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Alan Faena, el promotor argentino en Nueva

La ciudad acoge el tercer proyecto de este ‘businessman’ y ‘performer’, eternamente vestido de blanco

Alan Faena es un mago de las ciudades. Con sus hoteles resucitó la zona de Puerto Madero, en Buenos Aires, y el Mid Beach, en Miami. Ahora quiere devolverle su esplendor al West Chelsea de Nueva York.Winnie Au

Alan Faena quiere que Nueva York vuelva a ser la ciudad que nunca duerme. Sinatra dixit. Al parecer, tras la pandemia los neoyorquinos han claudicado, cenan y se van a la cama pronto. Nuevos hábitos que Faena quiere hackear con un hotel maximalista y dramático en West Chelsea, donde un speakeasy que está por abrir y un teatro de variedades de ambiente mundano y cabaretero recordarán a los locales la ciudad que aún tienen entre manos.

Sonaría pretencioso si no fuera porque Alan Faena (Buenos Aires, 62 años) es un mago de las ciudades y las voluntades. Su primer experimento empezó en medio de una crisis, la de 2001 en Argentina, en Puerto Madero, zona portuaria en ruinas de Buenos Aires. Venía de vender su marca de moda, Via Vai, y de superar un trance: cuatro años cultivando rosas en su casa de Uruguay. Nacido en una familia de emigrantes sirios y con un apellido judío sefardí, podía salir cualquier cosa de ese ritual purificador. Salió una idea. Por un lado, levantar un proyecto residencial de lujo en aquel erial, y, por otro, conquistar a los talentos más caros del mundo. Por ejemplo, encargar el interiorismo a Philippe Starck, entonces en lo más alto de su carrera, y el diseño a Norman Foster. A Starck le enviaba postales dramáticas: Argentina needs you. Los acabó convenciendo. Ahora dice que “las almas creativas se reconocen al instante”. Faena y sus socios levantaron Puerto Madero y en 20 años lo convirtieron en una de las zonas residenciales más deseadas de la ciudad.

La siguiente parada, en 2015, fue Mid Beach, otra área deprimida y damnificada por más de un capítulo de Corrupción en Miami que en 10 años se transformó en un distrito cultural, el Faena District Miami, con epicentro en un hotel de lujo donde hoy se concentran las mejores fiestas de Art Basel. “Nadie creía en este proyecto, solo nosotros”, confirma Faena por videollamada desde la terraza de ese mismo hotel. “Hemos ayudado a elevar Miami, somos parte del cambio de percepción de la ciudad”, continúa.

No hace falta encumbrar a Nueva York, pero Faena se asienta en ese lugar, entre la High Line y la calle West 18th, con una determinación y modus operandi parecidas, aunque en esta ocasión se ha aliado con un gigante hotelero, Accor, con cuya ayuda se levantarán hasta 20 hoteles Faena por todo el planeta, según Bloomberg. Madrid podría contar con uno de ellos: “Es una de nuestras prioridades”, señala.

El Faena New York inauguró sus puertas con total desparpajo en septiembre de 2025. Alardea de textiles lujosos, damascos, brillos y una paleta vibrante contrastando con la austeridad, el material rústico y la estética fabril del barrio de galerías en Manhattan. En ese lugar, Faena ha establecido su cosmos de esoterismo, huevos cósmicos, tigres de Malasia, gemas místicas y armas legendarias (para equilibrar las vibraciones opuestas, él luce, tal como acostumbra desde hace veinte años, un atuendo blanco inmaculado y su sombrero Panamá con plumas). La iconografía y estética de Faena impregna cada rincón, abarcando desde la mantelería hasta el textil de cama. En cualquier velada, el huésped podría hallar una carta de baraja bajo su cojín al acostarse, debiendo permanecer alerta pues en este establecimiento nada ocurre por casualidad.

“West Chelsea es un lugar más bien tranquilo donde todo está por suceder. El mural de la catedral [Faena llama catedrales a las recepciones de sus tres hoteles] lo hemos encargado al muralista Diego Gravinese y ha tardado más en terminarse que la obra del edificio”, cuenta. Gravinese ha pintado a La mujer colosal rodeada de una constelación de cuarzos y símbolos. En la segunda planta, un mural amarillo neón de 12 metros de Keith Haring invoca el Nueva York de los ochenta, y, en la zona del bar, otro firmado por Juan Gatti replica monumentos emblemáticos de la ciudad, como el Atlas del Rockefeller Center y el puente de Brooklyn.

—¿Qué es para usted el lujo?

—Un concepto desgastado. Se vincula equivocadamente con elementos costosos, como el mármol y las maderas relucientes. Es empresarial, monótono y sin audacia. Está exhausto y solo se escenifica. Me resulta indiferente. Faena constituye el porvenir de la distinción pues contamos con el lenguaje del sentimiento y el asombro por medio de la iluminación y las tonalidades.

—¿La llegada de Zohran Mamdani a la Alcaldía de Nueva York va a afectar a este tipo de inversiones?

—Nuestro proyecto es a 20 y 30 años vista. Por el bien de la ciudad espero que no se lesione su espíritu de crecimiento basado en el talento y en la búsqueda de nuevos caminos. Queremos estar en una ciudad libre y ser parte del mito de Frank Sinatra: “If I can make it there, I’ll make it anywhere” [canta New York, New York].

—¿Ofrecerá el Faena New York alguna zona de acceso para los neoyorquinos que no logren sufragar sus elevados precios?

—Más que un hotel de lujo, Faena es un proyecto cultural, con el tiempo se convertirá en un complejo de restaurantes y locales de ocio similar al distrito cultural Faena de Miami, que tiene seis manzanas.

—¿Qué es para usted el dinero?

—No me guía el dinero. Yo sigo mi intuición y el dinero puede venir o no. Siempre he corrido muchos riesgos. Nunca pensé que llegaría tan lejos en un país extranjero y al que llegué con un inglés tarzanesco. Pero siempre tuve la confianza en que lo que hacía iba a ser bien aceptado.

—¿De dónde le viene esa confianza?

—Era un pequeño bastante retraído, aunque siempre estuve seguro de lo que deseaba realizar. Aquello me brindó seguridad.

—¿Y es cauto con algo?

—Con todo. Intento conocer al dedillo cada ciudad antes de abrir un hotel. Pero la cautela no es un límite, me ayuda a entender mejor el mundo.

—¿Cuántas horas diarias trabaja?

—En principio no trabajo. Hacer lo que hago es mi hobby.

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