El rótulo mexicano venció al poder: la nueva vida de los letreros a mano
La prohibición del oficio en las calles del centro de Ciudad de México llamó la atención de las nuevas generaciones. Papallones conversa con artistas y aprendices que han resucitado uno de esos pequeños trabajos esenciales del paisaje urbano


El estudio de Alina Kiliwa, al norte de Ciudad de México, es un remanso en el bullicio de la capital. Destapa un bote de pintura azul, agarra uno de sus pinceles y comienza a dibujar con delicadeza cinco letras sobre una de las alcancías con forma de taquería desperdigadas por su mesa: “SIGNS”. Cuenta con voz calmada que el oficio del rotulismo ha tenido un nuevo auge en las grandes ciudades del país desde que el anterior Gobierno de la Alcaldía Cuauhtémoc decidió borrar, a mediados de 2022, las inscripciones en los comercios callejeros de la entidad. “Toda la gente empezó a mirar más. Empezó a haber más trabajo y más clientes que pedían hacer los rótulos con la estética de la gráfica popular mexicana”, explica. Los letreros pintados a mano navegan desde entonces sobre esa ola, impulsada por artistas y nuevas generaciones que se han interesado en uno de esos pequeños oficios esenciales para el paisaje urbano de México.
De las paredes del estudio de Kiliwa (Ciudad de México, 42 años) cuelgan varios rótulos y sobre su mesa queda alguno que otro a medio hacer. “Me he dado cuenta de que ahora hay más interés, porque he subido de seguidores [en redes] a partir de ese hecho [el borrado de las calles]. También ha habido muchas exposiciones enfocadas al rotulismo que antes de que pasara eso ni siquiera podía imaginar”, afirma. La artista estudió diseño en la universidad y unos años después empezó a buscar talleres y cursos de rótulos. “Me acuerdo de que cuando era muy niña me decían que qué quería ser de grande y yo respondía que quería ser pintora, pero yo quería pintar los rótulos”, narra.
La rotulista ha logrado convertirse en una de las más conocidas de la capital, con más de 65.000 seguidores en redes y con cursos en plataformas como Domestika. Dice que, por lo general, el público que se acerca a sus talleres es gente joven y estudiantes de diseño: “A lo mejor no lo hacen para dedicarse a ello, pero sí para entender cómo se hace. Creo que eso también hace que esas nuevas generaciones respeten el oficio”.

Esas letras identitarias han pasado por diferentes polémicas en los últimos años en la capital. Quizás la más sonada fue la declaración de guerra en mayo de 2022 por parte de la exalcaldesa de Cuauhtémoc Sandra Cuevas (2021-2024), que buscaba que los comerciantes ubicados en la vía pública conservaran “siempre limpia su área de trabajo”. La decisión se tradujo en la sustitución de los letreros por una capa de pintura blanca y el logo de la Alcaldía.
Los rótulos volvieron a decorar los negocios a finales del año pasado bajo la Administración de Alessandra Rojo de la Vega, que expuso que “el ataque a los rótulos fue una tentativa de homicidio cultural”. La fuerte polémica —surgida en la gran entidad de la capital— expandió el interés en el oficio por todo el país. Pero la controversia no solo quedó ahí: la Benito Juárez también prohibió los rótulos en sus calles en 2025 y, un tiempo atrás, Xochimilco vivió un fenómeno parecido, cuando algunos negocios se vieron obligados a llevar el color guinda, característico del partido oficialista de Morena, según criticaron entonces locatarios y activistas.
Una boina de lado y sumas
Raúl Ángeles (Ciudad de México, 62 años) se coloca la boina ligeramente ladeada, como un artista inspirado en medio de su gran obra. Empezó en la rotulación tradicional hace ya 40 años y hace tres empezó a instruir a jóvenes —y no tan jóvenes— en Pilares La Joya, uno de los centros comunitarios impulsados por el Gobierno de Ciudad de México al sur de la capital. Llegó al puesto tras la crisis en la Cuauhtémoc y desde entonces han pasado cerca de 300 alumnos por el lugar. “El presente lo veo muy alentador. Veo que muchas personas se están acercando, que están dándoles un empujoncito. Yo le veo futuro”, expone. Ángeles ha sentido que el rótulo “está queriendo tener un segundo aire” y cree que “la gente empieza a voltear más hacia lo hecho a mano”.
En la sala hay media decena de alumnos: cuatro mujeres, de entre 25 y 30 años, y un hombre de 62. Andrea Cervantes, 28 años, le lanza una pregunta al “profe”. Ángeles la responde escribiendo una suma en el cristal que tiene junto a él. Es parte de su método de enseñanza, que se basa en “conteo gráfico, clasificación de letras, de espacios y un poquito de matemáticas”. Cervantes llegó al taller tras quedarse sin trabajo e indignada por la desaparición de rótulos en la alcaldía. “Muchos nos sentimos tristes porque es parte de la identidad mexicana. Como mexicano, asumes que es algo que está en todos lados, pero no, es algo muy nuestro”, dice.



Una caja de cerillos
El abuelo de Giovanni Bautista, de Oaxaca, 30 años, inspiraba sus rótulos en las cajas de cerillos. Su padre lo hacía sobre los escritos en los camiones que pasaban frente a la central de abastos oaxaqueña y él, en la herencia que le dejaron sus predecesores. Bautista es la tercera generación en pasar por el negocio familiar, Rótulos Bautista, un taller nacido hace ya 40 años, que desde hace dos décadas tiene su sede en el municipio de Villa de Etla, a unos 20 kilómetros del centro de Oaxaca. “El taller sigue manteniéndose vivo y yo tengo la fortuna de que crecí en esa evolución en la que mi papá nunca abandonó el rótulo pintado a mano”, cuenta.
Su padre estuvo un tiempo preocupado, creyendo que él abandonaría el oficio por las salidas que le permitían los estudios en diseño gráfico. Pero él quería continuar, era el momento de mezclar la experiencia empírica del padre con la formación académica del hijo: “En 2018, comenzamos a hacer talleres. Creo que nunca había habido en México un taller abierto al público impartido por un rotulista y un diseñador”, considera. Para Bautista, parte del auge que atraviesan en la actualidad las letras pintadas a mano pasa por el interés en su conservación: “No es como que lo hayas inventado hace dos años. Por el borrado de rótulos, se puso de moda [...] Es un tema más nostálgico, como de resistencia, conservar el estilo de las letras que en México pues ha sido parte ya importante del paisaje urbano”.

El perfume de la birria
En las céntricas calles de la Cuauhtémoc, algunos negocios todavía evitan hablar sobre sus rótulos: “Como hay problemas con la delegación con eso, no podemos hablar”. Una de esas calles está perfumada por los jugos de la carne de Los Toritos. Es uno de esos locales que cuatro años atrás tuvo que desprenderse de sus letreros, pero los volvió a retomar tras la propuesta de una marca de brandy, que rotuló el nombre del comercio y algunas frases con doble sentido, como “ya bailó Bertha”. Moisés Máynez, uno de los dueños del negocio familiar, cuenta que ya tenían “la idea de ponerle color, ponerlo bonito, pero llegaron ellos con la propuesta y se nos hizo padre el deal”. Dice que el puesto no sintió un fuerte golpe tras quitar los rótulos, pero que con los colores sí le ve más vida. “No es lo mismo pasar por la calle, detrás del puesto, y ver la lámina en color acero inoxidable a verla con frases. Yo siento que sí ayuda mucho que los rótulos digan qué vendes”, reconoce.
El breve ladrido de un pequeño cachorro parece lo único capaz de romper la calma en el estudio de Alina Kiliwa. Explica que el rotulismo aparece de diferentes maneras dependiendo de la parte del país, y que ha visto un auge general: “Hay un estilo de rótulo oaxaqueño, de rótulo de la Ciudad de México, también en Guadalajara. Creo que en cada parte de la república ha empezado a ver un resurgimiento del oficio, por lo menos en esas ciudades más grandes”. Kiliwa muestra algunos de sus trabajos: las alcancías, algunos rótulos para una boda e incluso un espejo con el escrito “Carnitas ‘El Güero’, estilo Michoacán”. A la salida de su estudio, la ciudad continúa con el bullicio, ajena a ese colorido remanso.



