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Smiljan Radić, premio Pritzker 2026: “No estoy conectado a las redes sociales y, gracias a ello, puedo elegir cómo perder tiempo”

Es el segundo chileno que obtiene este galardón que han recibido 55 arquitectos a nivel mundial y cinco de Latinoamérica. Solo Brasil tiene también dos premiados como Chile

Smiljan Radić, ganador del premio Pritzker 2026.Tom Welsh (The Prtizker Architecture Prize)

La comparación con Gabriela Mistral y Pablo Neruda, dos chilenos galardonados con el Nobel de Literatura en 1945 y 1971, puede ser inexacta. Pero, ¿cómo es que Chile, un país de 20 millones de habitantes al fin del mundo, cuenta con dos premios Pritzker de un total de 55 que se han entregado? El segundo chileno premiado con lo que es considerado coloquialmente como el Nobel de la arquitectura se anunció el jueves: Smiljan Radić (Santiago de Chile, 60 años). “Sus obras sugieren una arquitectura que permanece en sintonía con la presencia emocional y la inteligencia silenciosa de la construcción”, describe el comunicado del premio Pritzker al presentar al nuevo galardonado.

El primer chileno en recibir este premio fue Alejandro Aravena, en 2016. Para algunos también se merecía entonces ese reconocimiento Radić, por su talento y su capacidad proyectual. Pero él mismo reconocía que, luego de que lo obtuviera Aravena, era casi imposible que eso fuera a suceder en un futuro. Su amigo, el arquitecto argentino y profesor de la Universidad Católica de Chile Alberto Sato, recuerda el diálogo que tuvieron entonces. “Conversando con él, Radić decía que era tremendamente difícil que otra vez ocurra, en la escala mundial que tiene este premio y con la cantidad de buenas calidades de arquitectura que hay por todos lados, que se vayan a fijar en este rinconcito del planeta” para escoger a un chileno, dice Sato a Papallones.

Pero sucedió. El mismo Alejandro Aravena, quien presidió este año el jurado, explica que el Pritzker para su compatriota era algo “inevitable”. “La arquitectura de Smiljan Radić es de una contundencia tal, que el premio era casi inevitable. Pocas veces se encuentra una obra que arriesgue tanto, que sea tan inédita y que a la vez sea tan obvia una vez que está hecha”, afirma Aravena a Papallones.

Sólo cinco galardonados son de América Latina: uno de México, Luis Barragán (1980); dos de Brasil, Oscar Niemeyer (1988) y Paulo Mendes da Rocha (2006), y los dos chilenos. Cuatro arquitectos españoles han logrado el Pritzker, Rafael Moneo, en 1996, y Rafael Aranda, Carme Pigem y Ramón Vilalta, los tres en 2017.

El mismo Radić dice que no se entiende que Chile que tenga buenos arquitectos y dos Pritzker a su haber. “Como comentaba Raúl Ruiz, este es un país construido a saltos, sin una continuidad cronológica o una base histórica sólida. Eso produce remezones relativamente inquietantes, de vez en cuando, pero no una mediana continuidad de base necesaria para cualquier proceso cultural sólido”, dice a Papallones. Critica que palabras como cultura y educación hayan estado “ausentes y carentes de significado político en el debate público reciente”. “Con este tipo de procesos, deberemos por un tiempo seguir esperando construir un país a saltos: a medio morir saltando”, sentencia.

Descendiente de croatas y británicos, Radić nació en junio de 1961 en Santiago. Estudió arquitectura en la Universidad Católica, pero antes de dar su examen final para graduarse, en 1989, partió en un viaje que lo llevo a estudiar en Venecia. La clave de su formación y desarrollo —según el mismo Radić— está en “viajar muy joven, leer en lo posible. No estar conectado a las redes sociales y, gracias a ello, poder elegir cómo perder tiempo y neuronas que serán muy útiles en la vejez”. “Trabajar más de la cuenta en algo que me produce placer. Mantener una cierta flexibilidad de pensamiento. Cuidar con cierta distancia mi entorno cercano en lo posible”, destaca.

“Más allá de las definiciones convencionales de la disciplina, la filosofía, el arte y las alusiones a referencias míticas y literarias se infundieron tanto en su imaginería como en sus formas”, asegura el comunicado del premio sobre el arquitecto galardonado este año. Entre sus obras en Chile destacan la ampliación del Museo de Arte Precolombino, el diseño y reconstrucción del centro de creación artística NAVE, en Santiago, y el Teatro Regional de Biobío.

“Mis construcciones se resuelven caso a caso, sin aparentemente tener un patrón común. Es difícil de retratarlas como si fuera una familia uniforme. No obstante aquello, podría decir que independientemente de la escala de los proyectos, programa o presupuestos, se intenta lograr una cierta austeridad, mantener las estructuras en sus huesos sin grasa”, explica Smiljan Radić a este medio.

¿Qué hace que Chile pueda tener dos de 55 premios Pritzker, donde las grandes ‘potencias’ son Estados Unidos y Japón con al menos siete cada uno? ¿La formación, la geografía, los terremotos? Sato suelta una carcajada ante esto último. “No le quiero atribuir esto a la condición telúrica de Chile, por sus terremotos, sino que hay una coyuntura muy especial”, afirma. “Chile tiene una de las arquitecturas más interesantes del mundo. (…) Hay toda una generación de jóvenes arquitectos, ahora ya no tan jóvenes, que en una época se dio por llamar ‘la generación dorada’, de gente que logró internacionalizar su arquitectura”. Menciona junto a los nombres de Aravena y de Radić, a Sebastián Irarrázabal, Cecilia Puga y Matías Klotz.

Asegura que la Universidad Católica de Chile, donde la mayoría de esa generación dorada estudió “tuvieron una condición muy especial de formación, con entera libertad, con un gran apoyo a todas las actividades creativas, con unos liderazgos docentes que son admirables”. “Pese a que es una universidad confesional, tenían un manejo de la libertad muy particular que les permitió desplegar la creatividad de una manera también asombrosa. Así que eso no es una situación casi biológica particular de Radić, sino que es generacional”, dice Sato, quien además es vecino del premio Pritzker 2026.

Aravena no sabe explicar el nivel de excelencia alcanzado por la arquitectura en Chile, pero sí considera la excepcionalidad de Radić. “Quizás habría que preguntarse más bien, ¿qué explica que el trabajo de Radic alcance ese nivel desde Chile? Obviamente un talento fuera de lo común a lo que se suma una capacidad e intensidad de trabajo feroz. Quizás también una curiosidad intelectual y, aun mas, un inconformismo riguroso: esa disposición a salir de la zona de confort para expandir cada vez los límites de la disciplina y del encargo”, asegura Aravena.

“Quizás esto último sea lo más notable: la voluntad de transformar encargos que se podrían haber resuelto en su mínima expresión y optar en cambio por llevar al límite el potencial de algo, sea eso un lugar, un material, un uso o la noción de belleza misma”, destaca sobre Smiljan Radić.

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