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Enfermedades tropicales
Tribuna

La grave emergencia de ataques de serpientes

Entre 81.000 y 138.000 personas mueren al año por envenenamiento; la inmensa mayoría en países de bajos y medios ingresos. Es una crisis de desigualdad infrafinanciada, que apenas recibe atención

Una paciente fue atendida en la unidad de cuidados intensivos del hospital de Abyei (Sudán), después de ser mordida por una serpiente en noviembre de 2025.Maurizio Debanne (Maurizio Debanne/MSF)

Durante 2018, el entonces secretario general de Naciones Unidas, Kofi Annan, definió la intoxicación por mordeduras de ofidios como “la mayor crisis de salud pública de la que nunca has oído hablar”. Este planteamiento tan firme subraya la esencia paradójica de los ataques de serpientes como un reto de salud global. Aun con su efecto destructivo, se mantiene mayoritariamente desatendida dentro de las narrativas y normativas de sanidad pública.

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), hasta 5,4 millones de personas son mordidas cada año en todo el mundo. Entre 81.000 y 138.000 personas mueren al año. Aproximadamente el 95 % de las muertes se producen en países de bajos y medios ingresos. Cientos de miles de supervivientes sufren además secuelas como discapacidad o trastorno de estrés postraumático.

A pesar de ello, el envenenamiento permanece insuficientemente identificado y con fondos limitados. La OMS la definió en 2017 como una enfermedad tropical desatendida (ETD) buscando quebrar el descuido estructural que ha hecho que esta situación crítica perdure.

Aunque casi todos los países tienen especies de serpientes terrestres, el envenenamiento por mordedura de serpiente es hiperendémico en las regiones tropicales del mundo en desarrollo, dado que se trata de un animal ectotermo (de sangre fría).

Los datos epidemiológicos en zonas con recursos limitados suelen ser deficientes y, sin datos, suele percibirse como un problema de baja prioridad. Los registros hospitalarios, cuando existen, pueden indicar el número de pacientes ingresados por mordedura, pero no incluyen a quienes no llegaron al hospital, como aquellos que buscaron tratamiento con curanderos tradicionales. Las encuestas epidemiológicas retrospectivas son el método más fiable.

Una encuesta nacional en India —el país con mayor número de casos a nivel mundial— reveló una estimación de 45.900 muertes anuales relacionadas con mordeduras de serpiente. Esta cifra es diez veces superior a la registrada por el sistema nacional de notificación.

Las encuestas domiciliarias también pueden proporcionar información detallada sobre las mordeduras de serpiente. Así se han encontrado cifras elevadas de casos y muertes en Cabo Delgado (Mozambique).

Las empresas farmacéuticas han desatendido el emponzoñamiento ofídico porque este impacta principalmente a grupos campesinos de escasos recursos en los países en desarrollo.

En muchos entornos, el mayor riesgo de mordedura de serpiente se da entre jóvenes trabajadores agrícolas o pastores. Los niños pequeños presentan un mayor riesgo de enfermedad grave debido a su menor peso corporal en relación con la cantidad de veneno inyectado. Además, la incidencia de las mordeduras de serpiente puede aumentar tras desastres naturales y crisis humanitarias, especialmente tras inundaciones o desplazamientos de población hacia zonas con alta abundancia de serpientes venenosas.

Antivenenos: avances y desafíos

Los primeros antídotos se desarrollaron a finales del siglo XIX. Tras el descubrimiento de la seroterapia para la difteria y el tétanos, Albert Calmette, del Instituto Pasteur, inmunizó animales con veneno de cobra india (Naja naja) y utilizó su suero rico en anticuerpos para tratar a pacientes con mordeduras de serpiente. Pocos años después, Vital Brazil, del Instituto Butantan de São Paulo, demostró que los antídotos solo son eficaces frente al veneno de la especie para la que han sido producidos (o, en algunos casos, de especies estrechamente relacionadas).

Hoy, el método de producción de los antídotos sigue basándose en la inmunización de animales —generalmente caballos— con venenos seleccionados, seguida de la obtención de plasma y la purificación de los anticuerpos, que posteriormente se formulan como tratamientos inyectables.

Aún no se dispone de un antídoto de carácter universal. Por el contrario, estos remedios siguen consistiendo en bioterapéuticos elaborados específicamente con el fin de contrarrestar a las variedades de serpientes con mayor relevancia clínica dentro de una zona geográfica concreta.

Hay diversos sueros disponibles comercialmente, cada cual con características distintas. Gran parte de ellos son elaborados por laboratorios estatales destinados a sectores nacionales o áreas geográficas reducidas. Si bien este esquema ha funcionado bien en ciertas zonas —especialmente en América Latina, donde los fabricantes locales cooperan mediante circuitos de estudio—, otros territorios poseen una disponibilidad restringida de tratamientos efectivos ajustados a la fauna venenosa propia de su entorno.

La crisis de los antídotos en África

La industria farmacéutica ha descuidado el envenenamiento por mordedura de serpiente porque afecta principalmente a comunidades agrícolas pobres del mundo en desarrollo y no existe un incentivo de mercado para desarrollar mejores tratamientos.

Durante las últimas dos décadas, África subsahariana ha experimentado la crisis de suministro de antídotos más grave. Solo existe un fabricante en toda la región, con sede en Sudáfrica, que atiende exclusivamente las necesidades nacionales. El resto de África subsahariana ha dependido en gran medida de fármacos fabricados en el extranjero por empresas privadas con fines de lucro.

Algunas compañías, entre ellas Sanofi, decidieron dejar de comercializar su antídoto panafricano debido a la falta de una demanda de mercado viable. En paralelo, han entrado en el mercado productos de baja calidad. Se documentaron múltiples informes clínicos de fracasos terapéuticos, lo que llevó a algunas autoridades sanitarias nacionales a perder la confianza en la terapia con antídotos y a reducir su uso.

Dicho contexto incitó a la OMS a intensificar el control sobre el mercado de antídotos en África subsahariana. Se han alcanzado mejoras: se descartaron suministros deficientes y se identificaron medicinas que respetan los niveles de calidad. El objetivo venidero es perfeccionar la entrega de los antídotos más potentes y establecer métodos de financiamiento que eviten que los damnificados asuman el gasto del tratamiento personalmente, dado que estos desembolsos suelen posponer o imposibilitar el acceso a los cuidados de salud.

Nuevos diagnósticos y terapias para el siglo XXI

Diversas innovaciones podrían mejorar de forma significativa el manejo de las mordeduras de serpiente. En Australia ya se utilizan pruebas diagnósticas para identificar la especie responsable de la mordedura. Asimismo, se han desarrollado aplicaciones móviles basadas en inteligencia artificial para ayudar a identificar la especie.

La cartera de tratamientos de segunda generación está llena de productos prometedores. Entre las innovaciones en desarrollo se incluyen tratamientos con moléculas capaces de neutralizar todas las toxinas de una misma familia.

Dichas terapias recientes únicamente se implementarán de forma eficaz si se subsanan por completo las carencias de las redes sanitarias en aquellas regiones con mayor incidencia de ataques. La carencia de medios de traslado de emergencia en entornos campestres y los desembolsos inmediatos de los habitantes rurales con escasos recursos constituyen obstáculos imposibles de vencer sin acciones específicas.

La lucha contra la mordedura de serpiente se encuentra en una encrucijada. Podría volver a fracasar en la movilización de recursos como ha ocurrido en el pasado. La lucha contra la mordedura de serpiente ya no es solo una cuestión técnica; es, más que nunca, una cuestión política orientada a lograr la igualdad.

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