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Una carta abierta de la comunidad artística pide al Gobierno que haga públicos los permisos para la salida del país de una treintena de obras protegidas (Fridas, Riveras y Orozcos entre otros) tras la cesión del acervo al Banco Santander


El conflicto relacionado con la Colección Gelman continúa intensificándose. Superando los 200 expertos del sector artístico han manifestado su rechazo hacia la administración que el Estado mexicano ejerce sobre uno de los conjuntos de arte moderno más relevantes de la nación. Específicamente, señalan al Instituto de Nacional de Bellas Artes (INBAL) por “opacidad” y por promover el “mal uso de la ley”. La controversia surgió después de informarse a comienzos de año sobre el traslado fuera de México de una fracción del patrimonio (cerca de 160 piezas de un conjunto superior a 300) con el fin de ser expuesto y resguardado en España por el Banco Santander. Los tesoros de la muestra, las creaciones de Diego Rivera, José Clemente Orozco y David Alfaro Siqueiros y, primordialmente, los 18 Frida Khalo se encuentran amparados por una rigurosa legislación de Patrimonio, la cual exige al INBAL fiscalizar y permitir toda exportación del territorio nacional.
En una primera carta abierta, firmada por curadores y gestores como Cuauhtémoc Medina, Ana Elena Mallet o Mónica Mayer, acusaba al INBAL de “incumplir su mandato” y le instaba a dar más detalles sobre el futuro de las obras. La institución respondió este miércoles asegurando que “ha buscado en todo momento proteger esta colección” y que los detalles concretos se dieron durante la inauguración hace un mes de la exposición temporal de parte de la colección Gelman en el Museo de Arte Moderno (MAM) de Ciudad de México. Es la primera vez que la colección se exhibe en el país desde hace más de 20 años, tras décadas girando por medio mundo por pleitos legales entre herederos.
La directora del INBAL, Alejandra de la Paz, informó el día de la inauguración de la exposición que habían firmado un acuerdo con las dos partes involucradas. Por un lado, los propietarios de la colección, la familia Zambrano, una saga de empresarios de Monterrey. Por otro lado, la “figura de gestión ante la posibilidad de itinerancias internacionales”, es decir, la Fundación Santander, que albergará el acervo en el nuevo centro cultural Faro Santander, que se inaugurará en junio, tras terminar la exposición en el MAM. De la Paz precisó también que la autorización del INBAL tiene una vigencia de cinco años y que se puede renovar. Son 28 obras las que tienen la declaratoria de Monumento Artístico, de las que dijo tener la obligación “de cuidar que se cumplan con todos los aspectos técnicos de conservación”.
La nueva carta publicada este jueves cuestionó la manera “de hacer pública una información de interés general en el marco de una inauguración a puerta cerrada, a la que solo se podía asistir por invitación”. Insisten además en pedir “a las autoridades responsables claridad sobre estos permisos, los cuales han sido otorgados de manera opaca, sin que sea de conocimiento público su fecha de terminación, la identidad de quienes los recibieron o las razones que justifican tales atribuciones”. En concreto, solicitan al INBAL que se hagan “públicos los permisos de exportación de las obras con Declaratoria de Monumento Artístico”. “ No queda claro”, añaden, “a quién se le ha otorgado el permiso de exportación: a los coleccionistas mexicanos, mencionados en el comunicado, o al Banco Santander, que va a “gestionar” la colección. No se sabe, por tanto, quién será el principal responsable del cuidado de la obra”.
El acervo de los Gelman, una misteriosa pareja de millonarios europeos que llegó al país a mitad del siglo pasado, ha estado rodeado de intrigas desde muy pronto. Sobre todo desde la muerte del marido, Jacques Gelman, un poderoso productor de cine, y la entrada en escena del curador estadounidense Robert R. Littman. Una figura clave que contribuyó a aumentar la colección como asesor de confianza de Natasha Gelman. Pero las cosas se fueron enredando más tras la muerte de la viuda a finales de los noventa. Littman anuncia que el testamento establece que él es el albacea y que la colección debía quedarse en México. Tras un intento fugaz de alojarla en un museo del país a principios de este siglo, una lluvia de supuestos herederos empezaron a pelear por los derechos del acervo. Fue entonces cuando Littman puso a girar la colección por medio mundo. La última noticia que se tenía de la colección era que en 2024 Sotheby’s puso a la venta un lote con varias obras de la colección. Entre ellas, obras de David Alfaro Siqueiros y María Izquierdo, protegidas por la ley de Patrimonio mexicana. El Gobierno paralizó la subasta.
El escrito de los 200 especialistas del arte señala asimismo que “tras el cambio de propietario, la colección pudo haber encontrado condiciones para quedarse en México, para el disfrute del público y para el potencial desarrollo cultural de nuestro país” Y finalizan con un aviso postrero: “Las instituciones culturales del país deben velar por el cumplimiento cabal de la ley, y no fomentar el mal uso de la misma basándose en interpretaciones a modo que privilegian a un grupo empresarial sobre el resto de la ciudadanía”.
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