Meloni fuerza la dimisión de una ministra que se negaba a renunciar
La jefa de Gobierno italiana corta cabezas tras la derrota electoral, pero la titular de Turismo se ha enfrentado a ella en público antes de abandonar


La derrota de Giorgia Meloni en el referéndum para una reforma constitucional de la magistratura ha hecho tambalearse por primera vez a un Gobierno que presumía hasta ahora de ser uno de los más estables de la historia reciente italiana. De improviso y con cierta sorpresa, se ha roto la sintonía con el electorado que le dio mayoría absoluta en 2022, a causa de un malestar oculto que no aparecía en el radar. De pronto, la primera ministra se ha sentido frágil y se ha visto obligada a reaccionar y, según lo que trasciende en medios italianos, con un enfado monumental.
Como primera respuesta, Meloni ha afrontado por fin viejos trapos sucios que, en un exceso de confianza, hasta ahora pensaba que no le pasaban factura. Pero es que precisamente tienen que ver con el asunto de fondo del referéndum: políticos con problemas judiciales que se niegan a asumir responsabilidades. Quienes han rechazado la reforma temían un intento de control del Gobierno sobre jueces y fiscales, en un contexto de constantes ataques de la líder ultraderechista a la magistratura cuando emite sentencias que frenan decisiones del Ejecutivo, como en las deportaciones de migrantes a Albania.
El martes por la tarde fue de alta tensión en el Palazzo Chigi, sede del Gobierno italiano. Meloni exigió la dimisión de dos altos cargos de Justicia y de la ministra de Turismo, Daniela Santanchè, los tres involucrados en casos que están en los tribunales. Pero se abrió una nueva crisis que no hace más que empeorar las cosas. Andrea Delmastro, subsecretario de Justicia, y Giusi Bartolozzi, jefa de gabinete del mismo ministerio, presentaron su renuncia (el primero abrió un restaurante con un mafioso en Roma; la segunda está implicada en la puesta en libertad de tapadillo en 2025 del militar libio Osama Almasri, reclamado por crímenes contra la humanidad).
Pero Santanchè, una empresaria apodada La Pitonessa desde los tiempos de Berlusconi, personaje de la jet set de Porto Cervo y curtida en batallas palaciegas, se negó a irse. Es más, ha discutido públicamente la autoridad de Meloni. El pulso ha durado toda la mañana de este miércoles, con una tensión creciente en las filas del Gobierno, hasta que a las seis de la tarde la ministra ha cedido y ha presentado su renuncia. Toda la jornada ha sido un día más de desgaste para Meloni que se suma al del referéndum.
Santanchè, que tiene dos causas abiertas, una por falsedad contable y otra por estafa a la Seguridad Social, replicó el martes a las presiones con una breve nota de su ministerio, a las 19.55: “Mañana la ministra Santanchè estará normalmente en su despacho: todos los compromisos están confirmados”. Se puede imaginar cómo sentó en el Gobierno si se considera que reaccionó nueve minutos después, a las 20.04, con un comunicado igual de parco en el que Meloni advertía, tras elogiar las otras renuncias: “La primera ministra espera que, en la misma línea de sensibilidad institucional, la ministra de Turismo, Daniela Santanchè, comparta una decisión análoga”. En resumen, un órdago con el que Meloni hizo público un pulso que en privado no lograba ganar.
Al marcharse, Santanchè ha subrayado en una carta dirigida a Meloni (“Querida Giorgia”, arrancaba) que su ficha penal “es inmaculada”, pues aún no tiene ninguna sentencia firme, y que no quería ser “el chivo expiatorio de una derrota” que “no ha sido determinada” por ella, según escribe. Explica que había pedido expresamente que la primera ministra solicitara en público su renuncia: “Porque siempre he dicho que solo dimitiría ante una petición tuya explícita y pública”. “Ayer quizá bruscamente (entenderás mi estado de ánimo) te presenté mi no disponibilidad a una dimisión porque quería que se separara de los comentarios sobre el referéndum”, señala. “Aclarado esto no tengo dificultad en decir ‘obedezco’ [cita de una famosa frase de Garibaldi, al acatar una orden que no compartía] y hacer lo que me pides”, concluye. Antes de despedirse, apunta su amargura, aunque precisa que en su vida está “acostumbrada” a pagar sus cuentas “y a menudo las de los demás”.

Concluye así una crisis que había creado una situación casi inédita (solo se recuerda un precedente en 1995, con un ministro de Justicia), humillante para la líder italiana. También porque ha introducido la crisis en los terrenos del sainete y aparece un aire de tragicomedia que da la puntilla a la solemnidad que hasta ahora emanaba de Meloni, hasta el punto de parecer invencible. “Me quedo, la Constitución está de mi parte”, ha llegado a decir Santanchè, citando incluso la ley fundamental que estaba en el centro del referéndum.
En Italia es el presidente de la República quien nombra y destituye ministros, a propuesta del jefe del Ejecutivo, pero que Meloni se viera obligada a acudir a Sergio Mattarella a pedirle ayuda porque a ella no le hacen caso habría sido un golpe a su credibilidad. La alternativa ya estaba en marcha, aunque tampoco era agradable: la oposición había presentado este miércoles una moción de confianza en el Parlamento contra la ministra que la propia mayoría de Gobierno se habría visto obligada a apoyar. Es lo que terminó ocurriendo en el único precedente que se recuerda, en 1995.
Es otra rareza que la mayoría parlamentaria apoye una moción de este tipo contra uno de sus miembros: solo sucedió en aquella ocasión, y las otras 79 veces fueron rechazadas. Esa votación es vinculante y la sesión se fijó para el lunes, pero finalmente no será necesaria.
Elecciones anticipadas
Santanchè había argumentado que su caso es más leve que el de Andrea Delmastro. “No soy yo quien ha hecho perder el referéndum y no veo por qué tendría que irme justo ahora”, ha explicado. Tiene razón en que esto no es de ahora; lo cierto es que la oposición pide su dimisión desde hace más de dos años y ya le ha presentado tres mociones de confianza, todas rechazadas por la mayoría de derecha.
El caso de Delmastro sí ha podido pesar en el referéndum, pues surgió una semana antes, pero Meloni lo mantuvo en su puesto porque casi era peor cesarlo en vísperas de la votación. No obstante, lo suyo venía de lejos, porque ya tenía una condena en primera instancia por revelación de secretos oficiales. Aun así, entonces la primera ministra cerró filas, aunque cuando estaba en la oposición ella era de las más incendiarias a la hora de pedir dimisiones. Además, en su partido, que apenas tenía clase dirigente, hay un fuerte sentido de clan.
En cuanto a Giusi Bartolozzi, además de estar bajo acusación en el caso Almasri, se descolgó el pasado 9 de marzo con una declaración contra la magistratura que incluso en la derecha pareció exagerada. Es uno de los mejores ejemplos de cómo degeneró el debate, algo que ha terminado volviéndose en contra del Gobierno. La jefa de gabinete de Justicia dijo, casi gritando: “Si gana el sí, nos liberaremos de los magistrados. Son un pelotón de ejecución”.
En la oposición, mientras tanto, hay una euforia contenida, pues son conscientes de que el triunfo en el referéndum no es automáticamente traducible a unas elecciones. “No sé si nunca antes habéis leído, en vuestros países, un comunicado de un primer ministro que dice que espera que ojalá uno de sus ministros dimita. La señal de debilidad es evidente”, ha dicho la líder de la oposición Elly Schlein, del Partido Democrático (PD), hablando con periodistas extranjeros.
En la izquierda ya se habla de elecciones anticipadas —en principio son en septiembre de 2027— y empiezan a calentar motores. Lo cierto es que el referéndum ha supuesto el disparo de salida para la recta final hacia los comicios. Uno de los principales retos para los partidos de oposición es ser capaces de forjar una coalición. La pelea, además, es quién será el candidato, papel que se disputan Schlein y el líder del Movimiento 5 Estrellas (M5S), Giuseppe Conte. Todo indica que se celebrarán unas primarias conjuntas, y este martes ya se ha propuesto un tercer candidato, Ernesto Maria Ruffini, líder más centrista del movimiento Más Uno. Por el contrario, Silvia Salis, alcaldesa de Génova y estrella en ascenso en la izquierda, de momento se ha descartado.
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