Ir al contenido
_
_
_
_

Al rescate de Denise Scott Brown

El Museo de Bellas Artes de Bilbao dedica una exposición a la arquitecta y urbanista que observó Las Vegas para repensar la ciudad y que encarna el descuido histórico hacia las mujeres en su profesión

'Learning from Las Vegas' (1968), de Robert Venturi, Denise Scott Brown y Steven Izenour.Venturi, Scott Brown and Associates Records, The Architectural Archives, University of Pennsylvania

¿Qué tiene una taza gigante, tridimensional y coloreada que ver con la arquitectura? ¿Qué puede un arquitecto aprender en Roma? La urbanista Denise Scott Brown (Nkana, Zambia, 1931) trabajó en la capital italiana para un arquitecto que tenía estudio y vivienda en el mismo piso. Carolina, la hija de ese jefe, se paseaba entre los proyectistas con un tacataca. También aparecía por allí otro hijo con discapacidad intelectual. Ese jefe dejaba que sus empleados se duchasen en su cuarto de baño porque en la habitación que Scott Brown alquiló, en una séptima planta y sin ascensor, no había agua caliente. Tanto como del Foro romano, o del Panteón de Agripa, Scott Brown recuerda de Roma la convivencia en la vivienda de su jefe. De Barcelona, la máquina de coser en la que una madre cosía zapatos en el centro del salón y de Yugoslavia, los hornos públicos donde la gente llevaba a cocer sus estofados. No hace falta resumir cómo ha observado el mundo esta arquitecta: cual socióloga, ha aprendido más de su cotidianidad que de su apariencia.

Scott Brown publicó el texto donde lo cuenta, Modelos de familia cambiantes, en el diario de la Asociación Estadounidense de Urbanistas. Corría la primavera de 1983. Hacía más de tres lustros que buscaba respuestas a una arquitectura moderna “emocionalmente estéril”, que ella sentía desconectada de la sociedad. Urgía a cambiar el papel del arquitecto como servidor de una reducida población rica. Es significativo que en Roma aprendiese tanta monumentalidad como vida. Tanto de la ambición como de las ruinas. También lo es que ese texto pueda leerse hoy en el magnífico catálogo de la muestra Denise Soctt Brown. Ciudad. Calle. Casa, que permanecerá abierta en el Museo de Bellas Artes de Bilbao hasta el 31 de mayo.

Tras estudiar en Johannesburgo, donde se crio como formando parte de una minoría (era blanca pero judía), Scott Brown se convirtió en arquitecta en Londres. Tenía 23 años cuando su novio, Robert Scott Brown, se reunió con ella y, en tren, barco, coche, caminando o en mula, recorrieron Europa: de Móstar, Liubliana, Venecia hasta Barcelona. Tenía 25 años cuando compraron un Morgan, un coche de tres ruedas. La historiadora de la arquitectura Frida Grahn cuenta en ese catálogo que Denise aprendió el nombre de todas las piezas del coche en francés y en italiano. Tenía, tiene, esa voluntad de aprender antes de juzgar. Observar antes de pensar la llevó a cuestionar su vida, su profesión y la forma de las ciudades.

De Alison y Peter Smithson aprendió que creer en el progreso no implica defender la destrucción. Fueron ellos los que aconsejaron al matrimonio Scott Brown dar clase en la Universidad de Pennsylvania. Allí Robert se estrelló conduciendo y Denise decidió dos cosas: quedarse en EE UU “porque en Sudáfrica una mujer era una menor”, y mantener su apellido de casada “para no perder la autoría de los artículos y los libros que había escrito”. Me lo contó cuando la entrevisté para El País Semanal en 2013. La exposición de Bilbao muestra cómo Denise recorrió Filadelfia de la misma manera que había viajado por el mundo: fotografiando cómo vivía la gente. En esa ciudad, Robert Venturi era el experto en Barroco. Se hicieron amigos. Compartían el gusto por lo contradictorio. Cuando a Denise le ofrecieron dar clase en Berkeley, quiso ver Las Vegas. Y entendió que en el Pop afloraba un reencuentro con el pasado: la comunión entre lo gráfico, lo volumétrico y lo simbólico. Eso representa la taza que abre esta exposición.

Sintió que la disciplina estaba desconectada de la sociedad: urgía cambiar el papel del arquitecto como servidor de una élite rica

Scott Brown invitó a Bob Venturi a visitar juntos Las Vegas. Escribieron, con Steven Izenour, Aprendiendo de Las Vegas (1972). Ella le pidió en matrimonio: “Era tímido, se lo puse fácil”. Trabajaron juntos durante 50 años y firmaron más de 200 edificios. Algunos, como la ampliación de la National Gallery de Londres, están presentes en esta exposición. También hay dibujos de la Casa Vanna Venturi, que idearon para la madre de Bob. Y en la que aguantaron poco tiempo conviviendo. Todo eso puede verse en esta muestra en la que planos y dibujos conviven con obras de Ed Ruscha, Andy Warhol o sillas de la propia casa de los Venturi. Sin embargo, ¿es posible entender esta trayectoria vital atendiendo sólo a lo expuesto? Difícilmente.

La traducción de la arquitectura en exposición es un asunto peliagudo, algo así como exponer partituras en lugar de hacer sonar la música. Sin embargo, existen ejemplos acertados en los que mediante vídeos —como espléndido documental que culmina la exposición— maquetas o montajes audiovisuales, se logra acercar al público a la forma de las ciudades que tan radicalmente dibujan nuestra vida cotidiana.

El posmodernismo de Venturi y Scott Brown no era formal. Era conceptual. Buscaba el triunfo de la voz de la periferia. La calle no era un oráculo, era un termómetro vital, es decir el cuestionamiento de la Academia y la asunción de los riesgos que comporta mezclar sociológica y psicológica a la habitual atención topográfica y tipológica que hace la arquitectura. ¿Complejo? Y contradictorio. Los romanos tenían un término para definirlo: convivencia de contrarios. ¿Qué hay en la vida que escape esa definición?

Así, esta muestra es una reivindicación necesaria —la de una manera amplia de entender la arquitectura y la de una profesional pionera— y, por lo tanto, un logro, una manera de hacer justicia. Sin embargo, la exposición descuida una parte esencial de esta historia: el conflicto. ¿Por qué es necesario reivindicar, o rescatar, hoy la figura de Denise Scott Brown? No tanto porque su visión arquitectónica —aprender de lo cotidiano— entrara en conflicto con la modernidad como porque ella misma se ha convertido en un símbolo del —vamos a decir— descuido y la falta de reconocimiento que sufren muchas mujeres arquitectas. En particular, las parejas de arquitectos. “Las mujeres nos hemos fijado en lo que rodea la arquitectura porque también nosotras la hemos rodeado”, afirma. Es eso. En 1991, Venturi recogió el premio Pritzker, el Nobel de la arquitectura. Scott Brown no asistió. Fue su manera callada de protestar contra su invisibilidad. La muestra de Bilbao le devuelve, con 94 años, lo que es suyo.

‘Denise Scott Brown. Ciudad. Calle. Casa’. Museo de Bellas Artes de Bilbao. Hasta el 31 de mayo.

Tu suscripción se está usando en otro dispositivo

¿Quieres añadir otro usuario a tu suscripción?

Si continúas leyendo en este dispositivo, no se podrá leer en el otro.

¿Por qué estás viendo esto?

Flecha

Tu suscripción se está usando en otro dispositivo y solo puedes acceder a Papallones desde un dispositivo a la vez.

Si quieres compartir tu cuenta, cambia tu suscripción a la modalidad Premium, así podrás añadir otro usuario. Cada uno accederá con su propia cuenta de email, lo que os permitirá personalizar vuestra experiencia en Papallones.

¿Tienes una suscripción de empresa? Accede aquí para contratar más cuentas.

En el caso de no saber quién está usando tu cuenta, te recomendamos cambiar tu contraseña aquí.

Si decides continuar compartiendo tu cuenta, este mensaje se mostrará en tu dispositivo y en el de la otra persona que está usando tu cuenta de forma indefinida, afectando a tu experiencia de lectura. Puedes consultar aquí los términos y condiciones de la suscripción digital.

Rellena tu nombre y apellido para comentarcompletar datos

Archivado En

_

Últimas noticias

Recomendaciones Papallones
Recomendaciones Papallones
Recomendaciones Papallones
_
_