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María Corina Machado consolida sus alianzas más conservadoras antes de regresar a Caracas

La líder venezolana, presente en la toma de posesión del presidente chileno José Antonio Kast, es una referencia para la derecha y ultraderecha internacional

María Corina Machado con la comunidad venezolana en Santiago (Chile), el 12 de marzo.Sofía Yanjarí

La presencia de la líder opositora y Premio Nobel de la Paz, María Corina Machado, en la toma de posesión del presidente de Chile, José Antonio Kast, ha terminado de perfilar una estrategia internacional de alianzas con la derecha y la extrema derecha global. Machado, que ha sido aclamada como una heroína por la diáspora venezolana en Santiago de Chile esta semana, ha recibido las llaves de la ciudad y se ha convertido en protagonista permanente de noticias.

La opositora se ha sentido en familia en el entorno convocado por el presidente chileno, su nuevo aliado, cuyos actos protocolarios de asunción del cargo han servido para reunir a una parte importante del liderazgo conservador emergente de América Latina y de otras latitudes.

Además de Kast, la líder venezolana ha intercambiado complicidad y fotografías con dirigentes de Vox, el partido ultraconservador español. Ha recibido un nuevo respaldo del presidente argentino, Javier Milei, su aliado político, y de la nueva mandataria costarricense, Laura Fernández. También ha departido con miembros del grupo parlamentario nacionalista y euroescéptico Patriotas por Europa. Ha conversado, además, con Flavio Bolsonaro, hijo del expresidente brasileño Jair Bolsonaro, quien cumple una condena de prisión por sedición.

El propio Flavio Bolsonaro publicó una foto con Machado en su cuenta de X con un mensaje que resume el fervor que la líder venezolana despierta en esta generación de liderazgos de ultraderecha: “La ganadora del Premio Nobel de la Paz es siempre una inspiración para nosotros, que luchamos contra los retrocesos y el autoritarismo de las izquierdas”.

“No se puede negar que muchos de estos partidos han respaldado, de forma entusiasta, la lucha que hoy lidera María Corina”, objeta el politólogo y escritor Miguel Martínez Meucci, académico de la Universidad Simón Bolívar, quien resta importancia a esta circunstancia y propone una revisión del vocablo “ultra” empleado para designar algunos de estos líderes. “La visión política de María Corina es la de un liberalismo clásico amplio, centrado en la defensa de los derechos individuales, la democracia liberal-representativa, la economía de mercado y un nivel óptimo de cooperación público-privada”.

Machado, una política de formación liberal muy inspirada en los valores estadounidenses, ya había inscrito desde hace tiempo su estrategia de proyección internacional dentro del campo del pensamiento conservador. Lo ha hecho de forma categórica, sin fisuras. Durante muchos años, y a lo largo de sucesivas administraciones, ha sido una de las interlocutoras privilegiadas de Washington en los temas relacionados con Venezuela.

La dirigente opositora mantiene importantes vínculos con políticos del Partido Republicano, con el movimiento MAGA y con el liderazgo de Donald Trump en Estados Unidos. Antes del ataque militar a Irán —uno de los aliados más importantes del régimen chavista en estas décadas— la dirigente venezolana sostuvo conversaciones sobre alianzas estratégicas de mediano y largo plazo con el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, y con su canciller conservador, Gideon Saar. Algunas de estas posiciones han generado rechazo en Europa.

“No ubico a María Corina dentro de los confines del pensamiento conservador global actual; no creo que esa sea necesariamente su marca ideológica”, afirma Francisco Suniaga, politólogo y escritor. “Las circunstancias imponen a los aliados en muchas ocasiones”, razona. “La izquierda global le ha regateado muchas cosas a la causa de la democracia venezolana, y a María Corina en particular, y la oposición venezolana ha buscado el apoyo de todo el mundo: de los dos grandes partidos españoles, de Estados Unidos, de América Latina, de Europa”, añade. Para Suniaga, la causa de la democracia en Venezuela no puede negarse ningún apoyo. “Es algo que no se puede permitir. Recibir ese y otros apoyos me parece lógico, político y racional”, afirma.

Machado tuvo nuevas palabras de reproche en Santiago de Chile para el gobierno de España, presidido por el socialista Pedro Sánchez. “Hubiéramos esperado que España tuviera el liderazgo en esta materia —la reconquista de la democracia en Venezuela— y lamentamos que no haya sido así. Vienen horas decisivas y cada gobierno tomará su decisión: si está del lado del crimen o de la justicia, del lado de la tiranía o del lado del pueblo de Venezuela”.

Sus reproches han causado cierto malestar en España, uno de los países que más facilidades ha puesto —con permisos de residencia casi automáticos— a los venezolanos que han huido de su país. España es además el refugio de Edmundos González o Leopoldo López, que escapó gracias al trabajo de la diplomacia española. Los críticos de Machado le han reprochado su señalamiento, al tiempo que han cuestionado su silencio ante el trato y las amenazas de deportación con los que sus aliados —de Trump a Kast— maltratan a la diáspora venezolana.

Los señalamientos de Machado al comportamiento de España, sin embargo, están dirigidas exclusivamente al Gobierno de Sánchez. El tono con el rey Felipe VI es otro. En Santiago de Chile, la líder venezolana sostuvo una conversación en tono cálido y cordial con el monarca. “Muy agradecida y emocionada por el encuentro con Su Majestad, convencido promotor de la unión iberoamericana y de sus lazos históricos y culturales. Los venezolanos sabemos que no estamos solos; gracias por su confianza”, dijo.

“No creo que se trate de una cuestión ideológica”, afirma Jesús Seguías, analista político y director de la firma Dataincorp. “Tiene que ver, sobre todo, con la necesidad que tiene María Corina de no desaparecer del radar, de no estar fuera de la jugada política. No quedar opacada con las relaciones entre la Casa Blanca y Miraflores, el buen momento que se vive con Delcy Rodríguez”, analiza. Seguías afirma que, luego del Nobel de la Paz, Machado se ha convertido en una referencia para muchos de estos activistas conservadores del momento. “Para ellos es importante retratarse con Machado, y para ella también es importante retratarse con ellos, seguir en el tope noticioso. En el juego con los Estados Unidos, ella está afuera por el momento. Este es un esfuerzo para mantenerse”, asegura.

Más allá del plano internacional, en lo relativo a la política interna, María Corina Machado ha hecho nuevos esfuerzos por mantener su discurso, sus alianzas y sus objetivos en el centro político —como ya viene haciendo desde 2023—. Ha vuelto a invocar la necesidad de concretar un Acuerdo Nacional y mantiene relaciones normalizadas con actores de la oposición venezolana con los que había polemizado en el pasado.

“Regresaré en el contexto de un gran acuerdo nacional”, aseguró Machado, quien el 1 de marzo anunció su retorno a Venezuela en “pocas” semanas para una “transición indetenible”. “Mi retorno está focalizado en continuar una lucha cívica. Y no debe confundirse civismo con debilidad”, ha dicho esta semana.

El matiz que adquieren sus discursos más recientes puede tener su origen en Washington. Según ha publicado The New York Times, Donald Trump le habría aconsejado a Machado que tenga “paciencia” ante su interés en regresar. Por ahora se impone la agenda económica, la de la estabilización.

Mientras tanto, Delcy Rodríguez y el chavismo buscan acuerdos con sectores democráticos del país para estabilizar el estatus quo, con concesiones destinadas a rebajar la presión internacional y aislar a Machado y sus demandas democráticas. En sus aproximaciones a la sociedad civil opositora, los dirigentes chavistas han hecho saber a sus interlocutores que Machado será siempre una línea roja que haría imposible cualquier acuerdo político de carácter democratizador. Pero la popularidad de María Corina Machado, sin embargo, sigue siendo arrolladora entre la población.

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