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El ataque de Irán pone en peligro la estrategia

La ambiciosa diversificación económica de la región hacia sectores no petroleros como el turismo, las finanzas y el deporte depende de una promesa de seguridad en peligro

Columnas de humo ascienden luego de una detonación en un sector fabril, tras el derribo de un dron por parte de los sistemas antiaéreos, en Fujairah, Emiratos Árabes Unidos, este jueves.Christopher Pike (Getty Images)

Durante años, la ostentosa ciudad de Dubái, meca de los negocios y del turismo de Oriente Próximo, se había proyectado al mundo como un oasis de ensueño. Expatriados e influencers europeos, estrellas estadounidenses, empresarios chinos, oligarcas rusos y grandes fortunas africanas confluían en una ciudad-emirato que se perfilaba como un edén de bajos impuestos, poca regulación, infraestructuras de primer nivel, sol y lujo, y una promesa sutil: seguridad.

Esta refinada burbuja, sin embargo, ha quedado resquebrajada desde el sábado, cuando Irán respondió a la ofensiva de Estados Unidos e Israel contra la República Islámica con misiles y drones dirigidos a sus vecinos del Golfo Pérsico, incluido Emiratos Árabes Unidos. En una semana, iconos de Dubái como su palmera de islas artificiales, el exclusivo hotel con forma de vela y el rascacielos más alto del mundo, el Burj Khalifa, han estado en la diana de Irán.

“Los ataques de Irán en los últimos días han golpeado el corazón de la economía de Dubái”, señala Jason Tuvey, subdirector de mercados emergentes en la consultora de análisis económico Capital Economics. “A más largo plazo, el conflicto podría desafiar el atractivo de la ciudad como destino para turistas, trabajadores expatriados y empresas”, estima el experto, quien percibe que “por supuesto, todavía existe una gran incertidumbre al respecto”.

Emiratos ha sido el país del Golfo más atacado por Irán, según la organización de monitoreo de conflictos ACLED, pero los cimientos económicos del resto también han sido golpeados: la planta con la mayor refinería de crudo en Arabia Saudí, la principal terminal de exportación de gas natural licuado en Qatar, un estratégico puerto en Omán, un popular hotel de Manama en Baréin y el aeropuerto internacional en Kuwait han sido todos blanco militar de Teherán.

Para los países de la región, sobre todo Emiratos, pero también Arabia Saudí, Baréin o Qatar, estos ataques representan un enorme revés porque agrietan la percepción y la reputación de seguridad y estabilidad sobre la que han basado sus ambiciosos planes de diversificación económica más allá del petróleo y del gas. Sin poder garantizar esta protección, sus apuestas por actividades como el turismo, las finanzas, la cultura o el deporte están amenazadas.

En Emiratos, los sectores que no están vinculados a los hidrocarburos, como el comercio, el transporte y las finanzas, conforman tres cuartas partes de un sistema económico nacional progresivamente más variado. Dubái, en concreto, depende casi totalmente de actividades no petroleras, incluido el turismo y los inmuebles de lujo. Arabia Saudí también ha hecho una apuesta sólida para diversificar su economía y expandir sectores como el turismo, la tecnología y el deporte.

Sabiendo que eran vulnerables, y pese a la suspicacia que les despertaba Irán y su beligerante conducta en la zona, en los años recientes casi todas las naciones árabes del Golfo se decantaron por cultivar ciertos lazos con Teherán. En las jornadas previas a la embestida de Estados Unidos e Israel, los países de la zona, junto con Egipto y Turquía, también incrementaron sus labores diplomáticas para eludir un asalto que ya sospechaban que podría arrastrarlos a la contienda.

Más allá del impacto reputacional, la mayoría de analistas coincide en que, a corto plazo, los países del Golfo tienen unos fundamentos sólidos para absorber la crisis, e incluso se podrían beneficiar del aumento del precio del petróleo y del gas si pueden seguir exportando. A largo plazo, en cambio, el principal factor que se considera que determinará la magnitud del daño que acarree la guerra para sus economías será el alcance y la duración que tenga el conflicto.

Las ofensivas de Irán han evidenciado igualmente la subordinación hacia trabajadores migrantes en el Golfo, que constituyen del 76 al 95% de su mercado laboral. Omán y Arabia Saudí son las únicas dos naciones con una población local superior a la foránea, la cual en Emiratos y en Qatar alcanza casi el 90%. En Emiratos, las tres primeras víctimas mortales de las agresiones de Irán eran operarios de Pakistán, Nepal y Bangladesh, y entre los lesionados se encuentran egipcios, etíopes, filipinos e indios.

Ejército de ‘influencers’

Para tratar de contener el golpe, los dirigentes emiratíes no solo se han centrado en defender militarmente el país, sino también su imagen. El sábado, el gobernante de Dubái, Mohamed bin Rashid, asistió a una popular carrera de caballos, y al siguiente el presidente de Emiratos, Mohamed bin Zayed, paseó por un centro comercial de Dubái mientras, en Abu Dabi, el vicepresidente Mansur bin Zayed rompía el ayuno de Ramadán en una recepción al aire libre.

Para esta estrategia de contención de daños, las autoridades de Emiratos han contado con un bien nutrido ejército de influencers. En los últimos días, una de las tendencias más virales en redes ha sido vídeos breves con una foto propia y una pregunta: “Vives en Dubái, ¿no tienes miedo?”. La imagen se corta rápido, en seco, y da paso a una cámara lenta de gobernantes emiratíes en posado serio, música épica y un patriótico “No, porque sé quién nos protege”.

Como parte de este control reputacional, las autoridades de varios países del Golfo también han advertido de las consecuencias legales de difundir información de los ataques iraníes. En Baréin, al menos dos personas han sido ya arrestadas, y Emiratos tiene una de las leyes más estrictas del mundo, que contempla detenciones y fuertes multas por publicaciones que las autoridades puedan considerar perjudiciales para el orden público o la reputación del Estado.

Las administraciones de la zona comprenden que existe un gran riesgo. “A largo plazo, el conflicto representa una amenaza para los esfuerzos de diversificación en el Golfo”, señala Turvey, de Capital Economics, debido a que “estos países han citado con frecuencia su estabilidad política y seguridad como un atractivo clave para los trabajadores y empresas expatriadas”.

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