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A abre un recinto inédito. (

El Parque Arqueológico de la antigua ciudad romana reúne por primera vez en una exposición permanente los moldes de 22 víctimas extraídas de las excavaciones

Una de las piezas rescatadas de las excavaciones de Pompeya dentro de la muestra permanente del Parque Arqueológico.SV_POMPEII

“Un memorial respetuoso con las víctimas de Pompeya pero también un recorrido didáctico y emocional a través de la historia”. De esta forma describe Gabriel Zuchtriegel, máximo responsable del Parque Arqueológico de Pompeya, la reciente exhibición fija que inauguró este miércoles sus instalaciones en el núcleo de este fascinante e impactante entorno histórico que representa “la mejor escuela para entender qué significaba vivir en el siglo I d.c., pero también el impacto que tuvo en el hombre la mayor tragedia natural de la antigüedad”.

Por primera vez los responsables del parque han reunido en una exposición permanente los moldes (o calcos) de 22 cuerpos extraídos de las excavaciones de Pompeya construyendo con ellos un recorrido histórico con el que contar “el final de Pompeya”, aquella ciudad de 20.000 habitantes que en el año 79. D.c. Sucumbió a la erupción del Vesubio. No sabían que vivían a los pies de un volcán y cuando comenzó a explotar, a escupir cenizas y lava, el pánico se apoderó del lugar y todos quedaron expuestos a gases tóxicos y calor infernal. “Huían de sus casas y quedaron atrapados en la segunda fase de la erupción, después de la caída de los lapilli, en una nube ardiente de ceniza volcánica, la llamada corriente piroclástica, que se solidificó alrededor de sus cuerpos”, explicó Zuchtriegel durante la presentación. “Los moldes no son, por tanto, simples hallazgos arqueológicos, sino testimonios directos de la tragedia. A través de ellos, la ciencia nos devuelve los rostros, los gestos y la humanidad de los habitantes de la antigua Pompeya”, añadió.

El miedo ha quedado cincelado en estos cuerpos cuyos moldes emocionan y sobrecogen al presentarse todos juntos en vitrinas de cristal a lo largo de la Palestra Grande de Pompei, un edificio de planta cuadrada frente al anfiteatro, donde la luz natural de sus galerías les confiere además un tono excepcionalmente dramático. “Algunos no se habían mostrado nunca, otros sí pero al estar expuestos entre las excavaciones el impacto al verlos era menor”, explica Silvia Bertesago, arqueóloga del parque y responsable del montaje.

En realidad, desde finales del 800 se han realizado algo más de cien calcos y aunque aún pueden verse otros en varias zonas del parque arqueológico los que se han escogido para esta galería son “los mejor conservados o los que por el lugar en el que se encontraron o su postura, resultan más relevantes”, en palabras de Bertasago. En la llamada Insula Occidentalis, la zona rica de la ciudad, con villas que tenían vistas al mar, se encontró, en la Casa del Criptoportico, al menos diez víctimas, entre las que había niños y adultos cuyos moldes ahora dan testimonio de su intento de huida. Boca arriba en solitario, o abrazados entre ellos, sus calcos son una dolorosa fotografía de aquella tragedia.

Sin embargo, tal vez resulten más impactantes figuras como la del individuo encogido con las rodillas contra el pecho y las manos cubriendo su rostro, petrificado en una pose que evoca el pavor del instante exacto en que perdió la vida. “La mayoría murieron como él, asfixiados por los gases o ahogados con demasiada ceniza en sus vías respiratorias. Otros, como la célebre adolescente encontrada boca abajo, debieron de morir por el calor. Cuando aparecen con la espalda arqueada suele ser por eso”, aclara Tiziana Rocco, una de las arqueólogas encargadas de esta exhibición fija a cuya apertura también asistió el ministro de cultura Alessandro Giuli.

El recorrido propuesto también ofrece “huellas de dolor” (así se ha llamado a los moldes de Pompeya a menudo) de otros viajes fallidos hacia la salvación, como el de la llamada “Mujer de Porta Nola”, acurrucada y con restos vegetales pegados a su ropa, “lo nos hace suponer que quizás trató de subirse a un árbol para escapar de la lava”. Porta Nola era una de las puertas de Pompeya. “Durante la erupción las calles se llenaron de gente y muchas personas perecieron precisamente tratando de salir de la ciudad por las vías que llevaban a esa y otras puertas” explica Rocco.

Pero para contar la historia del final de Pompeya no se puede hablar solo de las víctimas humanas por eso también hay una parte dedicada a la erupción del volcán y a otros restos orgánicos que completan el relato. En pleno siglo XXI no podían faltar las instalaciones multimedia y así un vídeo que enfoca al volcán consigue explicar, en apenas 1.30 minutos, lo que vivieron los pompeyanos en las 36 horas que duró la erupción que acabó con ellos. Otro vídeo explica desde dentro la ciudad como se vivieron esos momentos y cómo los cuerpos quedaron sepultados bajo la corriente piroclástica. “En Pompeya faltaba un espacio dedicado a este relato en profundidad, que forzosamente tiene que arrancar con la erupción. Pero para que se comprenda mejor hemos incluido una columna estratográfica, que permite ver por ejemplo el punto exacto donde la lava quedó solidificada, dejando el hueco de los cuerpos”, explica Bertesago, señalando la columna de restos volcánicos que tiene unos cinco metros. “Hubo dos explosiones, quienes se salvaron de la primera quizás se subieron a los pisos altos de las casas y la segunda les encontró ahí, como a unos tres metros de altura y ahí encontramos su huella nosotros”, añade.

Asimismo, diversos escaparates brindan detalles acerca del día a día de los pompeyanos: la impronta de una hogaza, granos, olivas, nueces y dátiles calcinados, caparazones de tortugas, que solían emplearse para ornamentar los patios, fragmentos de vestimenta y mobiliario. También se han recreado moldes de ciertos accesos, facilitando una comprensión más profunda de las viviendas de aquel tiempo. La muestra constituye un mirador extraordinario al ayer, con una puesta en escena meticulosa y que, según afirma Zuchtriegel, el responsable del recinto, “nos recuerda que Pompeya, aun con el desastre ocurrido, representa actualmente para nosotros un legado científico, arqueológico e historiográfico sin igual”.

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