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El COI anuncia que solo las mujeres biológicas podrán participar en disciplinas femeninas

La norma se aplicará a partir de los próximos Juegos Olímpicos de Los Ángeles 2028

01:03
El COI anuncia que solo las mujeres biológicas podrán participar en disciplinas femeninas
Imane Khelif, de Argelia, en los pasados Juegos Olímpicos. Foto: Anadolu (Anadolu via Getty Images) | Vídeo: epv

Justo un año ha debido transcurrir desde que fuera elegida primera mujer presidenta del Comité Olímpico Internacional (COI) para que Kirsty Coventry tome la medida que quizás marque su mandato para siempre: reimplantar los test de sexo en los Juegos Olímpicos, una práctica abandonada a principios de la década de los 90 del siglo pasado por objeciones legales, éticas y culturales.

Todas las mujeres que quieran participar en los Juegos de Los Ángeles 28 en la categoría femenina de cualquier deporte deberán haber demostrado que en sus genes no hay cromosoma Y, el que determina los rasgos masculinos. La prueba consiste en un PCR SRY con muestras de saliva, un algodón en el interior de la mejilla o sangre. Solo se hará una vez en la vida de las deportistas. Quedarán eliminadas de la categoría femenina aquellas que no lo superen, sean atletas transgénero, sean atletas con variaciones de las características sexuales (DSD), mujeres a las que se asignó el sexo femenino al nacer pero poseen cromosomas masculinos, mujeres como Caster Semenya, la doble campeona olímpica surafricana de 800m, o I mane Kheli f, la boxeadora argelina medallista de oro en los Juegos de París. Solo podrán competir en categoría femenina aquellas que, como la española María José Martínez Patiño en los años 80, posean el cromosoma Y, que dispara los niveles de testosterona, pero estén afectadas del llamado síndrome de insensibilidad total a los andrógenos (CAIS) u otras anomalías o trastornos poco frecuentes del desarrollo sexual (DSD), en los que no se obtienen beneficios de los efectos anabólicos o de mejora del rendimiento de la testosterona.

“Hay avances en algunas cosas y en otras debemos seguir trabajando”, piensa Martínez Patiño, que ha contribuido con su experiencia y su ciencia, en el grupo de trabajo creado por el COI en 2025 con decenas de médicos especialistas en diferentes facetas para buscar un consenso. “Al menos yo podría competir sin problemas. Me alegro por las nuevas generaciones”. A la vallista gallega, investigadora actualmente en la Universidad de Vigo, le rechina, sin embargo, que la política del COI con respecto a la mujer parta de considerar dogma científico afirmaciones de este tipo que figuran en el documento: “El sexo biológico, que se divide en dos categorías (masculino y femenino, según su biología reproductiva, incluyendo sus cromosomas sexuales, gónadas y hormonas), es distinto de la identidad de género, que es la percepción que tiene una persona de sí misma como mujer, hombre o ninguna de las dos cosas/no binaria”. Martínez Patiño, que se siente cien por cien mujer, tiene un cromosoma Y. “Tengo claro que los cromosomas no son determinantes”, afirma.

“Entiendo que se trata de un tema muy delicado”, dijo Coventry al anunciar la decisión. “Como exdeportista, creo firmemente en el derecho de todos los atletas olímpicos a participar en una competición justa. La política que hemos anunciado se basa en la ciencia y ha sido elaborada por expertos médicos. Los cromosomas masculinos proporcionan ventajas de rendimiento en deportes que dependen de la fuerza, la potencia o la resistencia, por tanto, es absolutamente claro que no sería justo que los hombres biológicos compitieran en la categoría femenina”.

El simple título del documento aprobado el jueves por el Comité Ejecutivo del COI -- Política sobre la protección de la categoría femenina (de mujeres) en el deporte olímpico— define con claridad el giro de 180 grados del organismo que concilia el deporte mundial en su política respecto a la mujer comparado con el anterior y aperturista documento, titulado Marco sobre equidad, inclusión y no discriminación por motivos de identidad de género y variaciones de sexo. “Nunca ha habido una mujer transgénero que haya tenido éxito a nivel internacional”, dice Joana Harper, atleta transexual canadiense, doctora en Ciencias del Deporte e investigadora en la Universidad de Ontario. “Creo que la razón del COI es más política que científica. En muchas partes del mundo, como el Reino Unido o Estados Unidos, donde Donald Trump ha anunciado que no dará visado de entrada para los Juegos de los Ángeles a deportistas trans, ha habido un movimiento político importante contra las mujeres transgénero. Eso lo utiliza Coventry para justificar la eliminación tanto de las mujeres trans como de las mujeres con DSD del olimpismo”.

La gran repercusión que tuvo en los pasados Juegos la victoria de la boxeadora argelina ha sido una de las razones por las que Coventry creó una comisión de estudio cuyos miembros son secretos y presidida por la nueva responsable médica del COI, la remera olímpica canadiense Jane Thornton. Su experiencia deportiva y la de Coventry, campeona olímpica de natación en 2004, también influye en su determinación reguladora.

Pese a ello, Coventry mantiene que el retorno de los controles –en cierta forma, una discriminación, pues los hombres no pasan controles de este tipo, para solucionar un asunto que más allá de su oleaje mediático no suponía mayor problema—es la mejor forma de política feminista. “Además de garantizar la equidad, la seguridad y la integridad en la competición de élite, se busca promover la igualdad, potenciar los valores olímpicos y aumentar la visibilidad de la categoría femenina”, señala en el texto que acompaña al documento. “Por estas razones, el Movimiento Olímpico tiene un interés fundamental en contar con una categoría femenina basada en el sexo”.

La anterior política abierta del COI nunca imponía, sino que dejaba libertad a las diferentes federaciones para imponer sus reglas. La norma más aceptada era un umbral de testosterona natural, la hormona masculina: quien lo superara quedaba excluida. Tanto las mujeres transgénero como las DSD debían medicarse con estrógenos para no superarlo. Si las mujeres trans lo hacían sin mayores problemas por su deseo de ser lo más mujer posible, las DSD, como Semenya, sufrían graves trastornos físicos y psicológicos, y terminaron abandonando la competición. Pese a eso, la federación internacional de atletismo (WA) unificó en 2025 ambas categorías en términos normativos, y el COI ha seguido el mismo camino.

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