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El Santander redobla su apuesta estadounidense

La generación de liquidez y la fuerte subida en Bolsa permiten a la entidad asumir la compra de Webster Financial y, al mismo tiempo, mantener su compromiso de remuneración a los accionistas

Oficina del Webster Bank en Boston, Massachusetts.CJ GUNTHER ( EFE / EPA)

Durante años, Banco Santander fue un gigante con una identidad difícil de fijar: presencia global, rentabilidades desiguales y una cotización que no siempre reflejaba su escala. Hoy, con la acción cerca de máximos históricos, el grupo proyecta una imagen más definida: resultados récord, disciplina de capital y un rediseño geográfico que refuerza el peso estratégico de Estados Unidos en su perfil futuro.

Con un beneficio récord de 14.100 millones de euros, 2025 marcó un punto de inflexión. El mayor banco por valor bursátil de la eurozona elevó su rentabilidad sobre capital (RoTE) al 16,3%, mientras su solvencia o colchón de seguridad (ratio CET1) superó sus propias previsiones y alcanzó el 13,5%. Esa combinación de rentabilidad y capital ha permitido mantener una de las políticas de remuneración más ambiciosas de la banca europea: desde 2021, el grupo ha devuelto a sus accionistas 22.400 millones de euros combinando dividendos en efectivo y programas de recompra de acciones.

“Nuestro foco es crear valor de forma sostenible y consistente, con una asignación disciplinada de capital, combinando crecimiento rentable y remuneración al accionista”, defendió Ana Botín en la presentación de los resultados de 2025. Ese equilibrio es el marco en el que debe leerse la compra de Webster Financial por 12.200 millones de dólares. De hecho, tras anunciar la operación, el banco activó un nuevo tramo de recompra de 5.000 millones de euros y reiteró su compromiso de pay-out —porcentaje del beneficio destinado a dividendo— ordinario del 50% en un gesto destinado a reforzar que la adquisición no altera su política de remuneración.

La compra se produce tras una secuencia de movimientos que han redefinido el perímetro del grupo. La venta de su participación en Polonia a 2,2 veces su valor contable tangible permitió aflorar capital y rotar hacia mercados considerados estratégicos. A ello se sumó la adquisición de TSB en el Reino Unido y, ahora, el refuerzo en Estados Unidos. La lógica defendida por la entidad es reasignación de capital hacia plazas donde la escala puede mejorar de forma estructural la rentabilidad. En un contexto en el que la consolidación bancaria europea ha sido mayoritariamente doméstica y muchas entidades han priorizado reforzar capital y remuneración frente a grandes operaciones transfronterizas, Santander ha optado por utilizar su exceso para reforzar mercados donde considera que la escala aporta retornos adicionales.

La operación ha sorprendido a algunos por el momento escogido. Es difícil encontrar en la historia reciente más ruido político y regulatorio que el que resuena en Estados Unidos. Pero la entidad defiende su encaje estructural. “Cuando uno hace una inversión tiene que considerar el contexto global”, explicó Botín, antes de subrayar que, “en el caso de Estados Unidos, lo positivo es más que lo negativo y los riesgos se ven compensados por un retorno adecuado”. Para la presidenta, se trata del “mercado más grande, el que más crece de los desarrollados y el más atractivo en servicios financieros”. Botín tiene claro que el potencial compensa los riesgos. “En Estados Unidos, la escala es clave para ser competitivo y rentable, especialmente en banca minorista y de empresas”, señaló Botín.

Un elemento crítico

Webster aporta sobre todo depósitos y capacidad de financiación estable, un elemento crítico en un entorno en el que el coste del pasivo determina la rentabilidad. La operación es relevante en Estados Unidos, pero contenida a nivel de grupo: representa en torno al 4% de los activos totales. Se estructura con un 65% en efectivo y un 35% en acciones de Santander. El banco estima un retorno sobre el capital invertido del 15% y una mejora del beneficio por acción del 7%-8% en 2028, apoyada en sinergias de costes cercanas a 800 millones de dólares.

El impacto en solvencia no es menor. La adquisición consumirá, aproximadamente, 140 puntos básicos de capital de máxima calidad (CET1), de los que en torno a 70 procederán de la generación orgánica prevista este año y el resto, del exceso actual. Eso situará la ratio en una horquilla estimada entre el 12,8% y el 13%, dentro del rango operativo objetivo del grupo, pero sin margen adicional inmediato para distribuir exceso de forma transitoria. La dirección no lo oculta. Ante los analistas reconoció que 2026 absorberá casi toda la generación prevista, pero añadió una señal temporal clara: “En 2027 volverá a haber exceso de capital disponible para nuevas distribuciones”. Las agencias de rating han respaldado la operación desde el punto de vista de solvencia. S&P considera que la adquisición refuerza la franquicia estadounidense a un coste de capital “asumible”.

La cotización cerca de máximos, con un valor bursátil que supera los 151.000 millones de euros, es un detalle relevante en esta apuesta estratégica. Tras años de descuento estructural frente a otros grandes bancos, la subida bursátil ha devuelto a Santander una herramienta clave: una acción que puede utilizarse como moneda en operaciones corporativas sin comprometer su disciplina de capital. En este sentido, la fortaleza bursátil reduce la dilución asociada al pago en acciones y facilita que la operación conviva con la política de recompras sin tensionar la percepción de solvencia.

Con la financiación y el impacto en balance acotados, los analistas han empezado a revisar sus modelos a la luz del nuevo encaje estratégico del grupo. Más allá del crecimiento del balance, el foco se sitúa en la mejora estructural del negocio en Estados Unidos, con una base de depósitos más sólida, mayor eficiencia operativa y un coste de capital más competitivo. A estos niveles de valoración, varios análisis consideran que el retorno implícito de la operación resulta comparable —e incluso superior en el medio plazo— al de una recompra adicional de acciones, siempre que se materialicen las sinergias previstas. De ahí que la atención se concentre en la capacidad de ejecución y en el calendario para trasladar esas mejoras operativas a resultados.

Botín ha descartado nuevas adquisiciones de esta magnitud en el corto plazo. Si esa premisa se mantiene, Webster no sería el inicio de un nuevo ciclo expansivo, sino el cierre de una etapa de reordenación estratégica. En espera de más pistas en el Investor’s Day previsto el 25 de febrero en Londres, la entidad sostiene —apoyándose en estimaciones de mercado— que podría situarse entre los cinco bancos más rentables de Estados Unidos en 2028.

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