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Columna

Dudoso prestigio

Si en el mundo de los vivos todo se precipita tarde o temprano por el sumidero, ¿por qué habría de librarse el más allá de semejante promiscuidad hidráulica?

Relieve de tres ratas en el Museo de Historia Natural de Londres. Justhavealook (Getty Images)

Mientras pitaba la cafetera, aludieron en la radio a alguien que había enfermado gravemente al sumergirse en las aguas del Támesis, contaminadas por los orines altamente tóxicos de las ratas británicas. Si las ratas existen, pensé, tienen que mear en algún sitio, pobres (procuro hacerme cargo de las necesidades de todos los seres vivos), pero habrían podido elegir otro. Nada más antiliterario para comenzar el día que hacerse cargo de las miserias fisiológicas de ese mamífero, que, por otra parte, no son muy diferentes de las nuestras. Bajé el volumen por si se les ocurría decir algo parecido del Danubio o del Sena o del Rin, ríos a los que uno se ha asomado con una sumisión romántica que quizá no se merecían. Ríos, incluso, en los que uno se ha suicidado imaginariamente. Virginia Woolf, que se suicidó de verdad, eligió sin embargo el Ouse, un río doméstico y apacible, lejos de la monumentalidad de los ya mencionados. Esa modestia paisajística y rural contrasta con el peso simbólico que terminó adquiriendo su muerte en la historia de la literatura. No sabe uno cómo acertar.

El caso es que la noticia de la radio abrió una grieta en mi sistema de aureolas fluviales. Una vez que las neuronas se aceleran, es difícil frenarlas. Y así, mientras daba cuenta del café recién preparado, me pregunté si el Leteo, de cuyas aguas beben las almas de los difuntos para olvidar quiénes han sido antes de volver a la existencia terrenal, y al que siempre había imaginado puro, silencioso y metafísico, como hecho de humo, contendría también orina de ratas, en este caso de ratas extintas, claro. Si en el mundo de los vivos todo se precipita tarde o temprano por el sumidero, ¿por qué habría de librarse el más allá de semejante promiscuidad hidráulica? Tal vez, se me ocurrió entonces, la auténtica función del famoso río del inframundo no sea tanto borrar la memoria como rebajar el prestigio de lo recordado. El dudoso prestigio de los mitos.

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