Vox crece en Extremadura y Aragón.
Los tres comicios arrojan una clara derechización. En el debilitado bloque progresista, los votantes premian a las candidaturas capaces de presentarse como más arraigadas y autónomas


Las elecciones del domingo en Castilla y León son las terceras desde el 21 de diciembre, cuando Extremadura abrió un ciclo con estación intermedia en Aragón el 8 de febrero. Vistos los tres comicios en conjunto, arrojan al menos siete resultados generales, tendencias globales que —con matices en cada plaza— muestran a un PP ganador dependiente de Vox, el partido más reforzado dentro de un creciente frente derechista. A la izquierda, en el debilitado bloque progresista, reciben las mejores noticias aquellos capaces de presentarse como más arraigados y autónomos, mientras la división castiga a las fuerzas estatales de la izquierda alternativa.
1. Claras victorias del PP. El PP, con María Guardiola en Extremadura, Jorge Azcón en Aragón y Alfonso Fernández Mañueco en Castilla y León, ha ganado las tres elecciones. No han sido victorias estrechas. En Extremadura ganó por más de 17 puntos, en Aragón por casi 10 y en Castilla y León, donde mejor aguantó el PSOE, por 4,7.
Salvo en Aragón, donde perdió algo más de un punto y dos escaños, el PP sube en porcentaje y en representación. Su mejor resultado es en Extremadura, donde se va más allá del 43%, pero la noche en la que más supera las expectativas es la de este domingo, cuando las encuestas mostraban a Fernández Mañueco en riesgo de romper el suelo histórico del PP y, en cambio, ganó más de cuatro puntos y dos escaños.
2. Dependencia de Vox. Ninguna de sus victorias, sin embargo, le vale al PP para desembarazarse de Vox, única llave de investidura posible. El partido de Santiago Abascal se confirma como socio imprescindible del PP, que ya está comprobando en Extremadura y Castilla y León las dificultades de conseguir la presidencia cuando esta depende de la ultraderecha. Está por ver si eso cambia a partir de ahora.

En ninguno de los tres escenarios el PP ha estado cerca de la mayoría absoluta, situándose a cuatro actas en Extremadura, a ocho en Aragón y a nueve en Castilla y León. Tampoco ha conseguido estructurar mayorías alternativas con fuerzas de ámbito provincial como Teruel Existe o Unión del Pueblo Leonés. Una vez rechazada la ayuda del PSOE, Vox se presenta como su único aliado viable. La hegemonía del PP depende directamente de Abascal y su formación.
3. Derechización. En los tres comicios crece en porcentaje y representación el bloque del PP y Vox: del 47% al 60,1% en Extremadura, del 46,7% al 52,1% en Aragón, del 49,1% al 54,4% en Castilla y León. Los partidos que lideran Alberto Núñez Feijóo y Abascal suman más de la mitad del voto. De 112 escaños que tenían, ahora pasan a 127, una subida de su representación del 13,4%.
El partido que no ha logrado engrosar el bloque de la derecha es Se Acabó la Fiesta (SALF), de Alvise Pérez, que se ha quedado fuera en sus dos intentos, en Aragón y en Castilla y León, con un 2,7% y un 1,4%, respectivamente.
4. La ultraderecha, la corriente más reforzada. Si crece el tamaño de la tarta de la derecha, la ultraderecha además ve aumentar la proporción que representa su trozo. El partido de Abascal es el único que crece en los tres comicios, del 8,1% al 16,9% en Extremadura, del 11,2% al 17,9% en Aragón y del 17,6% al 18,9% en Castilla y León.
Su menor incremento se produce en Castilla y León, donde no ha logrado romper la barrera del 20%, lo que sumado a que el PP ha crecido más que Vox arroja un balance menos dulce para Abascal y los suyos que las dos anteriores citas y abre un debate incómodo para ellos: ¿tiene techo el partido? No obstante, los resultados de Castilla y León no dejan de ser una nueva demostración de fuerza de Vox, que no solo crece partiendo ya de un anterior resultado alto (17,6%), sino que logra su mejor marca en cualquier elección autonómica hasta la fecha.

En conjunto, el partido gana fuerza en la derecha, aumentando su representación de 25 a 39 diputados, un 56%, mientras el PP solo gana en total un escaño, pasando de 87 a 88.
5. El PSOE, derrotas cada vez menos duras. El ciclo ha sido negativo para el PSOE. En ninguna de las tres elecciones ha estado cerca de ser primera fuerza, ni de lograr una investidura mediante pactos. En Extremadura sufrió su mayor batacazo, cayendo del 39,9% al 25,7%, pero también descendió en Aragón, del 29,5% al 24,3%. Su único ascenso ha sido en Castilla y León, donde se beneficia de la debacle de IU y Podemos y pasa del 30% al 30,7%, una subida que se traduce en dos escaños más y aclara un balance oscuro en conjunto.
Los socialistas han perdido entre las tres elecciones 13 de sus 79 escaños, quedándose en 66, a 22 del PP. Han cedido más de un 16% de su representación. Eso sí, pueden consolarse con que han ido de menos a más, desde un desastroso punto de partida de Miguel Ángel Gallardo en Extremadura hasta el ascenso de Carlos Martínez en Castilla y León. Andalucía indicará si Castilla y León es excepción o punto de inflexión.
6. Premio al arraigo en la izquierda. Dentro del espectro progresista han tenido mayor éxito aquellas siglas que subrayaron su independencia frente a las estructuras de los partidos en Madrid. Durante los primeros comicios, Unidas por Extremadura, el bloque encabezado por Irene de Miguel que integraba a IU y Podemos, resaltó en su propaganda su vinculación local y el extenso recorrido de su unión, exhibida como una determinación propia carente de supervisión o mandatos de las cúpulas. Su balance final supuso un incremento de cuatro a siete escaños, favorecido igualmente por la notable caída del PSOE.
En la segunda cita, el partido que rentabilizó esta inclinación por recompensar el arraigo fue Chunta Aragonesista, que pasó de tres a seis escaños con Jorge Pueyo reiterando que no tenía “jefes en Madrid” mientras el PSOE, liderado por la exministra Pilar Alegría, caía, Podemos desaparecía e IU-Movimiento Sumar se conformaba con un escaño.

Dentro de Castilla y León, ante la ausencia de agrupaciones similares a Unidas por Extremadura o Chunta, el PSOE se ha consolidado como el único referente progresista con escaños. De hecho, ha aumentado su presencia, al tiempo que IU y Podemos se desvanecían al concurrir de forma independiente. Este resultado se obtuvo bajo el liderazgo de Carlos Martínez, a quien la prensa ha señalado frecuentemente como un político independiente, que jamás respaldó a Pedro Sánchez durante procesos internos, y cuya estrategia electoral se centró en resaltar su cercanía con la realidad local. El PSOE alcanzó la victoria en Soria, territorio donde Martínez ejerce como regidor de la capital.
7. La división castiga a Podemos e IU. Tras su ascenso en coalición en Unidas por Extremadura, las dos principales fuerzas de la izquierda alternativa fueron por separado en Aragón y Castilla y León. ¿Resultado? IU, en alianza con Movimiento Sumar, ha logrado un 2,9% y un 2,2%, respectivamente, salvando un único escaño por Zaragoza. El balance es desastroso para Podemos, que se ha quedado en un 0,9% en Aragón y en un 0,7% en Castilla y León. Eso supone cero escaños en dos comunidades en las que hace solo diez años totalizaba 24. Aunque no es seguro que unidos hubieran logrado mejores resultados, lo que sí es evidente es que por separado IU y Podemos han salido machacados de las dos últimas citas, en contraste con su avance extremeño.
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