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Opositores venezolanos se renuevan

Diezmados por años de persecución política, los partidos opositores salen de la clandestinidad tras la captura de Maduro

Delsa Solórzano durante una rueda de prensa en Caracas (Venezuela), este lunes. MIGUEL GUTIÉRREZ (EFE)

La represión que siguió a las elecciones presidenciales de Venezuela en julio de 2024 dejó devastadas las estructuras internas de los partidos de la Plataforma Unitaria, la alianza paraguas que agrupa a los más importantes partidos de la oposición venezolana. Estas organizaciones son la expresión política de un sentimiento de cambio ya muy mayoritario en Venezuela y están llamadas, en teoría, a desempeñar un papel protagónico en el diseño de una transición a la democracia. Atraviesan, sin embargo, un costoso proceso de reconstrucción en un ambiente político todavía incierto y contradictorio, en el que, así como se aprueba una Ley de Amnistía en la Asamblea Nacional y se liberan prisioneros políticos, al mismo tiempo se ha confiscado la residencia personal a Magalli Meda, dirigente nacional de Vente Venezuela.

El destino generalizado de los cuadros más importantes de organizaciones como Voluntad Popular, Primero Justicia y la misma Vente Venezuela ha sido el exilio o la cárcel. También ha sucedido con algunos activistas de Acción Democrática, Encuentro Ciudadano y la Causa Radical. Y el panorama no se ha abierto con la recién aprobada Ley de Amnistía, que ha colocado condiciones y dificultades para el retorno de los exiliados. No son muchos los políticos opositores que siguen en el país.

Diosdado Cabello, poderoso hombre del régimen, ha honrado su compromiso al vaticinar ante sus rivales, en medio de una discusión parlamentaria después de la detención de Maduro: “Los vamos a joder”. “Ojalá que este sea el momento para que tengamos en el país una nueva oposición”, manifestó en aquel momento. Un porcentaje significativo de los detenidos por motivos políticos contabilizados hasta el primer mes de este año forma parte de agrupaciones de la Plataforma Unitaria o Vente Venezuela.

La oposición venezolana tiene algunas corrientes más pequeñas de línea moderada, toleradas por el régimen, que decidieron competir en las elecciones del chavismo y cuentan con presencia legislativa. Han participado activamente en el debate y la redacción de la Ley de Amnistía y son muy críticos con María Corina Machado. Los más importantes son Un Nuevo Tiempo, partido fundador de la Plataforma, y la corriente de Primero Justicia que abandonó el partido con Henrique Capriles. Aquí destacan, además de Capriles, políticos como Manuel Rosales, Tomás Guanipa, Omar Barboza y Stalin González.

Hay diversas agrupaciones adicionales, contando cada una con una representación parlamentaria reducida: Fuerza Vecinal, Alianza del Lápiz, Centrados, Avanzada Progresista. Los vínculos entre el sector opositor que defiende los comicios del 28 de julio y demanda mayor libertad, frente a quienes han optado por seguir la vía institucional del chavismo para obtener logros factibles, se encuentran actualmente bastante deteriorados, llegando incluso al plano individual.

Pese a la supuesta apertura institucional que ha ensayado el régimen chavista, las circunstancias para desarrollar la actividad política no resultan nada nítidas. El conjunto de dirigentes perjudicados por el destierro, la prisión, el anonimato forzado o el fallecimiento durante este periodo complica el impulso hacia la militancia espontánea. El mismo régimen chavista admite que hay cerca de 11.000 individuos bajo procesos legales. Asimismo, las excarcelaciones ocurridas bajo el marco del indulto arrastran los sombríos relatos sobre las prisiones de Nicolás Maduro, los cuales se difunden actualmente por plataformas digitales y charlas particulares.

Los políticos que recién salen de la clandestinidad (Andrés Velásquez, Delsa Solórzano, Henry Ramos Allup) están recién ahora empezando a dar declaraciones públicas. La apertura política que vive el país encuentra a una sociedad paralizada por el miedo a la represión y un liderazgo disidente fragmentado y agredido. La conducción de la estrategia política de las corrientes antichavistas ha estado, desde 2023, en manos de María Corina Machado, la dirigente más popular del país. La sola mención de su nombre, como el de Edmundo González Urrutia, el candidato ganador de las presidenciales de 2024, llega a ser un tabú público y expone a ir a la cárcel a quien los invoque, justifique o elogie.

Machado se desempeña con vigor desde el destierro, no obstante, muy a su pesar, se ve obligada a operar lejos de la realidad diaria de los ciudadanos en Venezuela. Esta situación se repite con Edmundo González, Leopoldo López, Julio Borges, Carlos Vecchio, Freddy Guevara, David Smolansky, Carlos Ocariz o Antonio Ledezma, además de otros líderes que fungen como el rostro principal de la lucha del bloque democrático en la actualidad.

“No estamos disgregados: la Plataforma Unitaria se ha estado reuniendo durante todo este tiempo, incluso en la clandestinidad”, dice Delsa Solórzano, fundadora de Encuentro Ciudadano, una de las dirigentes emblemáticas de la oposición que continúa en el país. “Cada uno de los partidos de la Plataforma está trabajando duro para evitar la disgregación, nos estamos apoyando y complementando”, agrega. Los dirigentes de la oposición ya están comenzando a recorrer barriadas de la periferia urbana y el interior. “Estamos consolidando la cohesión, esperando el momento del regreso a la política. No deberían subestimarnos”, ha enfatizado.

Entre los partidos de la Plataforma Unitaria, afirman fuentes desde dentro de las organizaciones, hay consensos sobre los temas prioritarios y posibles: reforzar los vínculos con los movimientos sociales, las familias de los presos políticos y las demandas salariales; reivindicar el resultado electoral de julio de 2024, y, en el mediano plazo, exigir más democracia para abrir las compuertas a una verdadera transición política. “Hay un buen ambiente dentro de la Plataforma, mucho mejor que el que teníamos hace un tiempo”, afirma un dirigente del partido Causa Radical que ha preferido no identificarse. “Queremos ampliar este bloque, reforzarlo, en eso andamos. No hemos parado de reunirnos y trabajar, aunque la gente no lo vea”.

Lo que queda por hacer, sin embargo, es mucho. El futuro político en Venezuela sigue teniendo una espesa niebla. En el actual diagrama, la marcha de los acontecimientos permite avizorar, en las corrientes opositoras, el desarrollo de dos políticas. Los sectores moderados van a apoyarse en la consolidación de un diálogo con Miraflores para tratar de influir en el statu quo, privilegiando la agenda económica para mejorar las condiciones de vida de la población y aliviar el ambiente cotidiano. La tendencia mayoritaria de la Plataforma Unitaria, por su parte, procurará retomar la calle y ejercer sus derechos constitucionales para hacer efectivo el camino a la democracia.

“Un problema que tienen los sectores de la oposición que ahora tienen acceso a los ‘pasillos del poder’, o espacios de decisión, es que carecen de representatividad clara y aceptación social”, afirma Guillermo Aveledo Coll, analista político y Decano de Estudios Jurídicos y Políticos de la Universidad Metropolitana de Caracas. “Por el contrario, los grupos coaligados en la Plataforma Unitaria, que históricamente han representado la demanda social de cambio político, no tienen acceso a las instituciones y los espacios de decisión.”

A pesar de todo, el ambiente existente en el país luego del ataque estadounidense del pasado 3 de enero ha renovado el ánimo para la protesta ciudadana. Todo ha sido a tientas, pero es uno de los rasgos más notorios de este nuevo momento político. Ahora, las convocatorias están lideradas por el movimiento estudiantil, iniciativas de sectores académicos y familiares de los presos políticos. Los nombres de la oposición han comenzado a tener conversaciones con los miembros del cuerpo diplomático presente en el país.

“Para los sectores insertos en el sistema es difícil criticar al poder más allá de pequeñas demandas, lo que debilita su legitimidad”, dice Aveledo. “Para el resto de la oposición, el camino debe ser concentrar las demandas, no solo en temas de políticas públicas, sino en la agenda de democratización del país”. Aveledo observa como una dificultad estructural para las dos tendencias lo complicado que resulta “cualquier intento de coordinación entre ellas”.

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