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Libros
Opinión

Un pacifismo algo ingenuo

El buen oído de Eduardo Sacheri para la jerga y la oralidad le permite caracterizar a los personajes en pocas frases. Pero la novela a ratos se vuelve algo aséptica a la hora de abordar el conflicto de las Malvinas

Eduardo Sacheri en el estudio de su casa, en el barrio de Castelar, Buenos Aires, en julio de 2023Mariana Eliano

Toda nación posee conflictos que no son fáciles de mirar de frente. Chile y el quiebre democrático; España y las décadas de franquismo; México y su revolución; Estados Unidos y su lucha por derribar la segregación racial. Son hitos alrededor de los cuales se han escrito bibliotecas enteras, pero que a pesar de todo se hace difícil develarlos por completo. Allí, en sus pliegues y recovecos, en las miserias de sus protagonistas y las biografías de quienes sufrieron sus consecuencias, se esconde siempre una dimensión inasible, sentimientos o gestos que la historia, sus documentos y testimonios nunca logra abordar a cabalidad. Quizás en la Guerra de las Malvinas tengan los argentinos algo de eso: un episodio del pasado que se resiste a la total claridad, una historia donde la tragedia intenta arroparse del heroísmo, pero cuyas tensiones y contradicciones afloran apenas se posan los ojos sobre ella.

Qué quedará de nosotros es, antes que nada, la contracara de Demasiado lejos, la primera novela que Eduardo Sacheri publicó sobre la Guerra de las Malvinas. Ambas aparecieron en 2025, pero si una mostraba el modo en que la sociedad argentina reaccionó al conflicto con el Reino Unido en 1982, esta segunda entrega sigue los pasos de tres amigos apostados en las islas del Atlántico sur, es decir, protagonizando la guerra en que el régimen de Galtieri intentó recuperar el control de las Malvinas y recogió una dura derrota por parte de los ingleses. Ambos libros no solo comparten personajes y ambientes, sino también el estilo ágil desde el cual narra el escritor argentino: capítulos breves, personajes en constante movimiento y énfasis en las acciones sobre el escenario de guerra más que en la descripción psicológica de sus protagonistas.

Al igual que Demasiado lejos, esta novela comienza con las celebraciones ante la invasión argentina a las islas Malvinas, el 2 de abril de 1982. No se detiene en la situación política bajo una dictadura agonizante, sino que sigue los pasos de los tres amigos que, habiendo hecho el servicio militar el año anterior, son devueltos a las filas ante la necesidad de enviar tropas a las islas australes. Antonio, Carlitos y el Conejo representan la diversidad que puede verse en las filas del ejército: distintos orígenes geográficos, clases sociales y personalidades confluyen bajo un mismo uniforme y bandera. La variedad de la sociedad está representada en esos tres amigos unidos por un vínculo inquebrantable, forjado a fuego en la experiencia de la guerra.

Con todo, el entusiasmo inicial de ser los primeros argentinos en visitar las islas y por volar en avión se trastoca, al poco andar, en una tensa espera en el páramo frío de las Malvinas. Poco a poco la guerra se empieza a observar desde el miedo y la incertidumbre que se abre frente a los combatientes, quienes ven en los rostros circunspectos de sus superiores y en la debilidad de sus posiciones un horizonte poco auspicioso. Los tiempos muertos y la amenaza de los ataques enemigos abre, además, pura incertidumbre ante el futuro y los planes —el amor, el estudio, el trabajo— que el conflicto armado ha interrumpido. Y el hecho de que, a la larga, solo se asome una derrota en el horizonte despierta preguntas fundamentales para estos jóvenes: ¿cómo escribir a casa contando las penurias del frente? ¿Cómo se puede volver al continente habiendo sido derrotados por los ingleses? ¿Cómo retomar aquello que quedó dejó y que parece tan lejano, como si fuera otra vida? O, como se pregunta el libro desde su título, dando voz a esos anónimos soldados, ¿qué quedará de ellos que pelearon, que fueron derrotados, que sufrieron y pasaron miedo, que retornaron a una sociedad que nunca podrá ponerse en su lugar?

El buen oído de Sacheri para la jerga y la oralidad —del cual viene haciendo gala en sus muchas novelas y libros de relatos— le permite caracterizar a los personajes en pocas frases. Asimismo, el humor que suele abundar en sus giros idiomáticos dota la trama de una textura atractiva para una amplia gama de lectores. Con todo, la novela a ratos se vuelve algo aséptica a la hora de abordar el conflicto de las Malvinas. Al mostrar a los jóvenes combatientes como víctimas de una guerra imposible de ganar, mal planteada por sus superiores y manipulada comunicacionalmente por la dictadura, le resta filo a un conflicto que movilizó las voluntades argentinas, y la arroja a un rincón incomprensible y del cual poco se puede decir. O como piensa el teniente Quinteros, un superior correcto y comprometido con su tropa: quedan todos embargados por una “sensación de que no están seguros de lo que está pasando, ni de lo que están haciendo, ni de lo que tienen que hacer”. La desorientación la encarna el personaje del mayor Camargo, que en su autoritarismo y violencia encarna todos los males posibles.

En cierto sentido, Qué quedará de nosotros entrega una mirada ingenua de la guerra, con una pretensión facilista que no logra dotar de sentido el conflicto que atravesó Argentina hace casi medio siglo. Como dice el narrador después de un enfrentamiento cuerpo a cuerpo con los ingleses: “Carlitos acaba de entender lo que es la guerra. No esta guerra. Cualquier guerra. Unos tipos quieren algo. Otros tipos quieren lo mismo. Se encuentran para matarse. Los que maten a los que mueran son los que ganan la guerra y son los que se quedan con eso que querían los unos y los otros. Es tan simple que a Carlitos lo asombra no haberlo entendido antes”. Así, todo parece volverse demasiado simple en un conflicto que no puede reducirse tanto sin distorsionarse en el proceso.

En términos narrativos, esta nueva obra de Sacheri no toma grandes riesgos. Es una novela eficiente en la construcción de sus personajes y tramas, que no quiere reinventar la rueda ni profundizar en motivos psicológicos, sino mostrar una historia. Son los gestos y las voces de los personajes las que construyen los tipos humanos involucrados: el general autoritario de grito fácil, el soldado entusiasta y optimista que nunca deja de bromear, el superior noble y silencioso preocupado por la suerte de quienes están a su cargo o el colimba provinciano e ingenuo dispuesto a dar la vida por la bandera. Sin embargo, en su renuncia a hurgar con más profundidad en los motivos y consecuencias de la guerra, en su poca disposición a mostrar el horror de la violencia y el sinsentido de manera más descarnada, pierde la oportunidad de develar verdades más profundas sobre un episodio sobre el que el imaginario argentino parece tener, todavía, cuentas pendientes.

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