Del estigma al cuidado, la apuesta comunitaria que salva vidas frente al VIH en Colombia
Lejos de los reflectores, más de 170 organizaciones luchan por la salud sexual, reproductiva y mental de las poblaciones más vulnerables del país. Red Somos, líder del gremio, ha impactado la vida de más de 171.000 personas


Christian tiene 49 años, 9 hijos y 2 luchas que lo atraviesan. La primera fue comprender que su identidad no coincidía con el sexo que le fue asignado al nacer; la segunda, enfrentar un diagnóstico que aún carga un estigma desproporcionado en el mundo. Su historia es la de un hombre trans y migrante que decidió encarar su verdad, gracias al apoyo de una red comunitaria que abraza su identidad y salva miles de vidas frente a un virus que todavía marca una letra escarlata en quienes lo padecen: el VIH.
El año pasado, Martínez conoció Red Somos, una organización comunitaria que desde 2007 celebra la diversidad y acerca el diagnóstico y el tratamiento del VIH a poblaciones vulnerables del país. Tras más de una década de trabajo en Bogotá y Soacha, la organización llegó a Barranquilla en 2021, pues identificó en esa región un aumento significativo de migrantes venezolanos, una población con limitaciones de acceso a la sanidad y la inclusión social. Martínez, oriundo de Maracaibo, encontró en la red algo más que atención médica. Era un espacio seguro para expresar las verdades que su corazón gritaba desde la infancia: se sentía hombre y amaba a las mujeres.

Por más de 40 años vivió como mujer, de acuerdo a las expectativas familiares, y dio a luz a nueve hijos. Se entregó a una existencia prestada, en la que desconoció el momento exacto en el que contrajo el virus. Se enteró del diagnóstico cuando ya había engendrado a toda su descendencia, y, más que temer por su propia vida, tuvo miedo por ellos. Solo su hija menor tuvo un resultado reactivo para VIH, pero eso bastó para que la culpa se instalará en las mismas entrañas en las que había visto crecer a su pequeña. Quizá, como un castigo autoimpuesto, por mucho tiempo no tomó el tratamiento. Solo cuando una fuerte presión en los pulmones lo sometió a un mes de hospitalización y puso su vida en jaque, dos años atrás, decidió hacer un cambio. “No podía sostener la respiración. Pensé que todo se iba a acabar”, cuenta con la mirada desierta.
Para Christian lo más difícil no ha sido tomarse una pastilla diaria, sino soportar el peso del silencio. “No quiero que la gente me reconozca porque vivo con ese inquilino dentro de mí”, destaca. Como hombre trans, lidia a diario con estigmas, y se rehúsa a que un virus lo defina. Además, el VIH le hace temer una condena social para su familia. “Lo que digan de mí no me importa, pero si quiero proteger a mis hijos”, confiesa. Por eso, prefiere no usar sus apellidos ni exponer su rostro.
Durante años, el VIH fue sinónimo de muerte en el imaginario colectivo. Sin embargo, la ciencia ha demostrado que, con tratamiento oportuno, las personas que portan el virus pueden alcanzar una expectativa de vida similar a quienes no lo tienen y, lograr una carga viral indetectable, con la que no transmiten el virus por vía sexual. La alerta en la salud de Christian lo llevó a acogerse con disciplina al tratamiento antirretroviral que él y su hija deben tomar de por vida, y con el que ahora ambos se encuentran en una fase indetectable. Lograr eso es la motivación principal de Red Somos. “Queremos brindar un acompañamiento oportuno para que las personas sean indetectables en un lapso de seis meses o menos”, resalta Miguel Barriga, fundador y director de la organización, convencido de que para lograr su objetivo es necesario erradicar los prejuicios.

La red es un espacio de acogida para la comunidad LGBTIQ+. “Desde el principio, sentí que aquí podía ser yo”, asegura Martínez desde la sede de la organización al norte de Barranquilla. “Conocí la red por un foro de diversidad el año pasado”, cuenta el padre de familia, que es parte de la minoría de beneficiarios que se acerca a los servicios por cuenta propia. El principal trabajo de Red Somos ocurre desde las calles, cuando van en busca de la población que más los necesita.
El equipo se ha hecho a un espacio a la entrada de las oficinas de Migración Colombia, que es a donde se acercan a las personas que buscan refugio en el país. A menudo también recorren lugares como la plaza de San Nicolas, en el centro de la ciudad, donde se concentran decenas de mujeres y hombres migrantes que encuentran en el trabajo sexual su única fuente de sustento.
Desde cualquiera de esos lugares un equipo, liderado por el educador social Jorge Ortega, ofrece pruebas rápidas a quienes recorren la zona. En medio del calor y el bullicio de las calles, Nathalia Rincón y Klisman Tatis se acercan a las personas como agentes comunitarios para sensibilizarlos sobre la necesidad de tomar el test. Después, la enfermera Janeiris Verdori procesa la prueba dentro de una van, y en cuestión de minutos entrega un diagnóstico confidencial. En caso de un resultado reactivo, y de requerir apoyo, el psicólogo William Mercado brinda acompañamiento emocional para asimilar la noticia y el abogado Eduard Orozco ofrece orientación jurídica para eliminar las barreras a los servicios de salud de la persona diagnosticada. Desde la pandemia, la red ha apoyado a más de 200 personas a el tratamiento solo en Barranquilla, la segunda ciudad con la mayor tasa de incidencia de VIH en el país según datos del Instituto Nacional de Salud, que registra más de 16.000 casos diagnosticados del virus durante 2025 a nivel nacional.

“Ayudamos en los procesos de regularización de los migrantes para que puedan contar con el acceso a las EPS”, explica Ortega, quien aclara que, de ser necesario, la organización garantiza los medicamentos durante los primeros meses del tratamiento, mientras el paciente puede suscribirse a los servicios de salud. La organización también entrega métodos de prevención con medicamentos para evitar la transmisión del virus como la PrEP y la PEP. Pese a que Martínez llegó a Red Somos cuando ya tenía EPS, su situación económica en ocasiones le impedía recoger su tratamiento. Por eso, la red lo ha apoyado con medicamentos y constantes chequeos de laboratorio para vigilar su estado de salud. Una garantía con la que no todos cuentan. Según ONUSIDA, cerca de 9,2 millones de personas en el mundo aún no acceden al tratamiento del VIH y millones todavía desconocen su estado serológico.
Gracias al apoyo de Red Somos en iniciar un tratamiento que ha mejorado su salud, Christian ha podido enfrentar las convenciones sociales, experimentar una sexualidad plena y aceptarse plenamente a sí mismo. Y es que en la red descubrió que no estaba aislado: conoció a otras personas trans, a migrantes, y a jóvenes que también enfrentaban el diagnóstico. Hoy una de sus metas es apoyarlos y llegar a convertirse en otro agente comunitario de la organización.
Los agentes como Rincón y Tatis también se han enfrentado a estigmas por su orientación sexual y su identidad. “Me siento orgullosa de quien soy, pero me ha costado mucho llegar hasta aquí”, aclara Rincón, una mujer trans venezolana que llegó a Colombia hace seis años y que desde 2023 es agente comunitaria de la red. Ellos no solo acercan a la población migrante al diagnóstico del VIH, sino que lideran grupos artísticos, espacios de formación y actividades de empoderamiento para personas trans y jóvenes LGBTIQ+ en la red.

Rincón es socióloga y lidera un grupo de ballroom, y Tatis, un comunicador apasionado por el arte, prepara muestras teatrales con un mensaje claro de prevención del VIH. La premisa es clara: hablar sin moralismos, desmontar mitos y demostrar, con ejemplos concretos, que un diagnóstico no es una sentencia de muerte. Todo el equipo, desde sus propias trincheras y profesiones, construye una comunidad que ha logrado impactar a más de 171.000 personas desde 2007. “Trabajamos por y para nosotros”, señala Barriga, director de Red Somos y activista por los derechos de la población LGBTIQ+.
Desde la diversidad, su red se ha convertido en un pilar para las organizaciones de base comunitaria (OBC) en Colombia. Red Somos lidera este gremio e impulsa el trabajo de otras 174 OBC en el país, que llevan a cabo acciones en pro de la salud sexual, reproductiva y mental con apoyo de la cooperación internacional. Solo a finales del año pasado, el Estado colombiano reconoció formalmente su rol en la salud del país. Ahora, esperan que este reconocimiento les permita tener el apoyo directo de las instituciones estatales en la atención primaria. Mientras tanto, en barrios populares y calles concurridas, el trabajo continúa.
Christian se define hoy como un hombre en proceso permanente de afirmación. Ser padre de nueve hijos le dio una fortaleza que no sabía que tenía. Ser migrante le enseñó a empezar desde cero. Vivir con VIH le obligó a informarse y a disciplinarse con su salud. Y su nieto de dos años, que murió hace unos meses y de quien adoptó el nombre, le dio el impulso de aceptarse. “Fue un ángel para mí La primera persona que me aceptó desde el principio”, dice entre lágrimas, mientras mira un tatuaje con su nombre en el antebrazo izquierdo. En el recuerdo de esa corta vida y la compañía de una red que apuesta por la dignidad y la salud, Christian encontró la forma de transformar dos grandes luchas en una única convicción: existir sin miedo.

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