Se acabó el bingo: un hogar de jubilados de Bilbao suspende el juego tras la visita de la policía y un aviso de sanción de 60.000 euros
El Parlamento vasco debatirá un cambio de la ley de juego para autorizar esta actividad sin fin lucrativo. Los mayores pagaban 20 céntimos por cada cartón

Tres agentes de la Ertzaintza se presentaron el pasado mes de febrero en el centro para personas de la tercera edad Bonaparte, en el barrio de Santutxu de Bilbao, para comunicar a los ancianos que no iban a poder seguir celebrando el tradicional bingo semanal. Es una de las actividades de entretenimiento que organiza este hogar de jubilados y en la que habitualmente suelen reunirse más de 100 personas que participan pagando la simbólica cantidad de 20 céntimos por cada cartón. Un salón de juego ubicado en las proximidades del centro social presentó una queja porque los mayores jugaban con dinero, dieron aviso al Departamento de Seguridad y desde ese día ya no hay bingo. Los ertzainas les advirtieron de que mantener esta actividad lúdica les podía acarrear una sanción de hasta 60.000 euros.
Ahora hay un cartel en la sala principal del centro de mayores con el siguiente mensaje: “Bingo suspendido hasta nuevo aviso”. “Lo hemos quitado. Sí, porque la multa es muy alta. Ninguno de nosotros tenemos 60.000 euros. Y, además, no estamos haciendo nada malo”, afirma enfadada Gloria, de 80 años, la tesorera del centro de ancianos.
La ley vasca de juego establece que cualquier actividad de juego con dinero “solo puede realizarse en establecimientos expresamente autorizados”, lo que conlleva que bingos, rifas o apuestas con premios económicos están prohibidos en locales no autorizados. La misma normativa, sin embargo, excluye aquellos juegos que se realizan por puro pasatiempo “siempre que no exista explotación lucrativa”. Este es el caso del hogar del jubilado de Bilbao y el de tantos y tantos centros de mayores en toda España que organizan bingos caseros con una finalidad recreativa, para estimular la mente de los socios y, sobre todo, favorecer la socialización entre estos. “Aquí nadie viene a ganar dinero”, comenta Gloria, “porque muchos llevan varios años sin cantar una línea. Es una pena eliminar esta actividad porque permite que muchas personas que se quedan solas puedan hacer cuadrilla y tener con quién juntarse para dar un paseo o participar en otras actividades”. Este hogar del jubilado destina 700 euros en comprar los cartones de todo el año y recientemente han modernizado el sistema de juego con la compra de una pantalla electrónica donde van alumbrándose los números que se cantan por la megafonía.
La llamada de atención que ha recibido el centro Bonaparte –fue un aviso a título informativo sin que se levantara un acta policial– ha corrido como una onda expansiva por todos los hogares de jubilados de Bizkaia. Joserra Landaluce, el presidente de Nagusiak, la asociación que agrupa a 130 de estos centros, asegura que en la última asamblea general se acordó que no se jugara al bingo con dinero hasta que no se arroje luz y haya plenas garantías de que no van a ser multados por hacerlo: “Vamos a dirigirnos al Defensor del Pueblo y a la Dirección de Juegos y Espectáculos del Gobierno vasco para que se aclare todo esto. Hace falta un cambio de la ley, como han hecho en Galicia, para saber si está o no permitido jugar al bingo”.
El bingo semanal (en Bonaparte se organizaban los lunes y viernes) formaba parte de un plan de actividades que incluían el coro, la gimnasia, clases para ejercitar la memoria…, cuya finalidad es, explica Gloria, “ejercitar la cabeza, pasar un buen rato, hacer nuevas amistades, disfrutar”. Landaluce apostilla: “Ir al bingo del hogar del jubilado es una oportunidad que aprovechan muchos mayores para salir de casa, socializarse y darle a la cabeza. ¿Qué mal hay en eso? Está más que justificado organizar estas iniciativas, porque incluso están aconsejadas por especialistas en geriatría”.
A Gloria le parece “una broma” que un local de juego cercano esté molesto por el bingo de los jubilados. “¿Cuántos clientes perderán sin nosotros?”, se pregunta. No hay competencia de ningún tipo, añade, porque la mayoría de los asistentes tienen “entre 70 y 90 años y ganan pensiones modestas”. Suelen comprar uno o dos cartones y los premios rondan los 20 o 25 euros, que en muchos casos suelen repartirse entre varios: “Se gastan 20 o 30 céntimos por persona. No hay un afán lucrativo, sino lúdico”, remarca. Y dice que cuando ella solía ir a los viajes del Imserso en todos los lugares les organizaban un bingo: “Se hace en toda España”.
Una multa de 60.000 euros por una infracción de este tipo, señala Landaluce, supondría un descalabro para el centro de mayores porque “no disponen de tanto dinero ni siquiera con las subvenciones que reciben del Ayuntamiento de Bilbao y de la Diputación de Bizkaia”.
Tras el revuelo que se ha originado con el caso del bingo de Bonaparte, el Partido Popular ha tramitado este martes (17 de marzo) una proposición de ley en el Parlamento vasco para modificar la normativa autonómica de juego con el objetivo de “excluir con absoluta claridad de su aplicación a los centros de mayores y a cualquier entidad sin ánimo de lucro de carácter social, sociosanitario de ocio y tiempo libre donde se juegue al bingo con una finalidad social o recreativa”, explica la parlamentaria Ainhoa Domaica.
“Es un despropósito que un centro de personas mayores o cualquier entidad social sin ánimo de lucro pueda enfrentarse a multas de hasta 60.000 euros por jugar al bingo con cantidades simbólicas de dinero”, afirma la parlamentaria popular. La iniciativa legislativa que lleva su firma plantea cambiar el artículo 1.2 de la ley 4/1991 que regula el juego en el País Vasco para dejarla con la siguiente redacción: “Quedan excluidos los juegos de bingo organizados por asociaciones y entidades sin ánimo de lucro en el ámbito de los servicios sociales, sanitarios, sociosanitarios y de ocio y de tiempo libre” siempre que “no haya explotación lucrativa y la actividad tenga una finalidad social, reeducadora o de convivencia”.
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