Los empresarios del turismo catalán se reivindican ante las voces que piden un cambio del modelo
Florecen movimientos que piden una transformación de la estructura productiva, pero el sector asegura que lleva años haciendo inversiones

El turismo es una poderosa vitamina para la economía catalana, con un peso del 14% en el PIB y con relación directa en un 12,4% de la ocupación. La fuerza de los datos no evita el relato que apunta que el modelo turístico actual tiene fecha de caducidad. El último en difundir esa idea es el Cercle d’Economia. La influyente entidad empresarial, a través de su plataforma Iniciativa para la Productividad y la Innovación (IPI), publicó un informe la semana pasada donde advierte que el negocio turístico pivota sobre “un modelo de crecimiento extensivo que muestra síntomas de agotamiento”. Se requiere una “revisión”, dice el diagnóstico, porque se genera “ocupación masiva” pero con dificultades para escalar en la cadena de valor. La productividad y los salarios apenas pueden aumentar mucho en este sector, pero los empresarios defienden que llevan años transformándose para atraer a clientes de “más calidad”. En el fondo, la pregunta más difícil de responder es si tiene Cataluña la capacidad, mediante otras fuentes productivas, para generar la misma actividad económica que da el turismo.
La Cambra de Comerç de Barcelona, otra entidad empresarial que en sus estudios pone el foco en el comportamiento de los sectores productivos catalanes, ya adelantó a principios de este mes que la economía catalana estaba dando señales de experimentar un cambio en su estructura productiva. Así, a diferencia de anteriores periodos expansivos, entre los años 2019-2025 han ganado peso sectores que aportan más valor añadido, como Información y Comunicaciones, Actividades Profesionales y Sector Público, mientras que otros sectores que son más intensivos en trabajo y necesitan más mano de obra para que aumente su productividad, como la industria manufacturera, el comercio o la hostelería, perdieron peso relativo.
Se trata de una buena noticia, ya que el crecimiento de la economía se dará más orgánicamente y permitirá redistribuir mejor la riqueza si incrementan peso relativo los sectores en los que la productividad no crece solo al poner más personal a trabajar, sino que puede crecer mediante la inversión o la innovación. En el turismo, esto es más difícil, ya que no ocurre como en una fábrica, donde una máquina nueva puede multiplicar la producción de la anterior: en el turismo, el techo de la productividad está a menudo en las capacidades de sus trabajadores, que además están entre los peor pagados (el salario bruto medio en 2023 fue de 23.619,9 euros anuales, un 20% por debajo de la media del sector servicios, según los datos del Observatori del Treball i el Model Productiu, de la Generalitat). Desde la pandemia, además, el sector turístico es uno de los que tiene más dificultades para encontrar trabajadores.
Con todo, el turismo continúa siendo un sector clave, representa alrededor del 14% del PIB catalán y el 12,4% de la ocupación, y cuenta con unos 111.250 establecimientos en toda Cataluña (entre hoteles, campings, turismo rural, apartamentos y viviendas de uso turístico), a lo que hay que sumar todos los servicios y empresas auxiliares. Además, no está claro qué otros sectores podrían ganar peso para relevar al turismo en su generación de PIB.
Precisamente por eso, el sector defiende que no se puede prescindir de su actividad, y argumentan que llevan años invirtiendo para que tenga las menores externalidades negativas posibles. El Observatorio de la Economía Urbana de la Cambra de Barcelona publicó recientemente otro estudio en el que señalaba que, si bien el peso del turismo en el PIB de la capital catalana se ha reducido de un 14,1% a un 12,8% entre 2019 y 2023, mejoró en muchos indicadores que permiten que la actividad sea más sostenible que antes. El autor del estudio, el catedrático de la UPF Josep Francesc Valls, explica que el planteamiento sobre el modelo productivo de la economía catalana no tiene que ser reducir el turismo, sino ver cómo hacer crecer los demás sectores. “En el turismo, es posible que estemos yendo hacia menos volumen pero más valor. Hay varios mantras que tenemos que romper, como el tema de los salarios: en las nuevas profesiones que se están creando, por ejemplo en el mundo del espectáculo, y que tienen que ver con el turismo, los puestos son de calidad, y los salarios más altos”, argumenta, aunque admite que el modelo “se basa en que hay puestos de trabajo base a partir de los cuales los trabajadores pueden prosperar”. Valls apunta que el foco se tiene que poner en la innovación, y recuerda que la innovación en otros sectores no se podría desarrollar sin el dinamismo económico que da el turismo: “Sin turismo, no podrían crecer muchos sectores”, añade.
Los empresarios que están en primera línea también critican la idea de que el modelo tiene que cambiar como si no se hubiese hecho nada. “Lamentablemente, el Cercle quiere dar fe desde Barcelona de un supuesto problema que tal vez tiene Barcelona, pero no el resto del país”, replica Xavier Guardià, portavoz de la Federación Empresarial de Hostelería de Tarragona (FEHT). “El sector hace tiempo que se puso las pilas”, asegura Elizabeth Keegan, gerente de Lloret Turisme. “La actividad turística cerró 2025 logrando el reto de pasar del volumen al valor”, defiende la Generalitat.
El Cercle, que habitualmente hace pronunciamientos sobre cuestiones de geopolítica o macroeconomía, pone esta vez el foco en el turismo y señala que sus conclusiones parten de un trabajo coordinado por el economista Miquel Puig, tras haber escuchado a empresas, trabajadores, académicos y entidades representantes del sector. “El Cercle no se posiciona, pero sí quiere participar en el debate”, manifiesta de manera oficial la entidad. Pese a eso, el dossier del IPI sí señala que “el modelo de expansión extensiva, basado en la acumulación de récords de llegadas, genera externalidades negativas que tensan la convivencia”. Xavier Guardià pone en duda las conclusiones: “Para nada creo que sea un modelo caduco. El sector turístico ha evolucionado porque está muy acostumbrado a reinventarse”, señala, y explica que la Costa Daurada y el resto de destinos de la zona de Tarragona despacha, de media, 22 millones de pernoctaciones al año.
“En aquellos destinos que tenemos recursos para hacerlo, la productividad no se mide solo en pernoctaciones. Hace tiempo que trabajamos con big data y atendemos a indicadores de sostenibilidad”, manifiesta Elizabeth Keegan, al frente de Lloret Turisme, el ente que gestiona una oferta de 120 hoteles y 30.000 camas en el popular municipio de la Costa Brava. “Que yo sepa, en pocas cosas somos líderes mundiales. En el caso del turismo lo somos en todo, en número de turistas pero también en conocimientos y tecnología. Tan mal no lo tenemos que estar haciendo”, apunta Xavier Guardià.
El gasto medio por viaje se ha incrementado un 3,3%, y el gasto medio por persona y día ha crecido todavía más, con un 5,1%, según manifiesta la Generalitat en su reporte de 2025 sobre la evolución del sector turístico. “Este comportamiento confirma que el crecimiento del sector responde principalmente a una mejora en la calidad del gasto turístico, y no tanto a un incremento en volumen del número de visitantes”, se apunta.
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