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Especial publicidad

Un viaje al interior de la Tierra

Galicia siempre guarda rincones por descubrir, como el Xeoparque Mundial Unesco Cabo Ortegal. El secreto más salvaje, cerca del fin del mundo

El Cabo Ortegal, el segundo más septentrional de la península Ibérica, marca la simbólica división entre el Atlántico y el Cantábrico.

Galicia, geoparque y naturaleza son tres términos que despiertan el apetito viajero. El entorno del Cabo Ortegal, en el norte de A Coruña, es un paraíso en el que solo el océano perturba el silencio. Un enclave único en Europa por su paisaje atlántico, su arraigada identidad cultural y su decidida apuesta por un modelo de turismo responsible, no masificado y para todo el año. La sostenibilidad aquí no es un eslogan, sino una filosofía de vida: hay un desvelo por la conservación del patrimonio geológico, la promoción de las tradiciones locales y mantener un desarrollo equilibrado.

La mejor armonía entre emoción y ciencia, en apenas 800 km². Incluso los topógrafos pagarían por pasar una temporada aquí. Porque en este lugar, la Tierra se abre y deja ver su historia más profunda, un milhoja en la que cada sedimento cuenta millones de años. Reconocido en 2023 como Xeoparque Mundial por la Unesco, una cotizada vitola reservada solo a 18 enclaves en España, atesora fragmentos del manto terrestre que deberían estar a 70 kilómetros de profundidad.

Solo hay 18 enclaves en España reconocidos como Geoparque por la Unesco. El de Ortegal atesora fragmentos del manto terrestre que deberían estar a 70 kilómetros de profundidad.

Este confín de la península, que integra siete municipios (Cariño, Cedeira, Cerdido, Moeche, Ortigueira, San Sadurniño y Valdoviño), ofrece un escaparate de naturaleza, etnografía y, por supuesto, exquisitos frutos del mar, entre rías y acantilados. En el interior, castillos y fragas, como se llama aquí a los bosques atlánticos, seducen al visitante. Para el viajero senderista y para el urbanita recalcitrante, descubrir el geoparque es algo más que una tentación. Nunca antes la palabra escapada cobró más sentido: perderse por sus prados, miradores, puertitos y lonjas supone toda una experiencia.

Los filólogos no lo han hecho oficial aún, pero en gallego, turismo slow bien podría decirse “Xeoparque Cabo Ortegal”. Un viaje al interior de la Tierra... Y también al interior de uno mismo. Mejor guardar el secreto, no sea que se acerque por aquí algún heredero (o émulo) de Julio Verne.

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