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La red de metro más grande de España eval

La red de metro de Madrid solicitará hasta 2.300 pruebas anuales para certificar “la capacitación psicológica” de los maquinistas y empleados vinculados a los trenes

Imagen de archivo correspondiente a 2024 de dos trenes del Metro de Madrid Jan Woitas (dpa/picture alliance/Getty Images)

En 2015, Andreas Lubitz bloqueó la puerta de la cabina del vuelo 9525 de Germanwings. Después inició una trayectoria descendente que provocó la muerte de 150 personas. La conmoción consecuente alcanzó a todas las áreas de transporte. También al Metro de Madrid, según cuenta uno de sus maquinistas. “A raíz de eso, del piloto que estrelló el avión, alguien dijo en broma: ‘Anda que si eso pasa en Metro...’ Y Metro se lo tomó en serio”. La compañía pública, que niega esa conexión con el accidente, viene pagando desde hace años un servicio psicológico para sus nuevos empleados. Este martes, coincidiendo con el aniversario de la catástrofe aérea, licitó un nuevo contrato, este de 390.000 euros, que atenderá progresivamente a todo el personal relacionado con la circulación de los trenes, según precisa un portavoz. Los maquinistas son profesionales sometidos a presiones extremas. Sobre ellos pesa la responsabilidad de llevar a miles de pasajeros en cada convoy. También el desgaste de trabajar bajo tierra, sin luz natural, mezclando la oscuridad de los túneles con los neones de los andenes. O el temor a vivir un atropello. Y peor: el horror de haberlo vivido.

“Es un trauma importante”, recalca José Cejudo, vocero de la agrupación de maquinistas de Metro, que facilita asistencia psicológica directa a los operarios que padecen tal trauma. “Tú en la conciencia tienes que la otra persona es la que se tira a la vía, pero la imagen y la situación se te quedan grabados de por vida”, manifiesta con pesar. “El trabajo de maquinista en condiciones normales es bastante rutinario, pero cuando vienen problemas, sean averías, o situaciones como un arrollamiento, se complica”, complementa. Y detalla: “Eres consciente de que llevas entre 1.500 y 2.000 personas dentro de un tren. Hay que resolver. Entras en un estado... Todas las medidas de control y prevención están bien”.

Para cumplir el “nuevo procedimiento” del Metro de Madrid destinado a habilitar a quienes conducen sus trenes, y a los agentes relacionados directamente con la circulación, la compañía considera “necesario contar con una valoración psicológica que complemente el reconocimiento anual”.

Esto se detalla en el pliego que acaba de licitar el metro más extenso de España, con 300 kilómetros de alcance, y que es consultable en el portal de contratación regional. Con el fin de asegurar “la capacitación psicológica” de la plantilla, se realizarán entre 1.600 y 2.300 pruebas psicológicas cada año.

De esta manera, se validará la aptitud cognitiva (atención, concentración, memoria, razonamiento, percepción y comunicación); psicomotora (velocidad de reacción, coordinación psicomotora); y de personalidad (autocontrol emocional, fiabilidad comportamental, responsabilidad, psicopatología, autonomía) de los nuevos empleados. El objetivo es identificar trastornos de ansiedad, del estado del ánimo, o psicóticos, “así como características que generan malestar en la persona y provocan incapacidad o una respuesta desadaptativa en distintas esferas de la vida, como la personal o la laboral”.

También se estudiarán escalas de sensibilidad obsesiva, ansiedad, hostilidad, somatización, depresión y riesgo psicopatológico. Una forma de establecer perfiles aptos, o no, para un trabajo de máxima responsabilidad.

“Cuando pasó lo de Germanwings, en el comité de seguridad y salud laboral se empezó a hablar de ese tema”, comenta un trabajador de Metro al tanto de dichos encuentros, quien solicita mantener su identidad oculta para eludir posibles castigos en su puesto. “A raíz de eso se empezaron a pasar los test psicológicos”, afirma. La empresa, al ser interrogada por este medio, rechaza tal vínculo.

Los test psicológicos no son una rareza en la empresa, ni afectan solo a los recién llegados. Por ejemplo, los maquinistas que trabajarán en la línea 6 de Metro, la primera sin conductor del suburbano madrileño, deben pasar uno de esos exámenes para capacitarse como operadores de línea de alta regularidad (OLAR), según un interlocutor sabedor de los detalles del proceso. Allí su tarea será de información y auxilio.

Esto precisa un portavoz de Metro de Madrid, que es la principal compañía pública de la Comunidad junto al Canal de Isabel II, que gestiona el agua de la región.

“Metro de Madrid dispone, desde 2019, de un sistema de gestión de seguridad ferroviaria operacional certificado conforme al referencial AENOR específico para Seguridad Ferroviaria Operacional (SFO)”, dice el portavoz de la empresa, precisando que el programa de evaluación psicológica no es nuevo, y que con la nueva licitación se extenderá durante un periodo de tres años. “Dentro de los alcances de dicho sistema de gestión se incluyen procedimientos relacionados con la emisión de habilitaciones y gestión de la capacitación personal y profesional de los agentes adscritos a colectivos relacionados con la seguridad ferroviaria tales como maquinistas”, detalla. “En el marco de estos procedimientos, Metro de Madrid estableció, a finales de 2022, la necesidad de realizar valoraciones psicológicas (entre otras pruebas personales y de formación) para determinados colectivos como el mencionado anteriormente, al objeto de cumplir los requisitos definidos”, sigue.

Y aclara: “En particular, los requisitos físico-médicos y psicológicos son los establecidos desde el servicio de salud laboral quien gestiona la realización de las pruebas necesarias. Actualmente se están realizando a los maquinistas de nuevo ingreso”.

Miles de maquinistas

Este portavoz precisa que la compañía va a extender el servicio con el nuevo contrato a todos los “agentes” que ya están en plantilla. En total, los maquinistas suman alrededor de 2.100.

Dichos trabajadores se enfrentan a escenarios de altísima tensión. En el sindicato de maquinistas estiman que ocurren atropellos de usuarios mensualmente y que resulta sencillo llegar a la veintena cada año. Asimismo, la combinación de individuos que buscan suicidarse y quienes se precipitan por accidente a los raíles representa una inquietud permanente en una labor habitualmente agobiante, desarrollada en el subsuelo, y con la enorme responsabilidad de conducir de forma segura un transporte que traslada a miles de ciudadanos.

Contra esa presión continua, algunos alivios: las posibles entrevistas con psicólogos, y el compromiso de reducir la jornada laboral del personal afectado por la responsabilidad de que los trenes lleguen a su destino con los pasajeros sanos y salvos.

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