‘Cómo llegar al cielo desde Belfast’: una pequeña obra maestra entre ‘Twin Peaks’ y ‘Yellowjackets’
La nueva serie de la creadora de ‘Derry Girls’ es un festín para los amantes de la comedia, aquí transformada en una historia de oscurísimos secretos entre amigas, cadáveres fantasma y una colección de imitadoras de Dolly Parton


Es de noche, está oscuro y Dara, Saoirse y Robyn siguen en un lugar llamado Knockdara, suerte de Twin Peaks de la campiña weird irlandesa, en el que el atractivo mecánico que recoge tu coche después de que casi te mates en un accidente más o menos provocado por el marido de tu vieja mejor amiga es también agente de policía. En realidad, sólo hay tres agentes de policía en Knockdara. También hay una señora que limpia la morgue, un country bar repleto de siniestras imitadoras de Dolly Parton, un único hotel sin habitaciones disponibles —pero con desvanes en los que poder instalar camas de tres en tres— y una familia que se hace fotografías caminando de perfil, con un brazo en el hombro de quien tiene al lado, y mirando a la cámara. El folkie noir de Lisa McGee, la creadora de Derry Girls, Cómo llegar al cielo desde Belfast (Netflix) es una pequeña obra maestra.
Piensen en el mundo algorítimo actual, y en sus consecuencias para los creadores de altura en el mundo de las series de televisión. El mismo Alan Ball (A dos metros bajo tierra, True Blood) lo explicó hace no demasiado en este periódico. La industria ha dejado de correr riesgos. De ahí que nada que no encaje en un perfil conocido sea difícilmente producible. Pero luego está la manera en que el creador, en este caso, creadora, sabiamente, se embute en el arquetipo —aquí, la historia de un secreto que cuatro amigas han guardado durante 20 años, y que recuerda, siempre cómicamente, porque ese es el arma infalible de McGee, a Yellowjackets— para pasarlo en grande dentro. Y eso implica desde copiar planos de Twin Peaks —atentos a la llamada de teléfono, y el filtro rojizo del primer episodio— hasta entregarse (genialmente) al absurdo.
Les daré las coordenadas. Si vieron Derry Girls —si aún no lo han hecho, les recomiendo que lo hagan cuanto antes— es probable que tengan la sensación de estar viendo a una versión de aquellas amigas de singular y cantarín acento —el famoso Derry accent— 20 años después. Las amigas en cuestión son tres. Ya las hemos mencionado. Dara (la actriz Caoilfhionn Dunne) vive con su madre, a la que sobrecuida —en una variante de la madre sobreprotectora: la hija sobreprotectora—, y con un gato diabético y ha perdido al amor de su vida —que acaba de ser madre con su chica—. Robyn (Sinead Keenan), una Derry girl que conduce un monovolumen repleto de niños —sus hijos— que la sacan de quicio y que sólo quiere recuperar el silencio. Y Saoirse (Roisin Gallagher), una guionista de televisión que odia a la protagonista de su policial y presume de vivir en Londres.

Las tres hicieron una promesa en el pasado. Guardar el secreto de lo que había hecho Greta (Natasha O’Keeffe), la cuarta amiga. Greta supuestamente cometió algún tipo de crimen que las amigas encubrieron —aunque tendremos que esperar tres capítulos para descubrir qué clase de crimen fue—. Y ahora puede que alguien lo haya descubierto. Porque Greta ha muerto. Sí. Lo que hacen las tres en Knockdara es asistir a su entierro. O tratar de hacerlo. Porque al llegar se dan cuenta de que molestan, y en más de un sentido. No han sido invitadas por quien ellas creían. Entonces, ¿quién ha sido? El whodunnit se transforma, a golpe de línea brillante —la comedia está por encima de cualquier tipo de tragedia; de hecho, como en Derry Girls, la tragedia no es más que una excusa para el absurdo—, en un enredo sideral en el que lo que pasó cambia de forma constantemente.
McGee, una genia del absurdo en lo que a relaciones entre amigas se refiere, y en lo que a relacionarse con el mundo y sus cada vez más ridículas reglas, da una masterclass en ocho episodios de aquello que puede hacerse con los límites: expandirlos.
Porque está claro que está forzando la máquina —la manera en que repite códigos del género como lo haría un slapstick lo indica— pero, a la vez, se permite construir algo nuevo, un revulsivo que toma lo mejor de aquello que exploró el noir de otra manera —desde Twin Peaks hasta Search Party, pasando por Bored to Death— y lo coloca en la coctelera que convirtió en pieza de culto instantáneo su adolescencia en un colegio de monjas de Derry, es decir, Derry Girls. ¿De fondo? Las amigas, siempre. Como el lugar en el que empieza todo, y en el que todo debería siempre continuar.
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