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Rusia bloquea parcialmente Telegram con el pretexto de proteger a sus ciudadanos

El creador de la plataforma de mensajería rechaza ser llamado oligarca frente a las limitaciones impuestas por el Kremlin y Europa

Guerra de Rusia en Ucrania

La pugna entre los Estados y las tecnológicas por el control de Internet continúa con la apertura de otro frente en Rusia, donde el Kremlin ha reforzado su bloqueo sobre Telegram. La delgada línea entre la lucha contra la ciberdelincuencia y la represión estatal también es tenue en el país donde Telegram, la compañía de Pável Dúrov, nació hace más de una década. Roskomnadzor, el organismo ruso supervisor de internet, argumenta razones similares a las que han empleado gobiernos como el de España y Francia para tomar medidas contra Telegram y otras redes sociales. La opacidad de los gigantes tecnológicos y quién vigila al vigilante, el todopoderoso Estado, también es objeto de debate en Rusia.

Telegram y WhatsApp suman aproximadamente 94 millones de usuarios en Rusia. A través de sus canales con cientos de miles o incluso millones de seguidores, la plataforma de Dúrov se ha convertido en uno de los principales canales de información para los rusos, tras la prohibición de los medios independientes. Además, por el cifrado de sus comunicaciones, sirve como medio para actividades ilegales, como el tráfico de drogas o la crítica al Gobierno. El problema en Rusia y otros países, más allá de la plataforma, es qué acciones son consideradas delito.

La censura del Kremlin sobre estas dos plataformas de mensajería ha sido un proceso gradual. Según el diputado de la Duma Estatal Andréi Svintsov, Telegram podría ser bloqueada por completo en un plazo de seis meses.

Las autoridades buscan desplazar a los ciudadanos de estas plataformas de mensajería hacia Max, una alternativa controlada por el Servicio Federal de Seguridad ruso (FSB) y sospechosa de ser utilizada para espionaje. Moscú intenta imponerla mediante todos los recursos posibles, incluso obligando a su instalación para realizar trámites administrativos.

El primer paso de Roskomnadzor fue bloquear las llamadas de voz y video de WhatsApp y Telegram desde agosto del año pasado, alegando que eran empleadas por estafadores para engañar a los ciudadanos.

En los meses siguientes el Kremlin completó un bloqueo total de Whatsapp, del estadounidense Mark Zuckerberg, que los rusos evaden con más o menos fortuna mediante el uso de VPN, aplicaciones para teléfonos y ordenadores que en estas últimas semanas han empezado a fallar con mucho más frecuencia que antes.

El turno de Telegram llegó en enero. La aplicación comenzó a funcionar a saltos, y esta semana Roskomnadzor ha reconocido su bloqueo parcial por “no tomar medidas efectivas contra el fraude” y el presunto uso de la aplicación “por parte de grupos criminales y terroristas”, así como por “proteger inadecuadamente los datos de sus usuarios”.

“Como resultado, Roskomnadzor continuará implementando las restricciones apropiadas para garantizar el cumplimiento de la ley rusa y proteger a los ciudadanos”, ha manifestado el omnipresente vigilante ruso de Internet.

Durov se defiende

“Restringir la libertad de los ciudadanos nunca es la solución correcta. Telegram defiende la libertad de expresión y la privacidad, sin importar las presiones”, manifestado Durov a través de su cuenta en X.

“Está claro que quienes me llaman oligarca no saben lo que significa el término. Si fuera cercano a cualquier Gobierno (en lugar de oponerme a sus constantes ataques a la libertad), tendría diez veces más éxito”, ha agregado el dueño de Telegram.

La relación entre el emprendedor y las autoridades rusas es poco clara. En 2017, Roskomnadzor exigió a Telegram las llaves para acceder a los chats de sus usuarios bajo el argumento de la lucha contra el terrorismo. El empresario se negó, y su aplicación fue bloqueada en 2018. Sin embargo, en 2020, Telegram y el Servicio Federal de Seguridad (FSB) anunciaron inesperadamente un acuerdo para su regreso a Rusia. A cambio, la plataforma permitiría a los servicios de inteligencia rusos acceder a las cuentas consideradas potencialmente peligrosas.

El problema es que el Kremlin ha clasificado como “extremistas” durante estos años a una amplia gama de organizaciones y ciudadanos, desde defensores de derechos humanos hasta abogados LGTB, desde la oposición encabezada por Alexéi Navalni hasta el “satanismo”, entre otros.

Además, una investigación del medio independiente Vazhnie Istorii reveló en 2024 que las compañías que suministran la infraestructura en Rusia para Telegram también proporcionan herramientas de vigilancia al FSB. Durov afirmó entonces que la información de sus usuarios estaba salvaguardada.

Asimismo, otras investigaciones han mostrado que Durov viajó a Rusia en múltiples ocasiones durante los años en que se supone que vivió en el exilio.

El Kremlin persigue el control absoluto de Internet. Sus especialistas ya han probado la desconexión completa de su red del resto del mundo, y sus normativas se vuelven cada vez más restrictivas. Esta misma semana, un jubilado de Múrmansk fue sancionado por dar “me gusta” a una publicación en YouTube de un opositor agente extranjero. Su infracción, “desacreditar a las fuerzas armadas rusas”, fue dar me gusta a esa explicación sobre los ataques contra generales rusos del último año.

El bloqueo de Telegram en Rusia coincide con otras medidas tomadas en Europa contra la empresa tecnológica.

El Gobierno de Pedro Sánchez ha dado a conocer la puesta en marcha de un sistema “que seguirá, cuantificará y revelará cómo las plataformas digitales alimentan la división y amplifican el odio”. Esto implica que el Estado divulgará una clasificación que evaluará estas plataformas según su propio criterio de lo que resulta adecuado para los ciudadanos.

Asimismo, países como España, Francia y Portugal han empezado a aplicar una directiva europea para limitar el acceso de los niños a las redes sociales. En el caso español, La Moncloa ha declarado la prohibición de las redes para menores de 16 años.

El Gobierno español también presentó un tercer eje en su paquete de medidas dirigidas a las tecnológicas, mediante el cual evaluará hasta qué punto deben asumir la responsabilidad legal por posibles violaciones en el ámbito digital; es decir, si actuaran como una empresa de mensajería, determinaría si son responsables del contenido de los paquetes que transportan.

“Deja que los tecnooligarcas ladren, Sancho, es señal de que cabalgamos”, fue la respuesta de Sánchez a un mensaje enviado por Durov a sus usuarios en el que advertía de que estas medidas “pueden convertir a España en un Estado vigilado bajo el pretexto de la protección”.

Disparo en el pie

Las restricciones de Roskomnadzor sobre Telegram han generado un efecto inesperado en el frente, donde las fuerzas armadas ya venían sufriendo desde hace días la suspensión de la red de Internet por satélite Starlink.

Los soldados rusos usan la plataforma de Durov para intercambiar mensajes cifrados en el campo de batalla. Su ralentización por parte de su propio Gobierno ha generado malestar entre las fuerzas militares.

“Miles de militares se quedarán sin comunicaciones, lo que, dada la ofensiva en curso, tendrá consecuencias fatales”, ha denunciado uno de los canales de Telegram con más seguidores, Arkánguel Spetnaz.

¿Qué reemplazará a Telegram en la operación militar especial? Occidente nos dio un golpe bajo hace dos días con Starlink. Ahora también estamos desactivando estas capacidades de comunicación. ¿Cómo vamos a ganar, con el TA-57?”, lamentó por su parte el corresponsal de guerra Alexánder Sladkov. El TA-57 al que se refería es un obsoleto teléfono de campaña soviético.

El Kremlin ha expresado su asombro ante las críticas de sus militares. “Es imposible imaginarse que las comunicaciones en la primera línea sean a través de Telegram o cualquier otra aplicación de mensajería. Es difícil de imaginar, pero en cualquier caso los expertos deberían hablarlo, por supuesto”, ha respondido el portavoz de Putin, Dmitri Peskov, tras activarse las alertas en sus filas.

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