Los jardines de Feijóo
Las ganas del líder de la oposición de pillar en un renuncio al Gobierno le llevan a hablar sin importar la coherencia del contenido o si incomoda a terceros


Quizás la consecuencia más inesperada de la desclasificación de los documentos del 23-F ha sido ver a Alberto Núñez Feijóo obligando a la Casa Real a emitir un comunicado. Mientras la impresión general coincidía en que los papeles contaban pocas cosas nuevas y reforzaban la figura de Juan Carlos I, el líder de la oposición parecía descubrir el papel del rey emérito. “La desclasificación de los documentos del 23-F debe reconciliar a los españoles con quien paró el golpe de Estado. Creo que sería deseable que el Rey Emérito regresara a España”, escribía en X. Con la misma, Feijóo reconocía la existencia de una fractura entre la ciudadanía española y Juan Carlos de Borbón, al tiempo que insistía en recuperar su residencia en España para que viva sus últimos años con dignidad, en agradecimiento a sus acciones durante el golpe. Como si la fractura viniese del 23-F, el emérito tuviese prohibido regresar, o llevase una vida de estrecheces.
No deja de sorprender la facilidad de Feijóo para meterse en jardines, cualidad que ha ido en aumento desde su llegada a Madrid, cuando venía a traer una política pausada y sin descalificaciones. Desde entonces, sus ganas de pillar al Gobierno en un renuncio y abrir el enésimo frente hasta la victoria final parecen el motor creciente de sus palabras. Sus ganas o las de sus allegados, empezando por quienes escriben sus discursos regodeándose en la frase fácil y sonora, sin importar la coherencia del contenido o incomodar a terceros. En esta ocasión, la Casa Real, que ha reaccionado con un mensaje más contundente de lo habitual. A Juan Carlos nadie le impide regresar, pero si lo hace deberá acatar las leyes y cumplir con Hacienda como todos los ciudadanos. Porque los “errores innegables” que Feijóo reconocía en su tuit hablan de una fortuna opaca en Suiza de la que Felipe VI hizo esfuerzos por desvincularse para salvaguardar la Corona.
“¿Cuántos delincuentes se van a colar en España?”, preguntaba Ester Muñoz, portavoz del PP en la misma sesión del Congreso, aunque aludiendo a la regularización de inmigrantes. Y ese mismo día, Cayetana Álvarez de Toledo avalaba la última moda importada por la extrema derecha de las campañitas culturales estadounidenses, disparando a Sánchez un nuevo bulo que ya sufrió Obama: el de la enfermedad incapacitante.
Mientras, en Vox sonríen y se frotan las manos.
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