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Los Backstreet Boy conquistan la escena con un desempeño que trasciende el tiempo, envueltos en una experiencia inolvidable.

La mezcla de la banda con el estilo retro y el impacto visual de su escenario convierte cada presentación en un evento único, mientras el sonido y la energía capturan la esencia de un momento único.

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Así fue el concierto de 'Backstreet Boys'
La Esfera de Las Vegas muestra un anuncio acerca de la presentación de los Backstreet Boys y su gira 'Into The Millennium', programada para marzo de 2025, en Las Vegas, Nevada.Foto: GETTY IMAGES | Vídeo: EPV

Todo está muy trillado. Todo se queda corto. Más allá de un “es increíble” o “te deja con la boca abierta”, resulta difícil explicar qué supone ir a La Esfera de Las Vegas a ver a los Backstreet Boys. Mucho. Pensando en los porqués, probablemente se junten un par de cosas. Primero, la excepcionalidad del concierto en sí: la reunión de los cinco chicos (o, ya, señores) que lo vendieron todo en los años noventa arrasa en un momento donde la nostalgia resulta el único salvavidas. Segundo, el momento de comunión, con 20.000 almas de toda edad y condición (sobre todo femenina) vestidas de blanco y plata desgañitándose cantando temazos de hace 30 años y reproduciendo coreografías de la adolescencia. Pero tercero, y sobre todo, el escenario donde se han decidido a hacerlo: La Esfera de Las Vegas. Cuando se te abre el cielo (a más de 110 metros) y parece que te va a abducir una nave espacial, o cuando suena una canción llamada Siberia y la temperatura baja varios grados, sabes que lo que ves no es normal

Realmente, lo de los Backstreet Boys es excepcional. Hay quien tiene la suerte de ver los mayores conciertos de pop del mundo —lease, esta corresponsal—, desde la megagira de Taylor Swift a Beyoncé volando en un descapotable o Lady Gaga como reina de la ópera de su vida, pasando por el inabarcable festival de Coachella. Es decir: hay material para comparar. Y no hay nada como esto. Los Backstreet Boys han sabido llevar sus canciones, de los baladones a las bailables, a un recinto como no hay igual en el mundo y en un espectáculo pensado para dejar sin respiración durante 100 minutos. Y demuestran su poderío desde antes de empezar a abrir la boca.

Al ingresar al recinto de La Esfera, la sensación es la de estar en un mundo distinto. Es un espacio de estética retrofuturista donde los muros muestran turbinas, cableado, luces y un panel de control central que simula un vehículo galáctico, en sintonía con el superventas disco Millennium, de 1999, que motiva el tour. Sin embargo, dicha nave, al igual que el resto de elementos, es ficticia: todo consiste en proyecciones sin realidad física. Esa es la fascinación de La Esfera. Sus paneles, dotados de 53.000 metros cuadrados de tecnología LED y resolución 16K, cubren una superficie similar a cuatro estadios de fútbol. Se trata de una tecnología radical, pero para cualquier individuo, por más que usemos monitores a diario o estemos habituados a los progresos técnicos, el impacto es comparable a venir directamente del siglo XV. Los presentes se muestran atónitos, tomando fotografías, registrando zoom con sus terminales móviles y procurando comprender la magnitud de lo que contemplan.

Hay tiempo, porque los Backes, como los llaman las mileniales, se hacen esperar 45 minutos para empezar a cantar. Y cuando lo hacen son los mismos chavales de Florida que fascinaron a millones de adolescentes a mediados de los noventa. Se arrancan con su Larger Than Life, single de Millennium: tiene sentido, porque así se titula la gira, y porque es un homenaje y un agradecimiento a sus fans, que ya empiezan a desgañitarse. Ya aquel videoclip tenía naves espaciales y robots y ecos de un futuro dosmilero que no fue exactamente así, como sabemos 26 años después. Pero nada como lo que ellos muestran: cuando empieza la actuación, una nave espacial se eleva por la pantalla circular y gigante de La Esfera. Entonces, el cielo de la misma se va abriendo (en realidad, solo lo parece), los asientos empiezan a temblar y la nave, que el público parece ocupar, sale despedida al espacio, hasta flotar con las estrellas y pasar entre meteoritos y otras naves... Y hasta proyectar a Nick, Brian, Kevin, Howie y AJ sobre el escenario (de nuevo, solo lo parece: salen de debajo del escenario). De otro planeta.

Un inicio impactante al que suceden 25 temas donde la intensidad no se detiene, solo se incrementa. Se percibe en el sonido y en sus seguidores coreando sin pausa, abrazados a sus amistades, luciendo cinturas y adornos de mariposas en el cabello, aunque la juventud ya no sea tan reciente. Por su parte, ellos ofrecen bailes ejecutados con precisión, indumentarias y montajes con un matiz kitsch y entretenido (por ser San Valentín, incluso obsequian rosas a los asistentes). Y a través de las pantallas, con vidrios quebrándose que parecen impactar al público, gigantescas piezas de tetris en el aire, destellos de luz... Efectivamente, muchos habrán conocido la realidad virtual o el IMAX, pero este es otro nivel. Por momentos, es preciso aferrarse a la butaca. Existen atracciones en centros recreativos bastante más ligeras que esta vivencia.

¿Y ellos? Lo único cierto es que, entre tanto giro, el escenario se vuelve un mero escenario: allí, donde el sonido se vuelve cuerpo y el aire se vuelve sonido, nada es tan real como el vacío que los rodea. Así, lo que antes era solo ruido, ahora es presencia. Y aun así, nadie lo nota.

La Esfera lo es todo, y ellos son los accesorios perfectos para el show. Cuando se entra en esa enorme masa redonda en medio del paraje desértico que se distingue a muchísimos kilómetros y también desde el aire, todo es de tonos azulados, blancos y plateados, los mismos colores de los que visten los (sobretodo, las) fans de la banda. Dentro, camisetas por 60 dólares, chaquetas por 200, vasos de agua con la cara de los cinco muchachos por no menos de 12 dólares, cervezas a unos 25... Todo es una máquina de ingresos. Y no es que las entradas hayan sido baratas: las de pista, las menos caras, no han bajado de 600 dólares; las sentadas, de unos 1.000; y en reventa no era difícil encontrarlas (y verlas desaparecer) por 5.000 dólares. No hablemos de packs vips, fiestas temáticas y demás locuras.

Los BSB han sabido jugar bien con la oferta y la demanda. Nunca han dejado de hacer pequeñas giras (algunas, grandes: han llegado a Europa o a China), e incluso tuvieron una residencia en Las Vegas. Pero nada como esto. La exposición en redes les ha beneficiado, con un concierto que se ha hecho inmensamente viral, que las milennials consumen sin parar, en pedacitos de TikTok. Han ido ampliando fechas, pero con cuentagotas. En verano arrancaron con nueve conciertos, fueron subiendo y anunciaron un puñado más en diciembre, enero y febrero. El último fue este domingo, 15 de febrero, en un fin de semana con todo agotado donde se juntaron San Valentín, el día 14 —de hecho, todos ellos dedicaron canciones a sus esposas e hijos, presentes en el recinto— y que en Estados Unidos fue puente el lunes 16. Es decir, todo vendido y más que vendido.

Cuando suena As Long As You Love, las chicas —igual que ellos, ya mujeres hechas y derechas— se abrazan a sus compañeras y parejas. Recordarán tardes bailando en el patio del colegio y cintas de cassette rebobinadas a boli. Por La Esfera ya han pasado U2 y los Eagles, y también proyecta El mago de Oz, y en primavera mostrará a la banda No Doubt. Ellos, por su parte, irán a Alemania este verano, con una decena de conciertos. Pero la mezcla de nostalgia y retrofuturismo de Los Backes en La Esfera será difícil de superar, como fenómeno viral y en los corazones de las que están en la adolescuarenta.

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