‘Un asunto de familia’: lesbianismo en los ochenta y muchos silencios
La primera novela de Claire Lynch traza la historia de una mujer que se enamora de otra mujer y se separa del marido. Su hija desenreda las mentiras de la familia cuarenta años después

Desde 2026 es difícil acercarse sin cierta suspicacia a temas tan manoseados por la ficción como el machismo en el ámbito legal o en la historia queer demasiadas veces. Allí donde nos habían prometido una relectura lúcida de opresiones vividas, nos han colado demasiadas veces una trama netflixera de superación banal. En Un asunto de familia, la primera novela de Claire Lynch, esta voluntad de rescatar realidades marginales del olvido es evidente: estamos en los años ochenta y Dawn, una mujer casada, se enamora de otra mujer y deja a su marido.
Con este ejemplo ficticio la autora rememora los procesos humillantes que se daban en este tipo de divorcios y, como en este caso, a menudo acababan con la mujer obligada a abandonar a los hijos. Pero la gracia es que el resultado del juicio, que es conocido desde el principio de la novela (desde la contraportada, de hecho), no es una conclusión trágica. La historia se intercala con el relato del 2022, cuando a la hija, Maggie, que es una mujer adulta y muy unida a su padre, Heron, le llega el momento de desenredar la historia familiar que le han ocultado. En este doble tiempo está toda la profundidad de la novela: el pasado reciente queda tan lejos, en un sentido moral, que la incomprensión es absoluta.

Lo mejor de Un asunto de familia es el tangible esfuerzo de contención de la autora: la narración avanza a base de instantáneas muy breves y las cosas importantes pasan fuera de foco. El relato está plagado de silencios y nunca cae en la tentación de rellenar los vacíos con una exageración de los efectos de los hechos en las emociones de los personajes o, lo que sería peor, con juicios de valor evidentes. En su visita reciente a Barcelona, Lynch explicaba que en el proceso de escritura organizó las ideas en dos listas: qué información quería que el lector tuviera en cada capítulo y qué le gustaría que sintiera. Es entretenido leer el libro con esta idea en mente, porque de alguna manera te abandonas a la manipulación sutil que introduce la autora en esta acumulación de fragmentos de la vida de una familia. Llegas a la abyección del juicio e inevitablemente Heron ya te ha caído bien.
Como la estructura, la prosa de Lynch es seca y son pocos los pasajes donde se presta a una imagen poética o a un aforismo. Los fragmentos más explícitos destacan porque son extraídos de juicios reales: “Es ampliamente sabido que este tipo de mujeres son incapaces de tener sentimientos maternales naturales”. Estamos en el Reino Unido de los años ochenta, estos procesos eran comunes y Margaret Thatcher estaba a punto de aprobar la llamada Sección 28, que prohibía a las autoridades locales enseñar que “la homosexualidad sea aceptable como una supuesta relación familiar”. La parte reivindicativa, pues, cobra interés gracias a una aportación documental valiosa por desconocida, y no con sentencias.
El enamoramiento de Dawn y la llegada al juicio se leen a ritmo ágil, pero sin duda el personaje más complejo es Maggie, seguramente porque piensa con el ritmo del tiempo de la autora. Es una mujer casada en un matrimonio de los de ahora, con un hombre de aquellos torpes pero con buenas intenciones, siente que tendría que haber vivido más, y a su manera también se plantea lo que tiene que significar la maternidad. Tiene una relación con su padre que es entrañable y, a la vez, plagada de disfunciones comunicativas (muy presentes en los padres de la ficción reciente, de Sentimental Value a Los domingos): “El problema era que las palabras no eran precisamente la manera de llegar a Heron. Las cosas que él no le podía decir en voz alta a Maggie las había construido, en cambio, en las paredes de su casa”. La sensibilidad muy bien medida de esta relación de dos es el núcleo real de la novela, y la hace pasar de una historia concreta e inhabitual a un relato de asuntos de familia universales.

Un asunto de familia
Traducción de Laura Salas Rodríguez
Random House, 2026
224 páginas. 19,85 euros

Un assumpte familiar
Traducción de Núria Saurina
Periscopi, 2026
246 páginas, 20,50 euros
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