‘El diario de la señorita Litgi’: una historia real de amor prohibido en la España de postguerra
Kim da vida al diario, hallado en un mercadillo, de una mujer desconocida enamorada de un hombre casado que se debate entre la sumisión al modelo romántico y la emancipación

La vida ajena nos atrae con un magnetismo perturbador, resulta indudable, pero no la que se narra de una forma canónica desde el género biográfico, con su estricta cronología progresiva y análisis concienzudo, sino esa que vemos a través de la ventana abierta de un vecino, como Jeff desde su silla de ruedas en la película de Hitchcock. Lo que nos produce esa pulsión es lo prohibido, la exposición de una intimidad a la que lógicamente no estamos invitados, pero que nos despierta una fascinación casi pecaminosa. Cuando Kim compró en el rastro un cuaderno con unas bonitas letras doradas impresas que decían “El meu diari”, puede que solo existiera el germen de esa curiosidad, similar al de una foto encontrada en la calle desde la que mirar la vida de los demás. Sin embargo, conforme la propietaria de aquel diario desgranaba sus preocupaciones y sentimientos, el dibujante de obras maestras como El arte de volar o El ala rota iba descubriendo la historia esbozada tras cada entrada y la necesidad de compartirla, la de un amor prohibido entre una joven de la burguesía catalana y un acomodado hombre casado en la Barcelona de la guerra y la posguerra.
Se trataba además de una época bien conocida por Kim, gracias a sus trabajos con Antonio Altarriba, pero decidió trasladar a la viñeta con exquisito respeto el texto encontrado porque la señorita Litgi, como decidió llamar a la desconocida protagonista, escribía a un hombre ausente del que estaba profundamente enamorada. No podía juzgar esa relación prohibida, solo aproximarse al abismo de la voz interior de alguien que se desnuda sin tapujos ante el ser amado. Una compleja caligrafía tras la que escribía una mujer cuya relación amorosa era prohibida por la moral imperante, pero que no podía ni deseaba renunciar a ella, y al tiempo, abriéndose paso en el terreno laboral de forma autónoma frente al papel destinado a las mujeres en la posguerra, como esposas y amas de casa.

En esa interrelación entre la sumisión al modelo romántico y la emancipación, Kim se convierte en simple transmisor de unas palabras que, además, se expresan en un catalán perseguido entonces. Con exquisita rigurosidad, compone un escenario de fondo que revela el contexto sociohistórico de la dictadura en esa burguesía catalana, evitando con sensibilidad cualquier estereotipo al dibujar a sus personajes para no traicionar el manuscrito original, para recuperar esa memoria íntima de una vida privada que nunca tuvo la intención de ser conocida. No importa su opinión, solo participa para dialogar con el lector en torno a sus dudas sobre los silencios y periodos en blanco, compartidos como pósits sobre las páginas de un diario que, acertadamente, decide incluir en su adaptación.
La protagonista rompió moldes al estudiar Medicina y enfrentarse a su familia por elegir su propio destino
Como en aquellas deliciosas Historias Selección de Bruguera, el texto convive con las viñetas creando espacios desde los que contemplar la vida de esta mujer que resquebrajaba moldes establecidos al estudiar Medicina en la universidad y enfrentarse a su familia por elegir su propio destino, mientras en la intimidad asistimos a la construcción de un ideal heredero de esa representación adornada y maquillada del amor que la poesía y la literatura romántica imponían. Contradicciones de una vida que se nos antoja real al intentar refugiarse en las ficciones que convierten nuestra existencia en más llevadera, esas mentiras que vamos componiendo sobre nuestro día a día para soportar las dudas que nos infligen las falsedades de los demás.

Ella rellena las ausencias de su amado tejiendo para él un relato de sus sentimientos, a modo de extraña hibridación entre la Penélope resignada a la soledad de la separación y la necesidad de la desconocida de Zweig para que el amado sepa de ella. Da igual todo lo que ocurre a su alrededor, no importa la batalla contra la norma, toda su vida gira en torno a ese amor que se subleva desde una realidad tóxica a la entronización de un ideal. Sin embargo, tras la traducción a viñetas, nos aguarda un sorprendente giro de guion: Kim abandona el pasado para buscar desde el presente a la protagonista de su relato. Las viñetas en tonos sepia dejan paso al color y la luz de la Barcelona de hoy, creando un diálogo entre realidades, entre épocas donde las lecturas realizadas desde la libertad reescriben a aquella mujer desde nuevas perspectivas. El autor que lleva años satirizando la actualidad con Martínez el facha torna ahora como protagonista de un objeto que resulta ser poliédrico, que compone un relato donde todas las paradojas e incoherencias comienzan a entretejerse para crear algo nuevo y diferente, donde los límites de la ficción y la verdad se confunden con naturalidad, se entrecruzan dejando espacio para la verosimilitud, para que la voz de la señorita Litgi sea no solo la de una mujer enamorada que cree en esos modelos de cartón piedra con los que ha crecido desde niña, sino la de toda una sociedad que reclamaba libertad mientras ellos vivían su amor prohibido y la vida transcurría a su alrededor sin apenas molestarles. Kim ha creado con El diario de la señorita Litgi una obra con infinitas lecturas. Tantas como tiene el amor. Tantas como tiene la vida. Tantas como tiene la historia.

El diario de la señorita Litgi
Norma Editorial, 2025
128 páginas. 24,95 euros
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