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El franquismo según Manuel Longares

En ‘Cortesanos’, el escritor madrileño viaja al pasado de su ciudad en el siglo XVIII para narrar una historia de monarcas y palaciegos cuyos pareados bien podrían leerse en clave de sátira contemporánea

El escritor Manuel Longares, fotografiado en Madrid a finales de enero.Jaime Villanueva

Romanticismo (publicada en 2001) convirtió Madrid en una ciudad del mundo que, a la muerte de Franco, se veía de otra manera. El cogollito, es decir, el centro neurálgico de lo que había sido la capital, se estaba preparando para el futuro democrático. El autor del libro, Manuel Longares (Madrid, 1943), periodista y narrador, ya había escrito en abundancia: La novela del corsé, Soldaditos de Pavía, Operación Primavera… Romanticismo marcó el pasado y el resto de su obra y él es ahora un clásico que tiene como antecedentes a Pérez Galdós, a Valle-Inclán o a Juan Benet. Ahora es autor de un libro que parece salir de las entrañas de las monarquías de los Austrias, pero que hoy, con sus risas y sus pareados, convoca, a veces cruelmente, a veces a carcajadas, siempre con risas, a la sátira contemporánea. Cortesanos (Galaxia Gutenberg), esta nueva obra suya, sucede en el siglo ­XVIII de Madrid, pero en este tiempo puede ser contada como una evocación despiadada de lo que sucede en la corte de estos días.

Pregunta. ¿Qué tiene que ver Romanticismo con lo que usted hizo antes y con lo que hizo después?

Respuesta. Se vincula con esa misma identidad creativa que se inició bajo un estilo experimental para luego moderarlo hasta arribar a Romanticismo. Romanticismo constituye un relato un tanto áspero, de lectura más sencilla que sus antecesores. Romanticismo se mantiene allí y las obras siguientes mostrarán esa huella vanguardista, aunque de forma muy estimulante.

P. ¿Qué significó para usted aquel éxito?

R. Tuvo de todo. También hubo persecuciones. Lo que pasa con la literatura. Nada nuevo. Cuando se te atribuye la palabra éxito la niegas. Porque no te ves como triunfante ni nada de esto. Si acaso, te sientes un poco más seguro en la tarea de abordar la escritura, pero nada más.

P. Cortesanos, como Soldaditos de Pavía o El oído absoluto, explica su literatura.

R. Se vinculan a partir del instante en que lo relatado es la crónica de una ópera, de un evento sucedido entre melodías y rimas para alejarte de los acontecimientos, de modo que no lo consideres algo real. Se hallan conectados, por así decirlo, por la misma estructura de creación, por la idéntica elaboración del guion. En esta ocasión, la trama se presenta cantada.

P. Romanticismo se consideraba el barrio de Salamanca como el núcleo madrileño de las divinidades, de la opulencia…

R. En las proximidades del vecindario se encontraban los necesitados. Durante el franquismo esto se remediaba a través de la caridad. Actualmente ese núcleo selecto se halla más oculto. Si visitáramos el barrio de Salamanca lo notaríamos: el público consumiendo, sin esos signos de distinción que solían encumbrarlos sobre los demás. Hoy ese grupo exclusivo constituye un entorno muy reservado, bastante cortés y abierto.

P. En sus libros hay sátira, parodia. La risa del lector, su propia risa. ¿Qué es la risa en su literatura?

R. Hay una teoría de la risa en la literatura. La risa es la posibilidad de divertir, escribir para divertir. No tomarse en serio las cosas. Más que incitar a la risa, sugerir la carcajada. Pero hay que tener cuidado, porque te puedes quemar. Ese es un poco el argumento.

P. Se ha comentado que usted mantiene la discreción incluso al expresarse. Sobrio al estilo de Baroja y formal como Valle-Inclán. Tales afirmaciones se han vertido sobre su persona.

R. Caray, pues no conocí ni a uno ni a otro…

P. Escribir es reescribir hasta que notes la vergüenza en el párrafo, ha dicho.

R. No sientas pudor por el párrafo. Para que el texto fluya. Escribir es justamente eso. Enmendar y pulir hasta localizar el mecanismo que lo haga funcional. Esta obra está redactada a modo de representación dramática, donde los personajes dialogan en verso, todo progresa para que no se perciba la esencia ficticia de estos individuos, desde los monarcas hasta los cortesanos.

P. Es sobre este país. Aunque parezca que está refiriéndose a otro tiempo.

R. Puede ser. El siglo XVIII es el último del que se podían hacer representaciones, porque ya en el XIX hablamos de guerras civiles y en el XX no digamos. Entonces, este siglo XVIII era un poco el último grito de la condescendencia, del estar sin trabas en un lugar determinado.

P. Dice usted que el cainismo está arraigado en nuestra sociedad.

R. Sí, lo estamos viviendo.

P. Su libro se lee como de ahora mismo.

R. No hay día, de todos modos, en que no aparezca en los periódicos una noticia de asesinatos familiares. Como que no aguantas a la gente que tienes alrededor. A la que en un momento determinado dijiste que querías, que adorabas. Aquí pasa algo.

P. ¿Cómo ha afectado todo eso a la literatura?

R. Eso no lo sé. Quizá antes estábamos hablando de novelas de costumbres. Quizá han desaparecido las costumbres de la novela. Quizá la novela opta por otras vías. No sé. Quizá se está escribiendo una literatura liviana que no deja de reflejar las costumbres del momento. Me parece a mí.

P. Es usted un heredero de Azcona. Ahora es su centenario…

R. Azcona es el único escritor de la generación del 50, y no sé si de otras generaciones, que recibe, que otorga el nombre de su apellido a su existencia. Se dice: este personaje es de Azcona… No hace falta más… Cosa que no se hace con Valle, por ejemplo, aunque se dice “este personaje es como de Baroja”… Pero no de la manera tan decible que ocurre con Azcona. Azcona está infravalorado. Es un grandísimo escritor.

P. Ha dicho alguna vez que su silencio es un descanso.

R. Pero no se te pide que te manifiestes. Estás por ahí con todos, pero no hablas. Ese es un poco el descanso.

P. Su silencio es respeto. Se le ha escuchado callar.

R. Pues es posible, sí.

P. Usted fue periodista. El periodista tímido.

R. El comunicador más deficiente del planeta, en efecto… A mi juicio, el inconveniente de la prensa radica en que no aceptan lo literario. Esa es la dificultad. Sin embargo, se trata de una cuestión individual. No es posible responsabilizar a un redactor por tal situación.

P. El cogollito parece que tiene cerca a Franco ahora.

R. No, no. Lo que pasa es que Franco es una manera de ser y de pensar. Y esa sigue vigente, como la mesa camilla. Ahí está Franco y no se le va a quitar de ella nunca. Pero se dicen las mismas cosas que cuando Franco… Todo aquello murió por ley de vida. Porque eso no puede sobrevivir.

P. Pero lo quitan en las calles.

R. Pueden decir “que venga Franco”, pero no saben qué quieren decir con eso. Pedir que venga es querer que la comunión se haga tranquila. Y de eso nada. El silencio que había en Madrid con el franquismo no puede volver… Ahora dices que eres franquista y sigues por la calle. Ni siquiera te dan una hostia…

P. Cortesanos. En todo el libro hay música. Usted parece adusto, pero ha escrito con enorme alegría. Usted es callado, pero en este libro todo el mundo está cantando.

R. Es probable que así sea. El volumen pasó por tres o cuatro procesos de redacción. Y cada una de esas versiones resultó distinta. El contexto también fue cambiando. En ese intervalo ocurrió la pandemia, que influyó de manera decisiva en los rumbos que tomaban después los borradores. ¿Vitalista? Sí, tal vez el escrito fuera animado. Lo cierto es que tenía mi existencia asegurada y disponía de libertad para crear sobre lo que me apeteciera. Y esa circunstancia siempre produce gozo. Antes de la crisis sanitaria compuse la mitad. Y más tarde, una vez finalizada la pandemia, trabajé durante dos meses adicionales.

P. El libro parece situado en otro siglo, y sería perfectamente del siglo XXI. Es música contemporánea. Todo el mundo que aparece aquí es contemporáneo. Las bromas lo son. Aquí se lee: “Uno en la postura propicia para que sus cofrades le dejaran el culo como un bebedero de patos”. “Desde que el mundo es mundo / y la Biblia va en verso, / los reyes cada segundo / fornican con el universo / para cumplir su misión / de traer sucesión”. “Con lo chico que es y el daño que hace”. “Majestad de magia majestuosa / que regáis el magín del mojigato…”. “Una paja es suficiente / para alegrarte la vida en Oriente y Occidente”. ¿Cómo nacen estos pareados?

R. Nacen con facilidad. La manera de expresar lo que quieres decir se arregla mejor con un pareado que expresando la frase, sujeto, verbo, predicado… Porque no está hollado lo que vas a decir ni la forma en que lo vas a decir. Y se te puede permitir un alcance infinito a lo que piensas escribir.

P. Aquí dice: “Las ropas de los eyaculadores precoces”. “El monarca y el polvo”. “El rey en la soledad de los héroes y más empalmado que otro poco”. “Los cofrades le dejaron el culo como un bebedero de patos”. ¿Qué es lo más serio del libro?

R. De serio tiene la fórmula. O sea, aquí se está durante todo el rato hablando de una farsa. De una fantasía que no se realiza. Estás contando una historia como si fuera mentira, sí. Pero lo estás contando de tal manera que la gente entiende que es verdad. Eso es lo más serio de este libro divertido. Que es una broma todo él para decir de otra manera que es muy serio. Pero si te pones a hacerlo muy serio, no te lo creas.

P. Usted habla de la lengua vivaracha. ¿Qué es hoy la lengua vivaracha?

R. La gente sencilla ha poseído esa destreza. Una joven que transite por este sitio, observa algo y de inmediato se estremece el universo. O al menos para quienes le prestamos atención. Tal es el habla ingeniosa. El idioma que permanece latente. Pese a que exprese los temas habituales. Esa es la noción que yo sostengo.

P. De todos sus libros, este es el más vivaracho. ¿Es también el más irreverente?

R. Resulta ser el menos común, en todo caso. Pero no, no es insolente… Romanticismo se refiere a algo que va camino a la extinción, que dejará de existir, y aun con ello, las personas que tenían fe en eso continúan creyendo que es válido y que debe realizarse nuevamente. Eso constituye parte de lo que todavía sobrevive del romanticismo.

P. “Mandad, mi rey, / quiero el mar en mi ventana / hasta mañana”. “Que empiece el baile con la bendición del fraile”. Cuando escribe estos pareados, ¿qué estado de ánimo tiene?

R. Estos pareados se escriben tres veces, separados entre sí. Estoy satisfecho de haber conseguido el “hasta mañana”, porque así me rimaba todo… Es que desde el momento en que hablas de algo que no se cree, ya tienes la novela hecha. Algo que no se cree. Usted lo cree, no, no, pero lo estoy leyendo aquí.

P. “Chica redicha, la bicha es la picha. Bien dicha”. ¿Lo ha pasado bien?

R. Carecía de restricciones. Tenía la libertad de redactar lo que quisiera. Aquello resulta fundamental.

P. A lo mejor eso es lo que se imponía en la literatura de Joyce, por ejemplo.

R. Hombre, sí, y de Cervantes.

P. Y de Cervantes… ¿Quiénes son los suyos?

R. Esos que has dicho. Lo normal es que te excitaran autores extranjeros, normalmente franceses, porque son los que nos han educado. Marcel Proust, por ejemplo. No sé.

P. “Y la reina reclamó su dosis a grito pelado”.

R. Efectivamente, qué lástima de soberana. Que una mujer con tal autoridad deba andar suplicando de ese modo es increíble. El sistema de la corona es algo que nadie logra comprender.

P. ¿Qué es lo que le gusta de la vida, Longares?

R. La letra impresa.

P. ¿Qué le hace romper las amarras del lenguaje para decir lo que le dé la gana?

R. Bueno, de alguna manera la fórmula te sale o te viene explícita mientras estás desarrollando la historia. Entonces no es tampoco un esfuerzo, sino que la cosa te viene rodada. Yo lo entiendo así.

P. Es un escritor de muchos registros como lector. Fortunata y Jacinta, La Regenta, Madame Bovary, Los sonámbulos, de Hermann Broch; Los Buddenbrook, de Thomas Mann. Es, digamos, universal y muy europeo. Y luego es español. ¿Qué es lo que maneja más como la literatura española? ¿Qué le ha hecho escritor?

R. La literatura española porque es la que nos enseñaron… Te la enseñan y lo que te enseñan es clásico. No te enseñan, por ejemplo, Fortunata y Jacinta. Eso tarda en llegar. En el tiempo en que yo estudiaba, leer Los Buddenbrook era imposible porque no estaba traducido ni había nada. Porque la censura literaria en España ha sido muy analfabeta y no ha previsto cierto tipo de cosas. ¡Censuraban En busca del tiempo perdido! Es una cosa inexplicable.

P. ¿Para qué le ha servido la timidez?

R. Pues yo creo, no sé, la timidez… Pues para que no te agredan. Supongo yo que la timidez contribuye a dejarte ahí sin consideración ni nada y que no vaya a peor.

P Hay una literatura que ya no está. ¿Por qué ahora no se lee, por ejemplo, a Benet?

R. Es difícil, es difícil encontrarlo… Sobre todo cuando la gente que le rodea, un Ignacio Aldecoa, una Martín Gaite, un Martín-Santos, tampoco está tanto en las estanterías. Benet es la exigencia máxima. Y ahí a veces es difícil seguirle, me parece.

P. ¿Qué es ahora lo insoportable para usted?

R. No es el odio, fíjate. Es insoportable la negligencia.

P. ¿Y cuál es la literatura que a usted le explica mejor?

R. Yo creo que es La novela del corsé… Es la que tiene más creación. En eso es visible. Yo creo que es eso. Me llamó Pere Gimferrer. Le había gustado. Las cosas que pasan, y a veces pasan esas alegrías…

P. En la jornada actual atiende a reporteros, como este que le dirige la última cuestión. ¿Le dan ganas de dedicarles rimas a los comunicadores?

R. Hombre, con buen trato todo se arregla. Y ahora, en este tiempo, el periodista tiene una calidad que no tenían los anteriores. Tienen una calidad, un saber tratarte. De alguna manera están amparándote cuando te hacen preguntas. Está bien.

Cortesanos

Manuel Longares
Galaxia Gutenberg, 2026
120 páginas. 14,50 euros

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