos, un becario apenas cobra unos 1.200 euros, el talento prefiere quedarse en Europa. Hay una excepción para los que vienen con dinero del Consejo Europeo de Investigación (ERC), pero son una minoría.

P. El Ministerio de Ciencia acaba de reforzar el Programa Ramón y Cajal destinado a incorporar y consolidar talento investigador emergente.

R. Es una de las peticiones que le habíamos hecho al Ministerio. De hecho, la ministra ha recalcado en su anuncio la colaboración que se ha mantenido tanto con Cosce, los centros de excelencia y los rectores. Es una buena noticia, sobre todo que la ampliación no suponga ninguna reducción del presupuesto, algo en lo que hemos insistido de forma particular.

P. ¿Hay alguna solución?

R. Necesitamos una política nacional de investigación independiente de los políticos que están en el Gobierno. La ciencia tiene que estar por encima de la política. Lo llevamos pidiendo desde 2006. No sé cuántas veces he ido al Parlamento a hablar con diputados y senadores. Individualmente te dan la razón, pero nunca se lleva a la práctica.

P. ¿Qué le diría a un joven que se plantea dedicarse a la investigación?

R. La investigación no es un horario de 9 a 5, sino una vocación regida por la curiosidad constante. El científico real no desconecta; vive su trabajo como un compromiso interno, sacrificando incluso bajas o tiempo personal por el avance del conocimiento. Hoy, esa mística se pierde entre trabajadores de la investigación que carecen del entusiasmo y la entrega radical necesarios para innovar. Pero la ciencia es la mayor satisfacción del ser humano, porque te engrandece a ti mismo. Si tú tienes curiosidad de conocimiento y de descubrir cosas por ti mismo, no hay nada que te satisfaga más.

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