Un pariente del T. Rex del tamaño de
El ‘Alnashetri cerropoliciensis’ pertenece a una especie extraña de carnívoro que refuta la idea de la miniaturización progresiva de su linaje

Únicamente se conocen dos individuos de la especie Alnashetri cerropoliciensis,, uno de los terópodos no avianos de menor tamaño que se han documentado. El hallazgo del segundo, que representa el único ejemplar completo, se publica este miércoles en la revista Nature pertenece a paleontólogos argentinos y estadounidenses. El primero, que permitió describir al género en 2012, consta solamente de unos escasos huesos de las extremidades.
El pequeño Alnashetri cerropoliciensis, presentado ahora y hallado en el sitio La Buitrera, en la provincia argentina de Río Negro, es un bicho raro en el mundo extinto de los gigantes. Su nombre significa “patas flacas” en idioma tehuelche. El tamaño de su cuerpo era semejante al de una gallina, aunque carnívora, con muchos dientes pequeños, ojos grandes y otras diferencias notables. Como ellas, habría tenido plumas, algo que los científicos deducen de su historia evolutiva y su árbol de parentesco, es decir, del análisis filogenético.
Su estatura era inferior a 40 centímetros, contaba con 70 de longitud (cuya cola superaba la mitad), pesaba un kilo y poblaba hace 95 millones de años un entorno desértico donde se alimentaba de pequeños vertebrados.
Este animal era hembra, muy probablemente. Lo saben porque habría puesto huevos que dejaron calcio acumulado en el tejido óseo del fósil. El paleontólogo Peter Makovicky, de la Universidad de Minnesota (Estados Unidos), primer autor del hallazgo, matiza que no tienen total certeza porque cabe la posibilidad —aunque mínima— de que esa acumulación haya sido producto de una patología. Además, su visión y oídos podrían haber sido tan agudos como los de las lechuzas, de acuerdo a estudios anteriores sobre los alvarezsauroideos, la superfamilia a la que pertenece este fósil con el esqueleto más completo de Sudamérica.

La filogenia de este ejemplar parece una enredadera difícil de entender en la que, sorprendentemente, comparte una rama gruesa con el Tyrannosaurus rex, dado que ambos son celurosaurios, que deriva del griego y significa “cola hueca”. Pero hasta ahí llega su relación. Luego comienza el trabalenguas de los Álvarez. Alnashetri pertenece al grupo alvarezsauroideo, dentro del que también están los alvarezsauridos, que se escriben parecido, pero son diferentes. Dentro de ellos están los Alvarezsaurus (junto con los Patagonykus y los Mononykus). El artículo de Nature busca dejarlo en claro al describir su macroevolución: “Se postula como un alvarezsauroideo no alvarezsáurido”.
Junto a Makovicky, también suscriben el texto Jonathan Mitchell, (del Coe College, en Iowa, EE UU) y los científicos argentinos Jorge Meso (de la Universidad Nacional de Río Negro), Federico Gianechini (de la Universidad de San Luis), Ignacio Cerda (de la UNRN) y Sebastián Apesteguía (de la Fundación Azara y la Universidad de Maimónides).
El grupo familiar no cambió de número.
Alnashetri derriba una teoría postulada hace 16 años: la miniaturización de los alvarezsáuridos. “Había un sesgo muestral bastante grande. Casi el 90% se encontró en Asia y corresponde al Cretácico superior”, la última etapa de la era de los dinosaurios, explica Meso en una videollamada desde la Patagonia. “En 2010 se publica el que hasta entonces se consideraba el alvarezsáurido más primitivo —el Haplocheirus sollers— que data del Jurásico Superior y que medía casi dos metros de largo, como un avestruz actual. Ahí surge la hipótesis de la tendencia hacia la miniaturización. En 2018 aparecen dos especies nuevas en Asia que respaldaron esa idea de que se habían ido encogiendo gradualmente. Hasta que, en 2012, aparece Alnashetri y muestra que no existió esa tendencia marcada”, aclara. Este ejemplar sudamericano de menos de un metro coexistió con otros de mayor tamaño del mismo grupo que, además, tenían otras diferencias como los brazos más cortos y la cabeza afinada. La evolución de esta familia, entonces, fue más compleja y variada de lo que se pensaba.
Con esa idea de miniaturización creció, también, la hipótesis de que la familia Alvarezsauridae eran aves no voladoras. Alnashetri también cambió eso. “Cuando empezaron a aparecer las primeras especies, los investigadores de aquel momento —en la década de los 90— pensaban que eran aves no voladoras, pero hacia 2000 —con nuevos hallazgos y tecnología— cambia este paradigma y en la actualidad no hay dudas de que eran dinosaurios que estaban más emparentados con otros como el Gallimimus —el dinosaurio corredor que aparece en Parque Jurásico— o incluso con el Tyrannosaurus que con las aves”, distingue Meso. Tenían características parecidas a ellas, pero eran terópodos manirraptores especializados. Como ellos, tenían los brazos desproporcionadamente cortos en relación al tamaño de su cuerpo.
“Con una masa corporal estimada de menos de un kilo, Alnashetri es una de las especies de dinosaurios no aviares más pequeñas recolectadas hasta ahora en América del Sur”, resalta la nota de Nature.
Una especie bizarra
“Los alvarezsáuridos son bichos raros”, sintetiza Apesteguía. “El brazo reducido en un grupo con tamaño corporal muy chico, con un cráneo muy liviano, es contrario a lo que vemos en la mayoría de los terópodos”, explica Makovicky. “El mes pasado se descubrió un alvarezsaurio —el Manipulonyx reshetovi— en el desierto de Gobi (Mongolia) con ‘escamas’ con forma de cuerno en la mano [placas dérmicas como las de los cocodrilos y armadillos]. Una osificación nueva que no se encontró antes en otros dinosaurios. Nunca se vio algo así. Es un ejemplo de la anatomía bizarra de esta especie”, resalta el estadounidense.
Los familiares posteriores de Alnashetri poseían un régimen alimenticio distinto al suyo. Se alimentaban de insectos gregarios tales como termitas y hormigas. Los capturaban escarbando en los hormigueros mediante un dedo vigoroso, entre los tres que poseían, junto a una lengua extensa. “Una de las características más llamativas de estos animalitos es que los más derivados tenían los brazos muy reducidos. De hecho, la mano se reducía tanto que los dedos prácticamente desaparecieron. Menos uno de ellos que quedó más grande, con una garra bastante robusta”, señala Gianechini.
“Los alvarezsáuridos son un grupo muy interesante en el sentido evolutivo. Ahora con esta especie podemos ver una disociación entre la reducción del tamaño corporal y la de los brazos”, resalta Makovicky. A mayor cuerpo y cabeza, menos brazos. Esto, según apunta el norteamericano, es más frecuente en los grandes terópodos como T. Rex o Meraxes. La mordida, en cuerpos así, ganaba potencia y los brazos, relegados a una función accesoria.
Menudos y ligeros, con alas pero sin capacidad de vuelo, estos dinosaurios minúsculos se dispersaron caminando hacia parajes muy remotos desde el Jurásico, cuando las masas terrestres permanecían todavía vinculadas. “Con ese tamaño no es lógico que un animal pudiera distribuirse por Asia y Sudamérica. Son los dos puntos en el mundo con más distancia entre sí”, resalta el norteamericano. “Este dinosaurio es la llave para responder muchas de las preguntas científicas para las que aún no tenemos evidencia”, recalca.
La preservación especial y completa del fósil que se presenta hoy permite ampliar el conocimiento que se tiene de la especie: “Es la punta del iceberg porque tener un espécimen casi completo como es Alnashetri te permite hacer muchos estudios de reconstrucción muscular, biomecánicos de locomoción y de paleoneurología. Se pueden hacer varios análisis y eso es lo genial de este bichito”, celebra Meso.
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