Un viaje a los cánones de la belleza (y la fealdad) desde el Renacimiento a nuestros días
Una exposición en el Palacio de Bellas Artes Bozar de Bruselas analiza qué es lo bello y lo feo, en una mirada que se extiende desde el siglo XV hasta la actualidad y sus propias contradicciones


Los cánones de belleza y hasta los trucos cosméticos no son solo cosa de la era TikTok. Qué hace a alguien bello, y por qué una persona es considerada fea son cuestiones que han preocupado a lo largo de la historia del arte y que vivieron un momento crucial entre finales del siglo XV y el XVI, cuando artistas como Boticelli, Tintoretto, Da Vinci o Cranach el Viejo establecieron algunos estándares que perduran hasta nuestros días. El Palacio de Bellas Artes (Bozar) de Bruselas dedica su última exposición, Bellezza e Brutezza, el ideal, lo real y la caricatura en el Renacimiento, abierta hasta el 14 de junio, a explorar esta etapa clave en la historia y el arte.
La muestra tiene más de 90 obras raramente prestadas de artistas de Italia y el norte de Europa, procedentes de unos 60 museos europeos, entre ellos el Louvre de París, los Museos Vaticanos o la Galleria Uffizi de Florencia. Busca demostrar la afirmación de Leonardo Da Vinci de que “la belleza y la fealdad se refuerzan mutuamente”. Son piezas —sobre todo pinturas, pero también esculturas o hasta un fascinante libro de Alberto Durero sobre “las proporciones humanas”— que exploran, y contraponen, los cánones renacentistas de belleza inspirados en la Antigüedad con los esfuerzos paralelos de muchos artistas por estudiar y entender la fealdad.
Se suceden así retratos y esculturas de —sobre todo— mujeres que representan los diversos cánones de belleza de la época, como Simonetta Vespucci, musa de Sandro Boticelli y que se cree que inspiró El nacimiento de Venus. A estas obras se contraponen, a lo largo de las salas del Bozar, estudios de caras y cuerpos monstruosos, como el retrato anónimo de Madeleine Gonzales, miembro de una familia famosa en las cortes de Italia y Francia en el siglo XVI, con exceso de vello corporal provocado por una hipertricosis congénita, popularmente conocida como síndrome del hombre lobo.

Hay también estudios de cuerpos marcados por la vejez o deformidades físicas, o todo a la vez, como una de las “cabezas grotescas” de Da Vinci o el Retrato de una mujer mayor, de Quentin Matsys. Son personajes llevados a menudo a lo grotesco y caricaturesco, pero en los que también hay, en muchos casos, una búsqueda de la profundidad de esas personas habitualmente despreciadas por la sociedad o relegadas a papeles secundarios o burlescos, como los bufones de la corte, pero con los que el artista logra la paradoja de una “bella fealdad”, como lo llama la comisaria de la exposición, Chiara Rabbi-Bernard.
La muestra “ofrece una nueva perspectiva de la tensión dinámica entre belleza y fealdad, explorando sus expresiones más convincentes desde finales del siglo XV a finales del XVI, un momento crucial en la historia”, sostiene esta experta en el Renacimiento. Una época en la que, se recuerda en la exposición, las reflexiones sobre la belleza y la fealdad también se manifestaron en los muchos tratados y libros publicados sobre belleza y cómo alcanzarla, donde se definían los criterios de la “apariencia ideal” de una mujer: una piel particularmente blanca, abundante cabello rubio, ojos oscuros, mejillas sonrosadas, labios rojos, finas cejas arqueadas o piernas bien proporcionadas.
Algo que demuestra que la obsesión por la imagen de hoy en día, sobre todo en las redes sociales, viene de lejos y que, como afirma la directora artística del Bozar, Zoë Gray, hace más actual que nunca esta exposición. “La percepción de la belleza, ver y ser visto, sentirse bien o mal en su piel, cómo afrontar la vejez… Todo eso sigue interpelando”, recuerda Gray, responsable de un museo al que le gusta centrarse cada año en un tema, como hizo recientemente con el amor. En la era digital en que la vivimos, subraya, esto se ha trasladado —y multiplicado— a las redes sociales, donde los jóvenes “nadan entre la aceptación y el rechazo”, expuestos más que nunca a extremos, desde el body positivity (positividad corporal) hasta todo lo contrario con el body shaming, esa dura crítica y burla sobre la apariencia física de otros que tanto abunda en las redes.

En un intento de demostrar los paralelismos de la historia, la exposición renacentista va acompañada de otra muestra contemporánea, Picture Perfect, en la que a través de las fotografías de 55 artistas contemporáneas, desde las estadounidenses Martha Rosler o Cindy Sherman hasta la sudafricana Zanele Muholi o la afgana Moshtari Hilal, se exploran “las presiones de verse hermosa” y se desafían las normas de belleza y sus representación fotográfica durante el último medio siglo.
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