México entra en el tablero global de los minerales críticos en medio del pulso entre EE UU y China
Washington apuesta por su socio comercial para reducir su dependencia, mientras el país enfrenta cuellos de botella en inversión, permisos y seguridad


Los nódulos polimetálicos parecen pequeñas trufas de chocolate en las profundidades del mar. En realidad, estos contienen altos porcentajes de minerales críticos como níquel, cobre, cobalto, manganeso y otras tierras raras que son esenciales para los dispositivos móviles, la electromovilidad y la industria militar. En su carrera por controlar el suministro global de insumos estratégicos, Estados Unidos anunció en agosto un acuerdo de cooperación con las remotas Islas Cook, en el Pacífico, para explorar la minería de aguas profundas de unas 6.700 millones de toneladas métricas de estas esferas marrones. En una muestra de cómo la geopolítica se está dividiendo en dos bandos que buscan asegurarse las materias primas que darán forma a la economía del próximo siglo, China también firmó un acuerdo con las islas para la indagación y gestión de los recursos de su lecho marino.
“Hay otra sección del mar, cercana a México, que también podría tener estos nódulos polimetálicos”, describe Yaxa Michel, presidenta de la Asociación Mexicana de Minerales Críticos, un sector que está tomando relevancia. La extracción de los nódulos no requiere excavación profunda, porque están casi a ras de vastas extensiones del suelo oceánico, más abundantes en la costa oeste del Pacífico mexicano, según la Autoridad Internacional de los Fondos Marinos (ISA, por sus siglas en inglés). Michel explica que México está posicionado para iniciar una extracción propia de nódulos polimetálicos. También para servir como enclave estratégico donde las mineras transformen esa materia prima en productos de mayor valor para distribuirlos hacia Estados Unidos.
Washington apuesta a que su principal aliado económico sustituya parte del rol que juega China en la explotación y refinación de materias primas cruciales. México surge como un actor clave –aunque incipiente– en esta cadena de suministro, no solo por poseer reservas potenciales de manganeso, plata o litio, sino porque su ventaja relativa se basa en su integración manufacturera con el resto de Norteamérica. No obstante, primero tendrá que superar barreras de capital para la exploración, además de cuellos de botella regulatorios, de suministro de agua e incluso de seguridad.
“Nos hemos dado cuenta de que el tema de la inversión es muy complicado. Podemos decir que sí hay inversión en lo que ya existe, los minerales clásicos como plata y cobre, pero no tanto en cosas nuevas”, agrega la experta. “Tendríamos que voltear y ver las posibilidades que está abriendo el juego geopolítico actual para México. Si se impulsa toda la cadena de suministro, particularmente en el área de procesamiento, que es en donde China acapara la transformación en muchísimos minerales que son muy relevantes para nuestro vecino del norte”, analiza Michel.
Los minerales críticos son aquellos que un país no produce o cuyo suministro puede ponerse en riesgo en momentos de conflicto o ruptura de las cadenas de proveeduría, generando escasez en su base industrial. Los expertos consideran que Estados Unidos está llegando tarde a esta carrera, como quedó en evidencia en 2025, cuando China, en protesta por la imposición de aranceles a sus exportaciones, impuso un bloqueo de tierras raras; algo que ha estado en el centro de las conversaciones entre ambos países esta semana en Francia.
Emulando su Reserva Estratégica de Petróleo, la Casa Blanca anunció en febrero el Proyecto Bóveda, un esfuerzo público-privado de 12.000 millones de dólares para importar y almacenar materiales esenciales en instalaciones seguras en varios puntos del territorio, como una vía para asegurar los suministros del país y, eventualmente, de sus aliados interesados en sumarse al esquema. El Export-Import Bank of the United States (EXIM), la agencia oficial de crédito a la exportación, está financiando el grueso del proyecto, mientras busca otras empresas, incluso fuera del país, para apalancarlas. La condición es no tengan participación china y se consideren compradores estadounidenses.
Un mes después, el país firmó con su principal socio comercial un plan para establecer un sistema de comercio preferencial para estos materiales. Este incluye la fijación de precios mínimos en la frontera, el intercambio de información sobre la ubicación de posibles yacimientos, el acopio coordinado de reservas y la identificación de proyectos de minería, procesamiento y manufactura en México, Estados Unidos o terceros países. El objetivo es aumentar la producción y el abastecimiento de 60 minerales listados por Washington, que en 2025 incluyó al cobre, el silicio, la plata y el renio, destacando su altísima dependencia de la importación de tierras raras. Estas están presentes en todos los productos que contienen imanes, como radares, aviones de combate, equipos de geolocalización o celulares. Además, no tienen sustitutos inmediatos. Una batería de auto, por ejemplo, que pesa unos 10.000 kilos, contiene apenas un kilo de minerales raros: una proporción mínima, pero fundamental.
La urgencia se ha acentuado con la guerra en Irán, que ha reavivado los riesgos sobre rutas energéticas, como el estrecho de Ormuz, y elevado los precios del petróleo, recordando a las potencias la vulnerabilidad de sus cadenas de suministro. En este entorno, los minerales críticos adquieren una dimensión geopolítica comparable al crudo: si China decide cerrar esa llave, como lo hizo con Japón en 2010 por una disputa territorial, podría poner en aprietos los objetivos bélicos de Estados Unidos.
Nodo industrial
La industria minera ha solicitado a la Secretaría de Economía que plantee a sus socios la inclusión de un capítulo sobre el sector en la revisión del TMEC, el tratado de libre comercio entre las tres economías norteamericanas. México y Estados Unidos iniciaron esta semana las primeras reuniones bilaterales formales con vistas a la revisión del acuerdo, que cubre la mayor parte del intercambio comercial entre los socios. La idea es poner sobre la mesa la reconfiguración de una cadena de abastecimiento robusta que conecte a las partes, como ocurre en la industria automotriz o cosmética. Además, proteger de aranceles las exportaciones mexicanas de cobre que en un 90% de los casos tienen como destino China.
Si bien México es productor de algunos materiales críticos, principalmente plata y cobre, no se considera una potencia dominante en este sector. No obstante, a medida que Washington ha ido recuperando su esfera de influencia en la región, también ha cerrado acuerdos con extractores relevantes como Perú, Argentina, Venezuela y, más recientemente, Chile. Por ello, necesitará un enclave —que podría ser México o Canadá, bajo el paraguas del TMEC— para transformar esos commodities en refinados como briquetas, cátodos o discos.
El Instituto de las Américas reafirma en un estudio reciente que los obstáculos en la región no radican en la disponibilidad de recursos, sino en la baja inversión en procesamiento. Chile y Perú representan cerca del 40% del cobre extraído a nivel mundial, mientras que Chile y Argentina aportan alrededor de un tercio del litio. América Latina alberga hasta el 60% de los recursos de litio conocidos. Brasil y Canadá poseen importantes reservas de níquel y grafito, así como prometedores depósitos de tierras raras. Sin embargo, la mayor parte de este material aún sale del hemisferio como concentrado y se refina en otros lugares, particularmente en China.
El Gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum ha señalado que el plan conjunto con Estados Unidos no busca necesariamente abrir de forma apresurada las concesiones mineras a empresas estadounidenses, sino convertir a México en un nodo manufacturero para agregar valor a las materias primas que circulan por el continente. También pretende asegurar el abasto de materiales como el aluminio y el hierro, que no se producen (o no en cantidad suficiente) en el país.
La industria se encuentra en fase de arranque. Para la explotación de los yacimientos de silicio en Sonora, por ejemplo, todavía no existe una tecnología escalable para extraerlo de la arcilla en la que se presenta. Además, persisten retrasos en la aprobación de permisos ambientales y de uso de agua. Según el informe anual de la Cámara Minera de México, este sigue siendo uno de los principales obstáculos para el sector, con trámites vinculados a inversiones por unos 6.900 millones de dólares. Los grupos criminales también han puesto en la mira a las minas.
“Estados Unidos no se quiere quedar atrás. Sabe perfectamente bien que el país que detente la hegemonía económica en los próximos 50 o 100 años será el que domine la tecnología y, para ello, debe asegurar el abasto de materias primas”, señala Cynthia Valeriano, profesora de Economía del Tecnológico de Monterrey.
“Estamos viendo cómo la delincuencia organizada está penetrando estos sectores, así que seguramente, en este proceso de negociación del TMEC, será prácticamente inevitable incorporar algún acuerdo de colaboración para reforzar medidas de seguridad y garantizar que las industrias norteamericanas y canadienses puedan invertir en condiciones adecuadas”, concluye.
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