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Aída Quilcué, la defensora indígena que busca la Vicepresidencia de Colombia

La lideresa y senadora del Cauca es la fórmula del oficialista Iván Cepeda para una campaña marcada por el debate sobre la paz, la seguridad y una eventual constituyente

Aída Quilcué en Bogotá, el 30 de Mayo de 2023.NATHALIA ANGARITA

En Tierradentro (Cauca), las montañas son tan empinadas que los caminos se pegan a las laderas. Esta región, enclavada en la cordillera Central de los Andes, se hizo visible para el resto del país el 6 de junio de 1994, cuando un terremoto dejó cerca de 1.100 muertos y transformó el paisaje para siempre. Entre las pocas voces que emergieron de la devastación para contar lo ocurrido estaba la de Aída Marina Quilcué Vivas, entonces una joven de 21 años que había sobrevivido a la catástrofe. Su liderazgo comenzó allí, en medio de la tragedia. Hoy, candidata a la vicepresidencia de Colombia como fórmula del izquierdista Iván Cepeda, levanta la bandera wiphala, emblema de los pueblos indígenas en Sudamérica y honra, en silencio, a quienes le han dado su respaldo para intentar llegar a la Casa de Nariño.

Aída Quilcué (Páez, Cauca, 53 años) ha sido la primera muchas veces. Fue la primera lideresa social en su familia. La primera mujer en representar legalmente el Consejo Regional Indígena del Cauca (CRIC), la más grande y poderosa organización étnica del país. La primera mujer en ocupar la curul especial para los pueblos indígenas del Senado. Y ahora busca ser la primera mujer indígena en ocupar la Vicepresidencia de Colombia. Quiere suceder a Francia Márquez, también caucana y reconocida lideresa afrocolombiana. Aunque provienen de rincones distintos del departamento, ambas crecieron y se hicieron en esas montañas atravesadas por la pobreza, el abandono estatal y la guerra.

Su liderazgo proviene del trabajo comunitario. Formada en el hacer, Quilcué no tiene títulos académicos, lo que le ha valido críticas de la oposición que la presentan como una figura con menos formación técnica para la administración pública. Responde, sin apuro, que se ha graduado varias veces de “la universidad de la vida”. Con su bandera de la defensa de la paz y la protección de los derechos humanos, se suma a la campaña progresista en uno de los momentos más críticos para la seguridad, con las mesas de negociación de la política de paz total pendiendo de un hilo y con la metamorfosis de varios grupos armados.

La designación de Quilcué, para muchos, ha estado llena de simbolismos. Una de las mayores contrincantes de la izquierda para los comicios es la uribista Paloma Valencia, también oriunda del Cauca, pero de otro Cauca: el de las élites políticas y las viejas familias terratenientes. Nieta del expresidente conservador Guillermo León Valencia, creció en Popayán, la blanca ciudad colonial. Es casi poner en escena una tensión histórica que enfrenta a quienes han concentrado el poder con las comunidades que han vivido bajo su dominio. Pero la decisión de Cepeda también envía un mensaje: la izquierda no busca ampliar alianzas hacia el centro para ganar las elecciones, sino que se reafirma con confianza en su propio electorado.

Mucho antes de que su nombre entrara en el tablero electoral, Quilcué había dejado varias marcas en la historia reciente del movimiento indígena. Integró la Organización Nacional Indígena de Colombia (ONIC), y fue una de las delegadas que aportó en la construcción del capítulo étnico del Acuerdo de Paz con las FARC en 2016. Su liderazgo le valió para ganarse el Premio Nacional de Derechos Humanos en 2021, y un año después llegó al Capitolio Nacional a integrar la Comisión Primera en el Senado de la República, la encargada de discutir los proyectos de ley de asuntos constitucionales. Desde allí ha impulsado propuestas para prevenir el acoso político a las mujeres o para defender la protesta social.

Su trayectoria y sus denuncias la han puesto en riesgo más veces de las que puede recordar. Hace una década dejó de caminar sola. La acompaña un grupo de guardias indígenas que hacen las veces de escoltas. Desde que llegó al Senado, además, cuenta con un esquema de seguridad de la Unidad Nacional de Protección, que combina medidas estatales, como un vehículo blindado, con el respaldo de líderes de su territorio. Junto a ese equipo de protección, y ya como senadora, fue víctima de un secuestro exprés el pasado 10 de febrero cuando se movilizaba entre Inzá y Totoró, en el Cauca, cuando la retuvieron durante varias horas.

Esa escena trajo a la memoria un episodio que marcó su vida en busca de justicia. El 16 de diciembre de 2008, su esposo, el dirigente indígena Edwin Legarda, fue asesinado a manos del Ejército en la vía entre Inzá y Totoró. Iba camino a recoger a Quilcué, quien acababa de regresar de Suiza tras denunciar ante el Consejo de Derechos Humanos de la ONU la situación de los pueblos indígenas en Colombia. Desde entonces, la lideresa ha mantenido una postura crítica frente al actuar de las Fuerzas Militares y ha defendido la autonomía de los pueblos étnicos en esos territorios, pese a que el riesgo sigue. En 2022, varios hombres dispararon contra su vehículo, en una vía del Cauca.

Campaign in Colombia

Aunque la figura del vicepresidente en Colombia es más simbólica que de poder, su llegada a la fórmula del favorito en las encuestas también tiene un significado programático. Quilcué se suma a una campaña que plantea seguir las negociaciones con todos los grupos armados y que defiende una convocatoria a una Asamblea Nacional Constituyente, aunque no está claro qué busca reformar. La lideresa indígena enfrenta, además, una sombra difícil de evadir. Durante este Gobierno, la vicepresidenta Márquez ha quedado al margen de las decisiones más importantes y terminó distanciada del mandatario, pese a que su presencia en el tarjetón de 2022 fue un impulso innegable a la candidatura de Petro.

Este lunes, apenas unas horas después de que cerraran las urnas en Colombia, Quilcué recibió una llamada del senador Iván Cepeda. En pocos minutos le ofreció la vicepresidencia de Colombia, y le dio dos horas para tomar una decisión. En ese tiempo llamó a sus autoridades ancestrales del Cauca, y les consultó antes de dar el sí. Horas después la noticia se hizo oficial a través de las redes sociales del candidato, y desde entonces la senadora indígena ha tenido poco tiempo para procesar su nuevo rumbo político.

En una de las pocas entrevistas que ha dado desde su nombramiento, Quilcué reconoce que la vicepresidenta Francia Márquez le abrió el camino para que más mujeres como ella, lideresas sociales y víctimas del conflicto armado, llegaran a esos puestos de poder. Aunque señala que son diferentes. Sin contar detalles y evitando todas las controversias que ha generado su designación, insiste en que su apuesta es distinta y que llega a la contienda con la experiencia de décadas de organización comunitaria y habiendo gobernado un país que no es menor: el de los indígenas de Colombia.

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