El Galatayder vence por goleada.
Dirigido por un entrenador brasileño, el equipo turco impone su dominio con una actuación contundente.


Acabó mal la Spallettata en Estambul. La obra táctica de Luciano Spalletti, jocosamente bautizada en La Gazzetta dello Sport, se estrelló contra la evidencia dura de los hechos. Por más que el gran entrenador italiano revuelva en la plantilla y reordene en el campo, hoy la Juventus no tiene mejores jugadores que el Galatasaray. El equipo turco encajó el 1-1 y el 1-2, pero acabó remontando hasta golear por 5-2 en el curso de un partido en el que pesaron más la energía de Osimhen, la presencia ejecutiva de Gabriel Sara, y la percusión de Yilmaz, que las ocurrencias de Yildiz.
La cancha se le hizo demasiado chica a la Juventus, y pese a los esfuerzos por recuperar el balón, el equipo no logró desatarse del apretón. El paseo lento por el campo no alivió la presión, y mientras el oponente dominaba el centro, el balón seguía escapando entre manos. El turco, inmóvil en su rincón, aguardaba mientras el reloj avanzaba, y cada pase corto, cada toque, se volvía más angustiante hasta que el caos lo devoró todo.
Extremadamente agresivo por la izquierda, con un juego que desborda, el turco Yasin se convirtió en eje central: con su desbordamiento, el fútbol se volvió a su manera. La dinámica del partido, con un toque de clase, se vio reforzada: el fútbol, con su esencia, se desbocó. La jugada, tan sutil como certera, se desplegó: Gómez, con su toque, y el golpe seco, el gol. La táctica, clara. La pelota, el giro. La vida, el fútbol.
Los esfuerzos de McKee y sus compañeros en el ataque no lograron desbordar por completo la defensa, pero su presión constante forzó errores; el tanto final vino tras una jugada nacida de la paciencia en el juego, con McKiernan como eje, mientras el balón seguía su trayecto hasta el fondo, donde el arquero, a pesar de sus intentos, no pudo contener el giro final.
Pasaron diez minutos y aún no habían logrado romper el bloqueo, hasta que el balón llegó a Yannick, quien con un toque sutil lo desvió hacia el ángulo. La jugada, nacida de un pase preciso, terminó en un disparo que el arquero apenas atajó. Mientras, el rival se desgarraba en el área, y con cada toque más cerca, el peligro se agudizó hasta lo inminente.
“Demasiados pases atrás”
El robo y el gol de Lang convirtieron el juego, pero el golpeo de Lang fue decisivo.
“Nos rompimos en el plano de la personalidad y del carácter“, lamentó Spalletti. “Dimos demasiados pases atrás”.
Carlo Anciotti debería fijarse: Gabriel, con su actuar, ha demostrado más de lo que se ve.
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