Ir al contenido
_
_
_
_

El director del documental sobre Gaza nominado a los Goya pide “medidas de seguridad” en la gala: “Hemos recibido amenazas de muerte”

Hernán Zin, cuatro veces finalista a los premios, dirige una película rodada por palestinos dentro de la Franja, con el día a día de tres jóvenes gazatíes durante la ofensiva israelí de los últimos dos años

El director Hernan Zin el lunes pasado, en la sede de su productora en Madrid.Víctor Sainz

Udai no puede dejar de sonreír. Quiere casarse con una mujer con la que lleva más de un lustro saliendo. Pasan la tarde juntos, caminan de la mano por la ciudad. “Pero ¿dónde van a vivir?”, le pregunta su madre con cierta risa entre nerviosa y burlona. “No puede ser en una carpa”. El joven, alto y delgado, lo tiene claro: “Cuando termine la guerra, nos casaremos. Ahora es imposible”. Su ciudad es Gaza; la carpa es lo que le queda de casa. Su novia y él son palestinos que huyen de las bombas. La escena la atestigua la última película de Hernán Zin (Buenos Aires, 54 años), Todos somos Gaza, que le ha valido la nominación a mejor documental en los Goya 2026, pero también una gran cantidad de amenazas. “Vamos a los premios con preocupación, hemos recibido muchos insultos, amenazas de muerte y algunas en las que se manifiesta la intención de causarnos daño el día de la ceremonia”, dice. Tanto que han enviado una carta a la Academia en la que denuncian “una campaña organizada para intentar silenciar una obra que resulta incómoda” y piden que se “adopten las medidas de seguridad necesarias”.

¿Espera también apoyo del sector? “Sí, pero pasó ya el año pasado. Hay asociaciones en todos los niveles de la industria —técnicos, artistas, hasta dirección, producción— que se han organizado para que se escuche la voz de Palestina y en contra del genocidio en un altavoz tan grande como este. Habrá banderas y chapas de ‘Todos somos Gaza", responde. El miedo, dice, no le quita “la certeza de haber hecho una película que habla por sí misma”.

El curtido reportero de guerra, escritor y cineasta, cuatro veces candidato al Goya y ganador del Platino a mejor documental iberoamericano con Nacido en Siria (2017), retrata en su película el día a día de Udai y de otros dos jóvenes gazatíes, Mohamed y Bisán, en medio de la devastadora ofensiva israelí en la Franja que, según el Ministerio de Sanidad de Gaza y el propio ejército israelí, ha dejado más de 70.000 muertos en dos años. A los tres ya los conocíamos. Los presentó el propio Zin en otra película de 2014, Nacido en Gaza, en la que los siguió a ellos y a otros siete niños durante el ataque israelí de aquel verano.

El joven enamorado era entonces un chiquillo con el dibujo de un tigre en su camiseta empolvada que recorría, junto a un par de amigos, las ruinas de su casa en busca de algo rescatable. Ya habían matado a uno de sus hermanos —vendrían dos más después— y contaba con entereza su vida en la catástrofe. Mohamed, hoy casado y padre de dos hijos, recogía plásticos en un vertedero por un euro al día y era el único sostén de su familia. Y Bisán, que ahora estudia y quiere ser periodista, acababa de perder a su familia después de que una bomba convirtiera su casa en su sepultura. Con la ofensiva iniciada en octubre de 2023, aquellos niños volvieron a la conversación. “Todos me preguntaban qué había sido de ellos, dónde estaban. Yo había perdido el contacto y saber qué había pasado con sus vidas era un gran folio en blanco lleno de preguntas”, recuerda el cineasta. Logró localizar a ocho de los diez y centró su nueva película en estos tres.

Intentó durante varios meses entrar en Gaza —“Hubiese dado una mano por estar ahí”, dice—, pero fue imposible. Reunió entonces a un grupo de cineastas palestinos para rodar dentro mientras él dirigía, entrevistaba y montaba desde su oficina en Madrid: un edificio frío, silencioso y laberíntico desde el que también ataca las preguntas con una energía juvenil, aunque con una mirada que delata un cansancio hondo. “Lo que más me sorprendió al volver a verlos”, cuenta sobre los protagonistas, “es que no cambiaron. Al contrario: son más fuertes, más resilientes. Son lo mejor de la condición humana”.

Lleva media vida recorriendo guerras y retratando con su cámara realidades extremas: de Somalia a Afganistán, de Uganda a América Latina. Así ha creado más de una treintena de documentales. En Nacido en Siria, por ejemplo, siguió a refugiados de ese país en su odisea hacia Europa; en La guerra contra las mujeres dedicó tres años en diez países a documentar la violencia sexual en los conflictos bélicos. “Es mucho más difícil contar una guerra desde fuera que desde dentro. No sientes lo que siente la víctima. Para mí fue muy duro a nivel de dirección”, cuenta.

Y también en lo emocional. Estar lejos del peligro lo enfrentó al dolor de forma distinta, sin la anestesia de la adrenalina que conlleva jugarse la vida. Lucha desde hace una década, confiesa, con un estrés postraumático y recibir las imágenes de la Franja a diario significó reabrir todas las heridas, “como a un alcohólico al que le das dos botellas de vodka cada día”. Además, se enfrentó a otro dilema: “Sin estar en el terreno es muy difícil evaluar los riesgos que asume otro. Tomar una decisión conjunta para que otro tome el riesgo ha sido muy difícil”. Algunos miembros del rodaje resultaron heridos y tuvieron que ser reemplazados, aunque no hubo incidentes más graves. “Han tenido la enorme generosidad de rodar esto porque ellos también eran víctimas. Es como haber tenido un cineasta en Auschwitz corriendo de un lado a otro para que no lo maten”, sentencia.

A pesar de las dificultades, su estilo intimista —“minimal”, como lo llama él— se palpa en la pantalla. Un 24, un trípode “y que pasen cosas”. Combina los testimonios de sus protagonistas con durísimas imágenes de archivo de la catástrofe que contextualizan. ¿Y el riesgo innato de instrumentalizar o normalizar la violencia, quizá incrementado con la magnitud mediática del conflicto? “Mi trabajo es complementar el de los periodistas. Es humanizar. Hay mucha gente que lo valora. La película, al darle un contexto y una parte humana, no duele tanto como ver imágenes de niños decapitados o quemados vivos en el móvil. El cine que hago es para dejar un documento histórico y para darle una dimensión humana a las noticias”, responde el cineasta.

De esta candidatura a los Goya, como de las otras que no ganó, no espera mucho: “Estoy convencido de que vamos a perder”, afirma, “no tenemos ni la más mínima posibilidad. Nos enfrentamos, con todo mi respeto, que son todas grandes películas, a un torero y a la hija de un cantante [Tardes de soledad, de Albert Serra, y Flores para Antonio, de Isaki Lacuesta y Elena Molina]”.

Sus palabras reflejan su evidente molestia con una industria del cine que “tiene una parte muy banal” y que piensa que no se ha indignado lo suficiente con lo que ha pasado: “No entiendo que la industria no se levante más, que una película como esta no haya tenido la acogida que tienen otras. Siempre hablamos de la cultura como acto de resistencia, pero la industria del cine no se ha volcado con esta película. Es cine con mayúsculas”, dice. También muestra su “enorme vergüenza” por la falta de posicionamiento político en la Berlinale de este año. “Es una actitud cobarde. Estoy muy decepcionado con Wim Wenders, al que admiraba mucho, y con el festival. Es un gravísimo error no manifestarse”, dice.

Su análisis es que el sionismo “maneja todo”, incluyendo las narrativas y las finanzas, y que nada vale más que el dinero. Por eso, el título de su documental, más que una simple llamada a la solidaridad, pretende ser un presagio: “Gaza es la punta del iceberg de todo lo que está mal en este mundo. Es el ejemplo, pero vendrán por nosotros, el capital ya vale más que las personas. También se aplica a nuestras vidas”. Solo vislumbra un final al conflicto: “Los palestinos van a desaparecer, no hay otra, ese va a ser el final, van a ganar”.

El mundo de ahora ya no le interesa. “Te sientes con tan pocas posibilidades de cambiar las cosas que todo el espíritu que tenía antes, de esperanza, de recorrer el mundo y contar historias con libertad, se lo han cargado”, asegura. Ya hace 10 años reconocía estar cansado de este periplo documentalista, pero hoy promete dejarlo: “Estoy hecho mierda. Es mi despedida. Me voy a dedicar a la ficción”. No solo eso, como huyendo del dolor, será haciendo comedia. Ya terminó la primera temporada de La salvación, de Movistar Plus+, que todavía no tiene fecha de estreno, y trabaja en la segunda. “Nosotros nos reímos mucho en la guerra, pues es la única manera de sobrevivir, hacer una broma de vuelta al hotel”, termina Zin. De ahí sale un humor negro, de supervivencia, que lleva años cultivando. El que aprendió de la madre de Udai, que bromea con su hijo sobre su falta de casa, o de la hermana de Bisán, que ríe cuando esta le dice que quiere ser periodista. “Ah, no, periodista no. No queremos eso”, le contesta irónica y con risas, seguramente sabiendo que ahí a los periodistas los matan.

Tu suscripción se está usando en otro dispositivo

¿Quieres añadir otro usuario a tu suscripción?

Si continúas leyendo en este dispositivo, no se podrá leer en el otro.

¿Por qué estás viendo esto?

Flecha

Tu suscripción se está usando en otro dispositivo y solo puedes acceder a Papallones desde un dispositivo a la vez.

Si quieres compartir tu cuenta, cambia tu suscripción a la modalidad Premium, así podrás añadir otro usuario. Cada uno accederá con su propia cuenta de email, lo que os permitirá personalizar vuestra experiencia en Papallones.

¿Tienes una suscripción de empresa? Accede aquí para contratar más cuentas.

En el caso de no saber quién está usando tu cuenta, te recomendamos cambiar tu contraseña aquí.

Si decides continuar compartiendo tu cuenta, este mensaje se mostrará en tu dispositivo y en el de la otra persona que está usando tu cuenta de forma indefinida, afectando a tu experiencia de lectura. Puedes consultar aquí los términos y condiciones de la suscripción digital.

Rellena tu nombre y apellido para comentarcompletar datos

Archivado En

_

Últimas noticias

Recomendaciones Papallones
Recomendaciones Papallones
Recomendaciones Papallones
_
_