‘Las sombras ya tienen hombre’, de Samuel Nacar, serie ganadora. Hosni Diab pasó seis años en prisión. Cuando lo liberaron, apenas podía mantenerse en pie. Afectado por la tuberculosis, primero lo mantuvieron recluido en una celda abarrotada con más de cien personas en la sección de Palestina. Era un soldado del régimen que había desertado y posteriormente fue arrestado. “El interrogador me engañó; me dijo que me liberarían si confesaba pertenecer a un grupo rebelde. Me golpearon de nuevo con los ojos vendados. Me arrancaron la ropa que llevaba puesta. Al final, bajo tortura, confesé ser un rebelde armado”. Más tarde fue trasladado a Sednaya. Hoy está vivo por milagro. “Cuando estaba en Sednaya, me enviaron al hospital militar de Qatana, donde descubrieron que tenía tuberculosis. Luego me enviaron a otro hospital, Tishreen, para darme medicación. Para diagnosticar la tuberculosis, tenía que escupir, así que uno de los soldados me dijo que me arrodillara con la cabeza gacha y, con una barra de hierro, me golpeó en la espalda”. Con la calefacción a toda potencia, sus padres escuchan el relato que Hosni cuenta desde la cama instalada en un rincón del salón. “Nunca pensé que volvería a verlo con vida”, dice su padre, Ahmed Diab.Samuel Nacar‘Las sombras ya tienen hombre’, de Samuel Nacar, serie ganadora. Después de siete años en prisión, Mohamed Khaled Krayem por fin es libre. Su familia está feliz, pero a él le cuesta pensar en el futuro, ya que debe acudir a citas médicas para recuperarse tras su liberación. “Nos golpeaban con tubos de hierro y plástico en las manos y los pies”, cuenta Mohamed.
Ahlan wa sahlan, es una expresión árabe que significa bienvenido. Los entrevistados pronuncian estas palabras como si se refirieran a un viejo conocido: ahlan wa sahlan. Y otra más: dulab, que significa rueda. Este método de tortura, aunque sencillo, se convirtió en uno de los sellos distintivos del régimen: sentar al prisionero dentro de una rueda, inmovilizarlo y golpearlo. “Te ponían boca arriba dentro del neumático y empezaban a golpearte los pies con tiras hechas con otro neumático que habían cortado”, explica Mohamed, el superviviente con los dientes rotos.
En la foto, Mohamed adopta la misma postura en la que solía dormir mientras estaba en prisión. Después de siete años tumbado en la misma postura, su memoria muscular, aún fresca desde su liberación hace solo unos días, reproduce instintivamente las posiciones que se veía obligado a adoptar en su celda. La falta de espacio y la naturaleza repetitiva de esos movimientos hacen que recuerde exactamente cómo se tumbaba y dormía en la cárcel de Sednaya. Samuel Nacar‘Las sombras ya tienen hombre’, de Samuel Nacar, serie ganadora. Mohammad Abdallah, de 26 años, desertó varias veces del ejército sirio, pero fue puesto en libertad en virtud de una amnistía de 2021. En esta foto, regresaba a Sednaya para ver el lugar donde había estado cautivo. Samuel Nacar'Muerte eterna', de Jehad Alshrafi, primera serie finalista. Yazan Abu Ful, un niño de dos años que sufre desnutrición, posa para una foto en la casa de su familia en el campo de refugiados de Shati, en la ciudad de Gaza, el miércoles 23 de julio de 2025.Jehad Alshrafi (AP)'Muerte eterna', de Jehad Alshrafi, primera serie finalista. Palestinos transportan sacos de harina descargados de un convoy de ayuda humanitaria que llegó a la Ciudad de Gaza desde el norte de la franja de Gaza, el 26 de julio de 2025.Jehad Alshrafi'Muerte eterna', de Jehad Alshrafi, primera serie finalista. En el hospital Shifa, en la ciudad de Gaza, dos mujeres lloran junto al cuerpo de su padre, Abd Rahman Al-Baba, quien murió mientras intentaba alcanzar los camiones de ayuda que ingresaban al norte de la franja de Gaza a través del paso fronterizo de Zikim, en Israel, el 4 de agosto de 2025.Jehad Alshrafi'Si las mujeres afganas desvelaran sus historias', de Valentina Sinis, segunda serie finalista. Un grupo de niñas está sentado en un aula de escuela primaria. Desde agosto de 2021, los talibanes han despojado sistemáticamente a mujeres y niñas del acceso a la educación en Afganistán, imponiendo restricciones cada vez más severas. La prohibición de que las niñas asistieran a la escuela secundaria se aplicó en marzo de 2022, seguida de la suspensión de las mujeres en las universidades en diciembre del mismo año. En enero de 2023, los talibanes intensificaron sus medidas represivas al impedir que las niñas realizaran los exámenes de ingreso a la universidad, revirtiendo por completo los avances logrados, incluso en provincias donde la participación femenina había superado a la masculina. Tras finalizar la educación primaria, la mayoría de las niñas no tiene otra opción que permanecer en casa y esperar un matrimonio concertado. Su posibilidad de trabajar fuera de los sectores de salud y educación es prácticamente nula. En conjunto, los decretos talibanes han confinado a mujeres y niñas a sus hogares, lo que equivale a una forma de encarcelamiento.Valentina Sinis'Si las mujeres afganas desvelaran sus historias', de Valentina Sinis, segunda serie finalista. Un grupo de mujeres espera en una sastrería a que terminen sus prendas. La policía local de moralidad talibán ha ordenado a los sastres varones dejar de confeccionar vestidos para mujeres y niñas. Si bien no se ha emitido una prohibición total, sí se les ha prohibido tomar medidas directamente a mujeres. Incumplir esta orden puede llevar al cierre del negocio.Valentina Sinis'Si las mujeres afganas desvelaran sus historias', de Valentina Sinis, segunda serie finalista. En un taller clandestino de Kabul, mujeres asisten a clases secretas de maquillaje. En 2023, los talibanes ordenaron el cierre de todos los salones de belleza del país, alegando que ofrecían servicios prohibidos por el Islam y que generaban dificultades económicas para las familias de los novios durante las bodas. Junto con limitar el empleo femenino y su acceso a espacios públicos como parques y gimnasios, los talibanes también han impuesto fuertes restricciones a la libertad de prensa. Como consecuencia, millones de adolescentes permanecen fuera de la escuela, y las universidades han sido declaradas inaccesibles para mujeres. Las asistentes a este taller esperan que algún día puedan trabajar públicamente otra vez o iniciar negocios secretos de belleza. Algunas jóvenes ya han comenzado a abrir sus propios salones clandestinos.Valentina Sinis'Nadie llegó a tiempo', de Santi Palacios, tercera serie finalista. Un hombre camina sobre el barro que inunda el centro de Paiporta, la localidad más afectada por la riada que devastó el sur de Valencia (España), el 29 de octubre de 2024.'Nadie llegó a tiempo', de Santi Palacios, tercera serie finalista. Decenas de coches destruidos por la riada permanecen amontonados en las afueras de Paiporta, el 16 de noviembre de 2024. Las autoridades españolas estiman que más de 120.000 vehículos resultaron dañados por las inundaciones.'Nadie llegó a tiempo', de Santi Palacios, tercera serie finalista. Agustina Zahonero del Río, de 61 años, y Gema, de 32, su hija mayor, se abrazan delante de la casa de Agustina, en Paiporta. Cuando la Generalitat Valenciana emitió la alerta por inundaciones, Agustina ya estaba agarrada a la lámpara del techo de su salón. El agua alcanzó casi tres metros en el interior de su vivienda, y tanto Agustina como Ana, de 26 años, su hija pequeña, flotaron en la oscuridad, durante horas, recibiendo los golpes de los objetos que arrastraba la riada. No fue hasta la madrugada cuando un vecino hizo un agujero en la pared con un martillo, lo que les permitió subir hasta la casa de la vecina del piso de arriba y ponerse a salvo.